Dice que está a punto de jubilarse. Pero conserva la vehemencia que la ha distinguido en su larga trayectoria política. Feminista, militante comunista expulsada del PCE, fundadora de Izquierda Unida y de Nueva Izquierda, Cristina Almeida (Badajoz, 1944) ha sido concejala, diputada, senadora y parlamentaria regional de Madrid. Ya no tiene cargos ni partido y combina su profesión de abogada con sus apariciones en televisión.
-¿Hay una edad para jubilarse de la política?
-No. Te puedes jubilar de los cargos, pero la política es un compromiso y de eso no te jubilas nunca.
-¿Es la más flamenca de las políticas españolas, con permiso de Celia Villalobos?
-No, mi carácter es, si quieres, descarado; pero sobre todo sincero. Con Celia he tenido mucha relación, pero ella es una mujer de derechas y yo de izquierdas.
-Y al final de su carrera se ha atraído las iras de la derecha.
-Bueno, son los de siempre. Sólo he tenido un incidente, hace poco...
-... cuando dijo que quemaría los libros de determinado autor...
-Nunca quemaría libros. Pero algunos falsos historiadores han alterado la historia de este país y dije sólo que cuando ves sus obras todas juntas en la mesa de la librería te entran ganas de quemarlas. Pero yo he luchado para que esa gente y cualquiera pueda escribir lo que quiera.
-Y le han sacado a relucir a la familia.
-Sí, fíjate. Como mi padre era muy de derechas, para atacarme han rememorado las barbaridades que hicieron en mi tierra los vencedores, que son su gente. Para atacarme han contado lo que nunca contaban en sus libros de 'historia'.
-¿La 'memoria histórica' cierra heridas o las abre?
-Para cerrar heridas hay que abrir tumbas. Ya está bien de hacer mártires de un bando, como hace el Vaticano, y dejar en el olvido a los del otro.
-Si no es de izquierda por tradición familiar, ¿qué le llevó a esa orilla?
-Yo le dije muchas veces a mi padre: 'tú me educaste para ser buena persona y yo donde encontré la bondad y la solidaridad fue en la izquierda'. Y él me decía: 'Vaya, si ahora va a ser culpa mía', ja, ja.
-¿Qué futuro tiene IU?
-Cuando empezaron a expulsar a gente ya supe que no iba a llegar a ningún lado. Y lo siento.
-¿Por qué no acabó usted en el PSOE?
-Me lo ofrecieron, pero ya tenía más de sesenta años y no estaba yo con ánimo de adaptarme a una nueva organización.
-¿Se ha degradado la política por su profesionalización?
-¡Claro! El político que no tenga otra profesión siempre será un vendido. Yo soy abogada.
-¿Se imagina una huelga de jueces?
-Se comprende a la vista de la nefasta presidencia de Hernando en el Supremo y el CGPJ. No es una cuestión de falta de medios, que la hay, es un choque político.
-¿A quién no defendería?
-A un violador, a un maltratador, a un narcotraficante...
-Pero esos también necesitarán abogado...
-Para esos hay todos los que quieras. Yo elijo cliente.
-Si a usted la espiaran, como ha pasado en Madrid, ¿qué descubrirían?
-Huy, que me encanta estar en casa, y sacar a mi madre a pasear; que me encanta ir al cine, al teatro... moverme mucho. El espía iba a volverse loco, pero lo que no descubriría son cuentas corrientes secretas, ni adjudicaciones de obras...
-Como feminista, ¿qué le parecería Esperanza Aguirre en La Moncloa?
-Me aterra su ideología, pero eso también me pasaba con Aznar y entre uno y otro, la prefiero a ella.
-Decía Simone de Beauvoir que la verdadera igualdad llegaría cuando una imbécil ocupara el cargo que ocupaba un imbécil. Pero ahora se le exige a ella ser muy lista.
-Mi madre me decía 'sé lista, pero que ellos no lo noten, porque no les gusta'.
-¿Y usted qué armas ha esgrimido?
-Tengo las mismas que otras, lo que pasa es que parece que si eres gorda ya no las tienes. Pero yo he tenido muy buenas relaciones, he tenido matrimonios, divorcios, parejas de hecho y de desecho...
-¿Y ahora?
-Estoy sola y encantada de la vida. La soledad es una conquista cuando es voluntaria.
-¿Siente que se ha perdido algo?
-Algo me habré perdido, pero desde que llegué a la universidad no me he aburrido un solo día de mi vida.