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El frenazo de la actividad desde noviembre ha puesto contra las cuerdas a numerosas empresas del sector, que sufre el mayor deterioro en Álava

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La industria vasca sucumbe a la crisis
Cadena de montaje de la planta de Mercedes en Vitoria./ NURIA GONZÁLEZ
Lo que hasta hace unas semanas eran negros nubarrones en el horizonte ya se palpa como una alarmante realidad. La crisis no sólo ha aterrizado en Euskadi para quedarse, sino que ha comenzado a afectar de forma grave a la 'joya de la corona': el sector industrial, sobre el que se habían centrado todas las esperanzas de que actuase como un escudo protector.
Los datos no dejan lugar a dudas. Más de 28.000 personas han engrosado desde agosto las listas del paro, que ya suman 110.093. Un 34% más en sólo cinco meses. La producción industrial se desplomó un 21,5% anual en diciembre. Las carteras de pedidos de las empresas vinculadas al automóvil y a la máquina-herramienta se han hundido. La recaudación de impuestos se ha derrumbado desde el otoño y cayó un 5% el pasado ejercicio. El impacto es grave, el golpe ha sido seco y nadie se atreve a vaticinar ni el alcance de la 'lesión' ni el tiempo que tardará en recuperarse la economía vasca. «Lo peor está por llegar», admiten el Gobierno vasco, las patronales y expertos de diverso signo.
Euskadi empieza a sufrir de lleno los efectos inducidos del 'tsunami' que se desató con la crisis financiera norteamericana y que en España tuvo como primer detonante el pinchazo de la 'burbuja' inmobiliaria. Conclusión: decenas y decenas de empresas se sienten contra las cuerdas. Que el sector de la promoción residencial tuviese un menor peso que en el resto de España había permitido al País Vasco estar, hasta el pasado octubre, al abrigo de los coletazos más duros del frenazo de la economía. Sin embargo, muchos de los electrodomésticos que equipaban las viviendas levantadas en pleno 'boom' del ladrillo se fabricaban en Mondragón; las bisagras de las puertas, en Amorebieta; el contrachapado de las puertas, en Llodio; o las escaleras prefabricadas, en Ortuella. Era tan sólo cuestión de tiempo que el batacazo de la construcción dejase su reguero en la comunidad autónoma. Pero su impacto no se ha detenido ahí.
La máquina se para
La máquina-herramienta, uno de los orgullos de la industria vasca por la capacidad que ha demostrado en la última década para mantenerse en vanguardia de la innovación y en la conquista de mercados exteriores, respira ya con dificultad y muchos temores. Aún vive a plena actividad, gracias a que su cartera de pedidos se compone de contratos que exigen un periodo muy dilatado de tiempo hasta ser atendidos. La fabricación de una máquina compleja puede consumir entre seis meses y año y medio desde que se encarga hasta que está terminada y se entrega. «A partir de abril o mayo comenzará a sufrirse un parón porque algunos contratos han sido cancelados y los nuevos han dejado de llover», explican fuentes de este sector. Los mismos medios apuntan que esta industria
-Euskadi supone el 70% del total nacional- había previsto contratar durante 2008 una media de 80 millones de euros mensuales. El último trimestre fue «catastrófico». Los pedidos de octubre no superaron los 50 millones; en noviembre la cifra se rebajó hasta 30, y en diciembre apenas llegó a 10. En enero la demanda se ha recuperado algo, «pero sigue en niveles extraordinariamente bajos».
Los puertos siempre han sido un magnífico termómetro del pulso económico de sus áreas de influencia. El movimiento de mercancías está íntimamente ligado al dinamismo comercial. Hasta el pasado noviembre, la actividad del puerto de Bilbao mantuvo un ritmo similar al registrado en 2007. A partir de ese momento la caída ha sido espectacular. El tráfico total en ese mes bajó un 18% en comparación con un año antes, pero un análisis más detallado -la volatilidad en el movimiento de hidrocarburos en estas instalaciones puede inducir a errores- permite apreciar que la industria es la principal causante de ese descenso: los graneles sólidos -minerales y chatarras, especialmente- cedieron un 56,7% y la mercancía general, un 32%
Sectores con freno
El desplome en la matriculación de vehículos en toda Europa ha puesto en graves dificultades a los fabricantes de automóviles. Todos han anunciado fuertes recortes en la producción y expedientes de regulación de empleo, que en el caso del País Vasco se visualizan en la planta de producción de furgonetas y monovolúmenes de Mercedes Benz, en Vitoria. La psicosis generalizada en torno a la evolución futura de la economía ha retraído el ánimo de los consumidores. Éste es uno de los sectores más afectados.
Como ha sucedido con la construcción, el País Vasco ha comenzado ya a sufrir las consecuencias de ese parón y toda la industria auxiliar de la automoción vive un momento de clara desorientación. «Desde octubre hemos tenido recortes en la cartera de pedidos de un 45% -apunta el presidente de una importante compañía vasca de este sector-, y no somos de los más perjudicados. Conozco empresas que están sufriendo descensos de hasta el 80%».
Y lo peor en el segmento del automóvil -enfatizan algunos economistas- puede no haber llegado. Nadie, ni siquiera los grandes constructores, son capaces en estos momentos de vislumbrar una recuperación en las ventas, lo que se traduce para las empresas vascas en «una total ausencia de planificación de futuro». «Sabemos que no fabricamos y no tenemos ni idea de lo que haremos dentro de tres meses», sostienen quienes sufren esta situación.
Los últimos datos oficiales sobre la actividad industrial ya reflejan la gravedad de la crisis. La producción se hundió un 21,5% en diciembre respecto al mismo mes de 2007, según el Instituto Vasco de Estadística (Eustat). Se trata de un comportamiento tan pésimo que no tiene precedentes en las dos últimas décadas. Y no es un traspiés coyuntural. La tendencia del último semestre ha mantenido una sostenida y pertinaz línea decreciente.
El brusco frenazo de la economía tiene un impacto desigual por territorios. En las crisis industriales de principios de los 80 y 90 fue Vizcaya quién más sufrió. Ahora, Álava se lleva la peor parte. El peso en su tejido productivo de dos grandes empresas vinculadas al automóvil y con problemas -Mercedes y Michelin- es una de las explicaciones de ese fenómeno, aunque los expertos no descartan otros factores que pueden resultar más inquietantes. «La industria alavesa -señala un empresario de este territorio- tiene un componente tecnológico y de valor añadido inferior a la de Vizcaya y Guipúzcoa; quizá por ello sea también la que más va a sufrir los problemas de competitividad».
Previsiones desfasadas
El dato de actividad industrial así lo refleja. En diciembre cayó en Álava un 10,3% respecto al mes anterior. En Vizcaya (5,1%) y Guipúzcoa (4,8%), menos de la mitad.
Es también Álava el territorio que padece con mayor crudeza la principal lacra de la crisis: el paro. El número de inscritos en sus oficinas del Inem creció un 45% en los últimos cinco meses, frente al 33% de Guipúzcoa y el 32% de Vizcaya.
Desde agosto, el desempleo ha aumentado un 34% en la comunidad autónoma, frente al 31% del conjunto de España. Aunque los servicios concentran la mayoría de los demandantes de un trabajo -69.307 a finales del pasado mes-, la industria ha registrado el mayor alza en ese periodo: un 50%, al sumar ya 21.083 desocupados.
Esas cifras han permitido a algunos analistas defender la tesis de que la crisis ha llegado al País Vasco más tarde, pero adopta ahora un ritmo más acelerado que en el resto de España.
En la otra orilla, el Gobierno vasco ha preferido destacar el dato global de los últimos doce meses -en ese periodo el paro tuvo un comportamiento mejor que el de la media española- para defender la tesis de que la economía de Euskadi va a superar esta crisis en mejores condiciones, gracias a la fortaleza de su industria y a la escasa influencia de la construcción residencial.
Lo que ya parece obligado es una nueva revisión de las últimas previsiones económicas, que tanto el Ejecutivo autónomo como algunas entidades privadas han realizado en las últimas semanas. La vicelehendakari, Idoia Zenarruzabeitia, pronosticó el 14 de enero que el Producto Interior Bruto (PIB) vasco mejorará un 0,5% este año, un punto por debajo de la estimación anterior; y auguró un recorte del 1,1% en la actividad industrial. «La crisis ya está aquí, ha llegado a la industria y lo ha hecho para quedarse al menos un año», admitió.
La velocidad que ha alcanzado el deterioro de la economía internacional, con una espiral imparable de desconfianza y problemas en el sector financiero, ha desbaratado de un plumazo todos los cálculos. Es un tópico que se mantiene desde mediados de 2007, cuando se lanzaron las primeras voces de alarma en torno a las hipotecas 'subprime' norteamericanas.
Así las cosas, responsables de Caja Laboral ya han anunciado una revisión de las previsiones que elaboraron en diciembre y que, al igual que las enunciadas por el Gobierno vasco, descartaban toda posibilidad de que Euskadi entrase en recesión en 2009. El servicio de estudios de la entidad cree que no hay certezas, pero que esa temida situación -la del retroceso de la economía durante dos trimestres consecutivos- ya es una hipótesis que quizá haya que tener en cuenta.
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