Gobierno y banca han protagonizado esta semana un enfrentamiento dialéctico que no tiene solución. Es la pescadilla que se muerde la cola cuando lo que buscaba, en realidad, era desenroscarse. El Gobierno acusa a la banca, de forma más o menos diplomática o contundente, según el portavoz elegido, de ser excesivamente cicateros con el dinero, de no arriesgar y, en consecuencia, de no «arrimar el hombro» en un momento de crisis en el que su actitud puede resultar clave. La banca, por su parte, da a entender que el Ejecutivo ha caído presa de los mensajes populistas y que su actitud ante el crédito es prudente porque así lo exige el guión en tiempos de zozobra.
José Luis Rodríguez Zapatero convocó el pasado lunes la tercera reunión con los principales banqueros de España, como continuación a los encuentros que ya había mantenido a principios de octubre y mediados de noviembre. Si en las dos primeras el objetivo fue abordar un análisis de la situación global, así como las medidas de intervención para devolver la liquidez al sistema financiero, la de esta semana se planteaba ya como un 'tirón de orejas' a los guardianes del tesoro monetario. ¿Por qué no conceden ustedes créditos si les hemos dado ayudas para ello? Esta era, simplificando, la pregunta que Zapatero llevaba a la reunión. O, al menos, la que había asegurado que estaba dispuesto a llevar.
Del sillón a la silla
El teórico de la comunicación Marshall McLuhan decía que «el medio es el mensaje». Quizá por ello, José Luis Rodríguez Zapatero redecoró el salón de La Moncloa en el que se produciría la reunión, y unas modestas mesas de reunión con tapa de cristal y sillas con aspecto vetusto ocuparon el lugar donde antes reinaban unas amplísimas y lujosas butacas 'king size'. No es tiempo de comodidades, sino de trabajar, parecía transmitir la nueva imagen del cónclave.
El Ejecutivo ha sido interpelado desde numerosos interlocutores sociales sobre la pasividad de la banca, a pesar de que Gobierno ha comprometido importantes recursos para inyectar dinero al sistema: 50.000 millones en compra directa de activos y 200.000 millones en avales para afianzar emisiones de deuda de las entidades financieras. El gabinete se mueve por un pasadizo muy estrecho. Ha optado por no contarle a la población toda la verdad sobre este asunto -que las ayudas apenas sirven para evitar la suspensión de pagos de los bancos y no para animar la circulación de créditos-, pero está obligado a mantener mensajes esperanzadores en los que remarque que es la Administración quien lleva la iniciativa.
Unos días antes de la reunión, el presidente de la patronal bancaria, Miguel Martín, ya había telegrafiado que no se deben exigir cosas antinaturales y que la economía española está 'sobreendeudada'. Darle rienda suelta al crédito, vino a decir Martín, es como echarle gasolina a un incendio.
Todo iba dentro de un guión aceptable hasta que el ministro de Industria -a quien se le adjudica desde hace años un alto grado de influencia sobre el pensamiento del presidente-, dio su particular interpretación sobre el resultado de ese encuentro. «Al Gobierno se le está acabando la paciencia con la banca», dijo Miguel Sebastián tras la reunión.
Apagar el incendio
Ha sido Emilio Botín el encargado de defender al sector ante ese desafío y lo ha hecho con la fuerza que da presidir una entidad que, al igual que el BBVA, no ha recurrido aún a las ayudas públicas. «Es irresponsable dar crédito a quienes no pueden devolverlo», dijo el presidente del Banco Santander para defenderse de los que exigen mayor manga ancha a los bancos y las cajas. Y ello ha venido acompañado de una lluvia de datos para intentar desmontar la idea de que la banca ha cerrado sus ventanillas. «El Santander ha concedido el 75% de los créditos que le han solicitado en 2008», remarcó.
Ya está claro que el Gobierno y el Partido Socialista han decidido sacar el extintor y apagar el conato de incendio. La vicepresidenta De la Vega, el vicepresidente y responsable de los asuntos económicos, Pedro Solbes, y el número dos de los socialistas, José Blanco, han lanzado mensajes conciliadores hacia la banca, al tiempo que han dejado un tanto desairado a Sebastián. El Ejecutivo y el PSOE, han coincidido todos ellos en señalar, «tienen mucha paciencia».