El ciclismo no respeta las reglas de circulación. Al paso de una carrera se apagan los semáforos y la policía retiene a los peatones al borde del paso de cebra. Correr significa no frenar. Incluso, si es necesario, el pelotón atraviesa una ciudad en sentido contrario. Así circulará este deporte en 2009. La Fórmula 1 ha visto huir a Honda; Subaru, Mitsubishi y Suzuki han dejado el Mundial de Rallies; Kawasaki se ha bajado del circo de MotoGP; los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se quedan sin patrocinadores; hasta un valor tan seguro como Tiger Woods ha perdido el respaldo de General Motors... Y mientras el mundo del deporte paga las tasas consecutivas de la crisis, el ciclismo, una actividad ahogada por el descrédito y los escándalos durante la década de bonanza económica, recibe el impulso más inesperado: el regreso de Lance Armstrong. Ya tiene un campeón providencial para recuperar la mirada de los focos. 2009 es ya, pase lo que pase en el Tour, el año del americano. Con el mundo en bancarrota, el ciclismo disfrutará de su viejo mesías. Los panes y los peces.
El peso de Armstrong es tal que ha variado la cronología del año. Hasta su vuelta, la temporada comenzaba en febrero, en Francia (Estrella de Besseges) y en la Challenge de Mallorca, que hoy abre el telón en España. Eso cambió cuando el líder mediático del Astana puso fecha y lugar a su retorno: el Tour Down Under, una exótica carrera disputada en enero, el verano austral. Armstrong ha cambiado el estibaje de la campaña. Las cámaras van a su rueda. Sucedió en diciembre, en la primera concentración del Astana y también ha pasado en el Tour Down Under.
Los que allí han estado así lo cuentan. Armstrong aparecía en las televisiones de Adelaida tras cada etapa: entrevistas, reportajes. su lucha contra el cáncer... Con tiempo de sobra para correr y apurar el márketing. Doble vida. Rentable: la organización le pagó un millón de dólares. Nadie tiene su valor, pese a venir de tres años y medio de jubilación. El Tour Down Under le midió: estuvo con los mejores, incluso se atrevió con alguna arrancada. Todos le auscultaron. Lupa. El pelotón habla de sus músculos. Tremendo volumen en el torso. Abdominales a buril. Brazos y piernas broncíneos. Uno de los directores presentes en Australia le vio rodar sin su 'molinillo', sin su increíble velocidad de pedaleo. En el Down Under iba a base de fuerza. Poderoso. Así es su plan: ahora toca el trabajo de potencia; la agilidad vendrá luego. En el Giro y el Tour.
Sobre su rendimiento en las grandes vueltas orbitan todas las incertidumbres de la temporada. Sabe crear expectación. Su biografía es cinematográfica. Ya tuvo un final feliz, el de julio de 2005, cuando empaquetó en París su séptimo Tour. «Aquí no hay milagro -dijo aquel 25 de julio-. Sólo hay esfuerzo y sacrificio. Viva el Tour por siempre». El diario 'L'Equipe', periódico oficial de la ronda gala, tituló así la portada del día siguiente: 'Él (Armstrong) quedará aparte'. Es una frase acerada, ambigua. 'Aparte', porque con sus siete victorias dejó atrás a Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin. 'Aparte', porque fue el campeón de los años malditos del dopaje.
«He ganado en la carretera, pero nunca gané en el corazón de los franceses. Sé que eso será más difícil», dice ahora el americano. Aunque algo sí ha conseguido. 'L'Equipe', el periódico que desveló la existencia de restos de EPO en una muestra de orina de Armstrong tomada en 1999, ha tachado la palabra 'dopaje' de su libro de estilo. El escándalo no es rentable. La dirección del diario ha pedido a sus periodistas que no generen más informaciones sobre el fraude farmacológico. Atentan contra los intereses de su patrimonio. El Tour y 'L'Equipe' son propiedad de las mismas manos, el grupo Amaury. Y en plena crisis publicitaria, Armstrong es el mejor reclamo. El Tour que le despidió casi en silencio, alfombrará su retorno. El ciclismo es un negocio.
Ahí, en las finanzas y el márketing, Armstrong también es imbatible. Más de 140.000 personas se acercaron a la etapa final del Tour Dow Under. A tocar con un vistazo fugaz al mesías. Durante una de las cenas organizadas por la propia carrera, Armstrong amenizó a los centenares de asistentes con una entrevista de casi una hora. Todos pendientes de él. Todos colaborando en su campaña contra el cáncer. «Fíjense en cómo empleo el tiempo y verán que no sólo soy un ciclista profesional», comentó en 'L'Equipe'. Asegura que ganar el octavo no es su misión; aunque sí puede ser un beneficio colateral de su campaña contra la enfermedad que casi le mató en 1997. El más rápido del Tour Down Under fue Allan Davis, pero el triunfador fue Armstrong, un ciclista que a su casa en Texas la llamó 'Milagro'. Panes y peces.
Una esperanza
Algo de eso hay en su retorno. Cuentan los testigos del Tour Down Under que la presencia del estadounidense llenó las cunetas de aficionados en sillas de ruedas. Gente ávida de esperanza. Querían verle: al enfermo casi terminal que luego dominó como nadie al monstruo de la Grande Boucle. «El Tour es una etapa más en mi campaña contra el cáncer», asegura. Armstrong, que ha cumplido 37 años, va más allá del Tourmalet o el Mont Ventoux.
La temporada 2009 llegó hace sólo unos días a Europa, y desde hoy está en Mallorca. Pero aquí no está él. Anda por California, entrenándose en paralelo a Contador. Con el mismo maillot e igual objetivo: el Tour. El madrileño tiene 13 años menos y una oportunidad que desaprovecharon Ullrich, Beloki, Basso y tantos otros: derrotar al americano. Nadie ha tenido ese honor en el Tour.
A Contador le irritó el regreso de Armstrong. Se sintió borrado. Lleva dos años imbatido en las grandes rondas: el Tour, el Giro y la Vuelta. En su palmarés lucen las tres y sólo tiene 26 años. Armstrong, su inesperado retorno, le molestó. Ahora ya no: «Estoy encantado de que Lance esté en mi equipo y no en otro. Todo esto me hará más fuerte». Armstrong ha obrado el milagro: Contador ya es de los suyos. Como los miles de aficionados del Tour Down Under. Como todo el ciclismo de 2009, revitalizado pese a la crisis mundial. Sólo queda pendiente una cuestión: ¿Qué será de este deporte en 2010 ó 2011, cuando su mesías se vaya definitivamente?