Jugar un partido bajo el estigma de la Eurocup o hacerlo en el marco de la ACB no es lo mismo. El último fin es, evidentemente, ganarlos, pero sus peculiaridades son tales que confieren a los duelos de elementos exclusivos. Además del afán de triunfo, el otro nexo que pudiera acercar al viaje a Vilnius con la visita hoy del Granada es que suponen para el iurbentia momentos estelares de la temporada. De aquí a Semana Santa se habrá vendido casi todo el pescado, aunque a la Liga española le quedarán aún unas cuantas idas a la lonja en busca de producto.
Prima la ACB porque mediante ella se accede a Europa. En esas está el Bilbao Basket, camino de la oficina del pasaporte para renovarlo en plazo y forma sin tener que andar a la carrera en el último minuto por tal o cual certificado pendiente. Los trámites sencillos lo son, en muchas ocasiones, por la previsión.
Por ello, el iurbentia sabe que no puede fallar en casa más de lo que la lógica tacha como imprescindible. Y, desde luego, no ante rivales directos, frente a congéneres que buscan idéntica recompensa. El Ricoh Manresa era uno de ellos y pasó por el cajero automático en La Casilla, aunque del Nou Congost se trajo un justificante que le puede servir como coartada perfecta en caso de empate con los bilbaínos. Ahora llega el Granada, con una victoria menos que los hombres de negro y un exiguo +3 cosechado en la primera vuelta (74-71) en uno de los duelos que no supo rematar el iurbentia. Ganar esta mañana a los nazaríes será como reventarles el radiador sin fuentes cercanas, quedando al pairo del buen samaritano, de algún prójimo que entre en crisis y le rehabilite como candidato a las series por el título, es decir, a apuntarse a la vorágine europea a un año vista, una experiencia que realmente merece la pena.
No es el Granada un equipo infalible cuando viaja. Al contrario. En Illumbe, cuatro jornadas atrás, acabó con 13 meses y dos días de condena al ostracismo. Más de un año sin regresar a su bella ciudad con una sonrisa modelando sus labios. La estadística tendrá su razón de ser, pero la complejidad podría llegar por la irregularidad de los entrenados por Trifón Poch. Vienen de sufragar tres rondas consecutivas, dos en su cancha, pero ante el TAU en la prórroga y con el Real madrid por seis puntos. La loncha del medio fue un traspié ante el colista Cajasol en pista sevillana. Pero, pese al rosario de derrotas viajeras, esta campaña ha rozado el pelo en Madrid o Barcelona, donde perdió por uno y cuatro puntos.
Txus Vidorreta avanzó el sábado que Borchardt no representa la exclusividad del peligro nazarí. Cierto, pero en su haber incluye enormes porciones de protagonismo. Así, el pívot de Buffalo al que las lesiones conminaron a la amistad con Raúl López en la consulta de rehabilitación de Utah Jazz, aporta el 32 por ciento de los rebotes de su equipo, el 30'1 de la valoración conjunta, el 29'8 de las faltas recibidas y el 18'8 de los puntos. Limitar esa producción acercará más la felicidad a la franquicia vizcaína.
Nada personal
Del trabajo diario se extrae que la plantilla vizcaína se está reforzando. Hay jugadores que comienzan a modelar la línea de su tendencia para erguirla de manera descarada. Llegan de dos citas distintas que han confluido en el orgullo herido de la derrota. La revancha de Vilnius la aparcan para el martes en Charleroi. Antes, hoy, toca saldar la deuda pendiente con el Granada. Así, con los cuellos de la gabardina desplegados, la voz grave del Bilbao Basket debe sonar categórica. «No es nada personal».