El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y sus interlocutores en Moscú, el presidente Dmitri Medvédev, y el primer ministro, Vladímir Putin, constataron ayer que Rusia y Europa se necesitan mutuamente y urge normalizar las relaciones. Sin embargo, hay aspectos en los que las posturas se mantienen muy distantes. Por ejemplo, en lo que atañe a los derechos humanos, uno de los asuntos que la parte europea puso sobre la mesa. Putin dio la vuelta a las críticas de Barroso acusando a la UE de conculcar también derechos fundamentales.
«Nosotros tampoco estamos muy satisfechos de la forma con la que se están resolviendo los problemas de la minoría rusoparlante en las repúblicas bálticas. Estamos al corriente de cómo se violan los derechos de los inmigrantes en los países europeos y sabemos en qué situación se encuentran los sistemas penitenciarios de determinados estados de la Unión», replicó el jefe del Gobierno ruso al presidente de la CE durante la rueda de prensa que ofrecieron después de los contactos mantenidos durante la mañana.
Putin admitió que Rusia «padece esos mismos problemas», pero advirtió de que cualquier discusión al respecto «hay que abordarla en su conjunto, agrupando la problemática existente en nuestro país y en Europa a fin de hallar una solución global». «Ahí tiene usted la pelota de respuesta», concluyó el primer ministro ruso. Barroso, que expresó su inquietud por el reciente doble asesinato en Moscú de una periodista y un abogado, se quedó visiblemente sorprendido al ver equiparada la situación de derechos humanos en Rusia y en la UE.
En la reunión, Barroso estuvo acompañado por cuatro vicepresidentes de la CE y cinco comisarios, entre ellos el de Economía, Joaquín Almunia; Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, y Energía, Andris Piebalgs. Se trata del tercer encuentro de semejante rango que celebran Bruselas y Moscú. El anterior tuvo lugar en diciembre de 2005.
Demasiadas tensiones
Ambas partes intentan superar las tensiones surgidas tras el conflicto armado en el enclave georgiano de Osetia del Sur, el pasado agosto, y la guerra del gas de hace tres semanas. «Rusia forma parte de la civilización europea y es nuestro vecino más importante. Somos interdependientes económicamente, por lo que nos interesan unas buenas relaciones», señaló Barroso. Según sus palabras, Rusia es el tercer socio comercial de Europa, después de EE UU y China, y la UE el primer inversor extranjero en el gran país eslavo.
El presidente de la CE y los comisarios fueron antes recibidos en el Kremlin por Medvédev, en donde la cuestión central de las conversaciones fue cómo evitar que se repita una crisis energética. El primer mandatario ruso repitió su propuesta de crear un «mecanismo jurídico internacional» dotado de atribuciones para dirimir contenciosos de tal naturaleza. Sin nombrarla, sugirió que la culpa de todo la tuvo Ucrania, por donde pasa el 80% del gas con destino a Europa.
Y aquí tampoco hubo unanimidad. El Kremlin pretende que Gazprom, el gigantesco monopolio energético, tenga acceso a los activos de las compañías europeas. Para ello, Bruselas exige que Rusia ratifique antes la Carta Energética, acuerdo que obliga a liberalizar el mercado de los hidrocarburos y hacerlo más transparente. Sin embargo, Medvédev considera que «no funciona».
Barroso se quejó además de las barreras arancelarias impuestas a algunos productos europeos como los coches, el acero o la madera.