Son las seis y media de la mañana, noche cerrada, nieva con intensidad. Dos coches de policía observan desde la distancia. Cuando los autobuses que traen de Nottingham a los trabajadores asturianos de Duro Felguera dan la curva de acceso a las obras de la nueva central eléctrica de Staythorpe, caen sobre ellos infantiles bolazos de nieve. Y unos cuantos miembros del grupo que forma un piquete lanza el grito más viejo de las protestas obreras:
¡'Scabs'! ¡'Scabs'!
Los supuestos esquiroles son tuberos, soldadores, caldereros, en su mayoría asturianos, que están preparando el terreno para la construcción posterior de cuatro calderas y cuatro turbinas en una nueva central de ciclo combinado. Dos subsidiarias de Duro Felguera -FMM y Mompresa- ganaron el año pasado los contratos para construirlas en el concurso organizado por la multinacional francesa Alstom, que se adjudicó la obra y el mantenimiento para la alemana RWE, la propietaria de la central.
Duro Felguera, que ejecuta proyectos energéticos e industriales en doce países, también en otros lugares de Reino Unido, confiesa que en ningún lugar, ni en Latinoamérica ni en Francia ni en Alemania, se ha encontrado con un problema como el de Staythorpe.
En los últimos días, las pantallas de televisión han difundido las imágenes de huelguistas británicos con pancartas que citan una frase del primer ministro Gordon Brown: 'Empleos británicos para trabajadores británicos'. Las huelgas fueron una reacción espontánea y en cadena, en diferentes puntos del país, ante lo que estaba ocurriendo en las obras de una refinería en Lindsey, cerca de Grimsby. Allí, una de las empresas contratadas para su construcción, la italiana Irem, trajo a sus propios empleados y los alojó en un barco atracado en el puerto. La huelga espontánea fue finalmente canalizada hacia el instituto británico de arbitraje y conciliación, que la apagó con un acuerdo salomónico. Irem contratará a cien británicos.
Pero el de Staythorpe es el conflicto más viejo de este tipo -desde noviembre el piquete acude diariamente para mantener su protesta- y no ha hecho más que empezar. Porque, por el momento, se está preparando el terreno: en mayo harán falta quizás 500 trabajadores más. Y los británicos que han enviado sus formularios a la oficina de empleo de la vecina Newark, donde se ofrecían más de 200, sólo han recibido una carta que reconoce la recepción del formulario.
Llegan ahora, hacia las siete, dos autobuses con trabajadores polacos y se repite el ritual. Bolazos de nieve y gritos. 'Esquiroles, esquiroles'.
Diferencias
David Smeeton, un tubero de 54 años, explica su historia. En el valle del Trent, donde había una fuerte minería, se están transformando las viejas centrales de carbón por otras de ciclo combinado o nucleares. Los que protestan no pertenecen a la plantilla de ninguna empresa, pero tenían empleo asegurado.
Ahora, justo cuando hay un programa enorme de construcción de nuevas centrales y la crisis trae el vértigo sobre el futuro, estos trabajadores metalúrgicos se encuentran en la calle, porque nadie quiere contratarlos. Hay unos 2.000 en este valle. Y creen que la razón por la que las contratas prefieren a españoles, italianos o polacos es que ellos, los británicos, son más caros.
Según el convenio nacional británico, un oficial de primera debe ganar 17 libras a la hora y, si tiene que desplazarse desde otro lugar, recibe una dieta semanal de 206 para pagarse habitación y sustento. Son 4.400 euros brutos, ahora con la libra depreciada, por una jornada de ocho horas, más las dietas.
Duro Felguera y los sindicatos de la empresa, UGT y CCOO, afirman que los equipos en Staythorpe, con alta cualificación profesional y experiencia, están comparativamente bien pagados. Si un oficial de primera puede ganar en España 1.600 euros al mes, a los desplazados a Inglaterra -son ahora unos setenta- se les compensa con un salario mayor: unos 3.000 euros mensuales netos con jornadas quizás de diez horas, más el coste de la vivienda, en casas alquiladas por Duro Felguera. La comida corre por su cuenta. Y para la empresa el mantenimiento de sus equipos tiene importancia para cumplir plazos y condiciones.
Este conflicto que ahora afecta en una curva de la Inglaterra profunda a metalúrgicos británicos y españoles ha ido larvándose durante más de una década. La directiva europea de trabajadores desplazados en el mercado común se introdujo en 1996 y dicta las condiciones de empleo en los países de destino.
Los tribunales
En 2004, la fuerza de la directiva se puso a prueba en Suecia, cuando los sindicatos boicotearon a una empresa lituana porque se negó a pagar a sus trabajadores las cantidades exigidas en el convenio nacional de la construcción. En 2007, el Tribunal Europeo de Justicia falló en favor de la empresa lituana. La directiva, dijo el tribunal, obliga al pago del salario mínimo del país donde se realiza la obra y en Suecia no hay legislación sobre salario mínimo.
En Staythorpe, la protesta continúa. El jueves, una delegación sindical se manifestó ante la sede inglesa de Alstom. Las instituciones intentan evitar que la cosa vaya a más. La Asociación de Construcción e Ingeniería, que agrupa a las empresas que operan en Reino Unido, ha dictado una guía tras la disputa en Grimsby, en la que recuerda que el convenio nacional exige que a los trabajadores trasladados se les debe pagar, salvo en las cuestiones relacionadas con la estancia, lo mismo que a los británicos.