Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Más Actualidad

06.02.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
L a consejera de Transportes y Obras Públicas, Nuria López de Gereñu, lanzó ayer el peor mensaje posible a una sociedad que ha entendido, a golpe de sabotajes, chantajes y atentados, que la construcción del Tren de Alta Velocidad, además de una infraestructura prioritaria y clave para el futuro de Euskadi, es un campo de batalla frente a ETA. Su reconocimiento de que el terrorismo etarra condiciona ya la obra y que provocará retrasos y sobrecostes en su ejecución está en las antípodas de lo que deberían y desearían escuchar quienes trabajan, y en condiciones muy adversas, en el proyecto. A ETA no se le pueden dar victorias parciales, ni siquiera las que, como las de la consejera, están cargadas de un pragmatismo que, en este caso, resulta inconveniente. El TAV es una infraestructura de gran complejidad, como se comprueba examinando su trazado, trufado de viaductos y túneles, y su coste: 4.200 millones de euros. Esta dificultad hace probables los retrasos y las modificaciones presupuestarias, en la misma medida en que la crisis económica añade incertidumbres. Pero incluir a ETA en las variables es dar un rango inmerecido a una banda terrorista que lo único que pretende, como hizo con la central nuclear de Lemoiz o la autopista de Leizarán, es encontrar un banderín de enganche para sus ya escasas huestes y un amplificador de sus mermadas capacidades criminales. Ante este desafío, al Gobierno vasco le corresponde redoblar sus esfuerzos contra la banda, garantizar la seguridad de quienes participan en la obra y liderar, con un discurso firme y contundente, a una sociedad que ha mostrado con claridad su apoyo a la iniciativa. El coste de estas medidas será asumido con agrado por una ciudadanía que no admitiría una debilidad más.
El asesinato de Inaxio Uria, que ETA definió vilmente como una 'ejecución', fue la constatación sangrienta de hasta dónde estaba dispuesta a llegar la banda terrorista en su deriva desesperada. Las concentraciones que, cada mes, rinden recuerdo al empresario en Azpeitia son la esencia de ese espíritu de resistencia y memoria que debe imperar. No cabe ninguna duda del empeño del Gobierno vasco en sacar adelante el trazado ferroviario frente al acoso etarra, y así lo hizo constar ayer con rotundidad la consejera. Pero los empresarios y trabajadores que se afanan diariamente en su construcción necesitan de sus autoridades posiciones enérgicas y convencimiento. Ninguna flaqueza, ni siquiera en el voluble terreno de la imagen. Y mucho menos derrotismo.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS