Un presidente que pide perdón cuando mete la pata. Que va personalmente al Congreso para escuchar a la oposición incluso cuando no necesita sus votos. Y que escribe en los periódicos para defender su plan de estímulo económico. No hay duda de que algo ha cambiado en Washington pero «La acción que los estadounidenses necesitan» va más allá.
Así se titulaba el artículo de opinión que el nuevo presidente de EE UU publicaba ayer en el diario 'The Washington Post', con una sombría advertencia: «Si no se hace nada, la recesión puede persistir durante años. Nuestra nación se hundirá aún más en una crisis de la que, en un momento dado, ya no se podrá revertir. Por eso siento tanta urgencia hacia el plan de recuperación económica que está en el Congreso».
Un plan que pretende inyectar dinero público en todos los apartados sociales, motivo por el que los republicanos lo tachan de despilfarro en tiempos de crisis. Al pueblo tampoco le hace gracia pensar que el Gobierno va a gastar otro paquete multimillonario a costa de sus impuestos. Prueba de ello es que la popularidad de Obama ha bajado del 83% que tenía el pasado 15 de enero al 66% en la última encuesta de Gallup.
Pero no es eso lo que le quita el sueño, sino que su plan de estímulo económico pase la votación del Senado y llegue hasta su mesa. «Al final sé que se me juzgará por lo que se haya recuperado la economía», confesó Obama el martes a la CNN en una de sus entrevistas. Ayer los demócratas creían que su sueño podía hacerse realidad hoy mismo. El partido en el poder sólo tiene 58 escaños en la Cámara alta, incluyendo a dos independientes, y necesita 60. Pero no todos los demócratas están en línea. En la Cámara baja 11 votaron en contra, y ni un solo republicano se apuntó al carro del presidente, pese a todos sus esfuerzos por convencerlos.
Ceder más
Así que esta vez hará falta ceder más. Obama ha encontrado una aliada en la senadora conservadora por Maine Susan Collins, a la que invitó el miércoles a la Casa Blanca y discutió con ella hasta convencerla de que la factura debe estar en torno a los 800.000 millones de dólares (624.000 millones de euros), cuando originalmente ella había puesto el tope en 507.000.
Su capacidad de persuasión funcionó con esta republicana moderada, que ahora lidera las negociaciones con otra media docena de correligionarios afines. Collins se ha acercado a los demócratas fiscalmente conservadores, liderados por el senador por Nebraska Ben Nelson, que también quieren reducir el tamaño del paquete.
«No tengo dudas de que el presidente está dispuesto a negociar de buena fe, y que quiere una ley bipartidista», declaró ayer la nueva aliada de Obama en el Congreso. El problema es que mientras los centristas acercaban posiciones para meter la cuchilla a la ley y eliminar todo aquello que a su juicio no creará empleo de forma inmediata, en el hemiciclo sus compañeros seguían añadiendo partidas.
Descuentos fiscales
Con nuevos descuentos fiscales de hasta el 10% sobre el precio de compra para quienes estén dispuestos a adquirir viviendas, e incentivos para comprar automóviles, el paquete alcanzaba ayer ya en el Senado 717.600 millones de euros. Obama está dispuesto a incorporar ese tipo de ayudas fiscales que alivien la crisis inmobiliaria y beneficien directamente a los ciudadanos de a pie, pero se niega a repetir los recortes de impuestos de su antecesor, George W. Bush, para corporaciones y clases más adineradas.
Esas «críticas desorientadas» a su plan le recuerdan demasiado a «las teorías fallidas que han ayudado a meternos en esta crisis», escribía en su editorial. O sea, «la noción (republicana) de que sólo los recortes de impuestos resolverán nuestros problemas», recordó. «Rechazo esas teorías, y así lo hizo también el pueblo estadounidense cuando en noviembre votó por el cambio».
Toca meter el bisturí con delicadeza. Collins ha apartado 608,4 millones para combatir las epidemias de gripe que bajarán sustancialmente el paquete, pero necesitará más. «Tenemos que tomar una decisión», conminó el presidente. «Una vez más podemos dejar que las malas costumbres de Washington se interpongan en el camino del progreso o podemos trabajar juntos y decir que en EE UU nuestro destino no está escrito para nosotros sino por nosotros».