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La actriz y directora Cristina Rota conversó junto a sus hijos Juan Diego y María sobre sus experiencias y convicciones en el festival literario bilbaíno Gutun Zuria
06.02.09 -

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«Los Botto somos una comunidad»
Juan Diego y María Botto junto a su madre antes de comenzar el coloquio. / M. ATRIO
«Tuve momentos de desesperación, en los que me preguntaba: ¿para qué puedo ser útil? Me tuve que sentar e hice un recuento de mis experiencias, mis estudios... Incluso hubo un día en el que quise cortar mi antiguo carné de identidad, sin tener aún el nuevo. Pero pensé: ¡Me corto toda! Lo que me mantuvo viva fue luchar por las cosas que creía verdaderas». Así rememora la actriz y directora Cristina Rota aquellos años en los que la dictadura Argentina le obligó a abandonar su país y trasladarse a España para empezar de cero. Esos momentos de rabia y de desarraigo los trasladó el miércoles por la noche al público del festival literario bilbaíno Gutun Zuria, arropada por sus hijos María y Juan Diego Botto.
La nostalgia y el sentido del humor se alternaron continuamente en la charla de esta saga de actores, conducida por el psicoanalista y filósofo, Jorge Alemán. La encargada de romper el hielo fue la 'maestra' -como llama Juan Diego Botto a su madre-, que explicó sin tapujos cómo se recompuso a la pérdida de su pareja, el actor Diego Fernando Botto, 'desaparecido' por los verdugos del régimen argentino. «No se puede bastardear a los muertos ni llorarles de forma sensiblera. Hay que dejarles descansar en paz. No utilizarles. Lo que se debe hacer es defender los valores, las ideologías y luchar por la libertad para construir vida».
Una filosofía que forma parte de un pacto que hizo junto a su marido y que da título al libro que acaba de publicar 'Diré que te recuerdo'. En él revisa aquella época, al tiempo que cuenta su vida dedicada al teatro.
Sobre ese aspecto de su vida, su hijo quiso hacer una mención. «No conozco a otra persona que tenga ese tesón y esa fuerza de trabajo que ha trasladado a su escuela. Comenzó en el salón de nuestra casa con diez alumnos y ha pasado a 300 por esa herencia de forma de trabajar. Ha sabido traspasar una experiencia vital a la pedagogía. Forma a pensadores que sean capaces de ver el mundo», sostuvo con orgullo el artista.
Las palabras de su hermano sirvieron a María para reconocer que en los primeros años los actores «aprenden a despojarse de egos» y, a la vez, aprovechó la reflexión para confesar que le resulta «gratificante» el libro de su madre porque «30 años después reescribe la historia de los vencidos». Ese carácter militante es el que impregna en el Centro de Nuevos Creadores de Rota y lo que «debe abundar en el trabajo de un actor», a juicio de Botto hijo.
Espíritu luchador
Un espíritu luchador que el actor de 'Historias del Kronen' reconoció ver a diario en su 'maestra'. «Asistimos en familia a la escritura de este libro porque coincidió con la reforma de su casa, por lo que pasó por la de todos sus hijos. Y siempre estaba rodeada de folios y anotaciones. Ha depositado mucho amor para sacarnos adelante cuando no tenía un duro y trabajaba como carnicera, vendiendo pegatinas en el rastrillo, como actriz... Ese esfuerzo lo trasmite a todo lo que hace».
Lograr esa exigencia en la formación resulta más complicado cuando tus alumnos son además tus hijos. En este sentido, Rota confesó que nunca emplea la palabra familia, sino comunidad. «Cada uno se reparte un rol y si se cumple va todo fantástico. Yo les decía cuando eran pequeños: hay que limpiar, ordenar, poner la mesa... Y Juan Diego se lo tomó tan en serio que siempre hacía el desayuno a todos», bromeó. Más en serio, la dramaturga habló de acuerdos. «Si me pongo victimista como madre rompo el pacto porque les hubiera transmitido culpa».
Por su parte, María le reconoció a su madre, sentada a su lado, que desconocía cómo lo había hecho, pero que para ella sus dos hermanos son sus «pilares». «Haría cualquier cosa por ellos», declaró.
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