Hay que contar hasta más allá de diez para evitar que de la boca surjan sapos, culebras y truenos, como los que servían de traducción de las palabrotas en los bocadillos de texto de los tebeos. Y es que hay días en los que cuesta contenerse. Que un equipo, altibajos incluidos en el lote, se dé la pechada que se dio el iurbentia en Vilnius y se quede sin el premio que la estadística dice que mereció (69-82 en la medición de méritos numéricos), es como para dejar escapar alguna lagrimilla.
Y todo porque el Lietuvos tuvo de cara a alguno de los muchos santos que dan nombre a la espectacular lista de monumentos religiosos de esta Jerusalén del norte, como en su día fue conocida. Se pueden escribir tomos sesudos sobre lo divino y lo humano. En ellos hallan cobijo múltiples teorías, explicaciones y conjeturas, cierto. Pero los hombres de negro doblaron por primera vez la rodilla en Europa porque la bola no entró.
Ése es el resultado de la destilación de cuarenta minutos que ante todo dan pie a enardecer el orgullo que supone para la franquicia vizcaína pisar, y con garbo, el parqué del Siemens Arena. Por el alambique se evaporaron impurezas y quedaron como cata tres momentos puntuales al final del camino. Así de injusto, caprichoso o incontrolable es el deporte. Un triple a tabla, o sea de aquella manera, transformado por Lukauskis con tiro adicional por haberle rozado Recker. La bola entró en ambos casos, sumó cuatro puntos y elevó a tres la diferencia lituana (71-68) camino de los dos últimos minutos de juego.
Todo lo que había pasado antes ya no tenía sentido, razón de ser o mayor importancia que la que luego se extraiga de los análisis y flagelaciones tácticas. La meta estaba a la vista y los codazos por alcanzarla combatían la falta de resuello de unos y otros. Pérdidas, recuperaciones... los corazones saliéndose del pecho. Y el iurbentia a sopapo limpio, ya sin guantes ni guardias petulantes. Buscando a su oponente a la carrera y encontrándolo. Balón picado para Banic. Llevaba el croata 8 de 9 en similares condiciones. Amago, reverso y bandeja. Podía ser la canasta del triunfo. El balón dio una vuelta al aro, inició la segunda y se salió de la trazada.
Cualquier otro equipo se hubiera quedado helado, como quien merodeaba por las afueras del impresionante campo a 15 grados bajo cero. Pero no el Bilbao Basket. Encajó otro golpe y tuvo agallas para tener la opción de empatar o ganar el partido. Quizá hubiera bastado con un doble acierto de Salgado en los tiros libres. El de Santutxu llevaba camino tras el descanso de vestirse de héroe. Pero uno de los lanzamientos se le quedó en el hierro y su última carrera de cinco segundos hacia la prórroga o el triunfo acabó con otro lanzamiento forzado repelido por el aro.
Diferencia de criterio
Todo lo anterior tuvo importancia, cómo no, pero quedó aguachado por la pureza del licor resultante. Desde el exceso de tráfico del primer cuarto en los cambios, a las ataduras de Dainys a Blums y Salgado, en el que la permisividad arbitral hizo que el Lietuvos se personara en los cinco segundos finales con sólo una falta señalada, mientras los vizcaínos ya estaban en bonus desde el minuto 16 y con graves problemas añadidos de organización.
El compendio negativo nubló la concentración de los de Vidorreta. Pérdidas sin ton ni son, recuperaciones desperdiciadas, desconexiones mentales que permitían rebotes cómodos o lanzamientos sin oposición. De un 25-31 que eclipsaba los aullidos de la incansable parroquia local a un 39-31 que convertía a los no creyentes en la causa lituana.
Gran esfuerzo
Hasta de ese 14-0 se rehízo sin aparente mayor problema el iurbentia. La penalización fue física. Tuvo que picar piedra y un esfuerzo tal no suele ser bueno para pensar con claridad. Pero tampoco el Lietuvos estaba ya para mucho más que confiar su destino al acierto triplista.
Había probado la medicina defensiva de los hombres de negro y le supo a aceite de ricino. No quiso más cucharadas. Mucho bueno y poco malo. Pero, como en la la fruta, con que una de las piezas esté 'tocada' corren peligro sus congéneres en el resto de la caja.
Y la mella no estuvo en nombres propios, sino en golpes aquí y allá que afearon lo que pudo ser una cesta de exposición. Pero nada ha cambiado y todo apunta a que esta derrota, bien gestionada, le puede procurar un notable beneficio al iurbentia. No tanto como la victoria, evidentemente. Ya se verán los 'averages' cuando acabe este 'Last 16' que sigue despertando la voracidad de los vizcaínos.