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Vizcaya

VIZCAYA

03.02.09 -

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C ada tarde de sábado, miles de adolescentes vizcaínos toman al asalto los bares de la calle Juan de Garay de Barakaldo. Son chicos y chicas del Gran Bilbao que mascan chicle, escriben mensajes en el móvil con destreza taquigráfica y sueñan con salir en 'Gran Hermano'. Muchos de ellos tienen el cerebro a medio cocer y las hormonas en plena fusión nuclear. Eso hace que sean gritones, inconscientes y muy molestos. También que quieran probar todo lo que está prohibido y que terminen de vez en cuando medio inconscientes en algún portal.
Así es como comienzan las noches de Juan de Garay: con chupitos de bajo coste y menores barbarizados en la rúa. Con este panorama, la mayoría de los comerciantes de la zona prefieren no abrir sus tiendas. Al fin y al cabo, la calle se convierte en el patio de un instituto en el que han estallado unos violentos sanfermines. Es fácil entender que la gente del pueblo prefiera esperar al lunes para hacer sus compras por allí con más tranquilidad.
Según pasan las horas y anochece, la cosa va subiendo de temperatura. Los chavalitos dejan paso a los mozalbetes con carné de conducir y comienza a ser una costumbre que algunos de ellos, en lugar de en la cama, terminen la velada en una página de sucesos. El pasado sábado casi matan a navajazos a un joven de veinte años. No es la primera vez que ocurre. Entre nosotros hay quien, antes de salir de casa, comprueba si lleva las llaves y el arma blanca. Parece que a ese tipo de gente le gusta Juan de Garay para alternar.
Hace un año, el Ayuntamiento de Barakaldo reforzó la vigilancia en la zona. Durante algún tiempo, los vecinos y los comerciantes afirmaron sentirse más seguros. Quizás sea el momento de recuperar aquellas medidas, tal vez de intensificarlas seriamente. Tampoco estaría mal que alguien les explicase a ciertos adolescentes que la vía pública no es un 'txiki-park' etílico. Incluso podrían aunarse esfuerzos para que las únicas navajas que existan en nuestro entorno sean las que se sirven a la plancha en los restaurantes. Eso sería bueno para todos. También para los jóvenes que salen a pasar un buen rato y no tienen intención de meterse en líos. Probablemente, son la mayoría.
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