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Ibarretxe reivindica en Irlanda del Norte su 'hoja de ruta' porque «ha merecido la pena»
Ibarretxe y el líder católico norirlandés galardonado con el Nobel de la Paz John Hume caminan junto a los muros de Londonderry. /JON BERNÁRDEZ
Juan José Ibarretxe volvió ayer al terreno donde se ha desenvuelto preferentemente en la última legislatura, el de sus ideas y propuestas para «reformular» la solución del «conflicto vasco» y alcanzar la paz y la normalización, un asunto que, por exigencias del guión, había dejado en segundo o tercer plano en los últimos meses para centrarse de lleno en las iniciativas contra la crisis y en la exhibición de sus méritos como gestor. No obstante, el compromiso adquirido hace aproximadamente cuatro meses con el Centro de Investigación de Conflictos INCORE de la Universidad del Ulster -organizador de un ciclo de conferencias al que han sido invitados también Kofi Annan o Bill Clinton- no sólo le llevó ayer hasta la ciudad norirlandesa de Londonderry, sino que alteró el previsible y tranquilo curso de la precampaña del PNV.
Hasta este momento, la última alusión en profundidad del lehendakari a la necesidad de que los partidos vascos alcancen un acuerdo sobre el derecho a decidir se produjo el 20 de enero en otra conferencia, pronunciada entonces en el Forum Deusto, en la que, sin embargo, evitó mencionar la controvertida consulta que generó en su momento no pocas dudas e incertidumbres a Iñigo Urkullu, según ha confesado el propio presidente jeltzale.
En Irlanda del Norte, sin embargo, y en presencia del premio Nobel de la Paz John Hume -a quien Ibarretxe ensalzó como «fuente de inspiración» para todos los líderes políticos por representar «el poder del diálogo contra la violencia»- Ibarretxe, y así lo admiten también en el PNV, no podía hablar de otra cosa que de los procesos de paz vascos y de su empeño en superar «recetas fallidas del pasado» y «abrir nuevos caminos». En su caso, a través de la controvertida 'hoja de ruta' que languideció tras estrellarse contra la legalidad española y que él reivindicó ayer como un intento fructífero que «ha merecido la pena».
El debate entre la persistencia de las viejas estrategias o la incorporación de soluciones innovadoras es el que ahora mismo se desarrolla en la sociedad vasca, según el candidato peneuvista, y su resultado «determinará nuestro futuro para las próximas décadas». «Vivimos tiempos que marcarán la historia de nuestro pueblo», enfatizó en su discurso, pronunciado íntegramente en inglés.
Con ese punto de partida, el lehendakari aprovechó para contar su versión de lo sucedido en los últimos dos años. También para reivindicarse y defender el «esfuerzo» al que se encomendó tras el fracaso de las negociaciones entre el Gobierno español y ETA durante el último y fallido proceso de paz, la validez de la «consulta popular no vinculante» como «el instrumento más adecuado» para «reforzar» el camino trazado entonces y la necesidad vigente de conformar una mesa de partidos «con todas las sensibilidades». Este foro debería canalizar el acuerdo sobre el estatus vasco, que el PNV defiende ahora alcanzar a través de un 'concierto político' con el Estado.
Incluso, endosó a José Luis Rodríguez Zapatero la responsabilidad del fracaso de su 'hoja de ruta' que, recordó, comenzaba con una propuesta de acuerdo que, «a pesar de todas las barbaridades escuchadas», sólo pretendía avanzar hacia la paz. «Simplemente, propuse impulsar un nuevo proceso de paz», enfatizó el lehendakari, que insistió en que, de haber prosperado su iniciativa, se habría alumbrado «un Downing Street» a la vasca y que habría resultado «muy fácil» alcanzarlo. Pero el presidente del Gobierno, según explicó, no interpretó su propuesta como una «oportunidad» sino como una «amenaza política» y prefirió regresar a la vía policial contra ETA, frente a las presiones del PP, y decidido a no mostrar «debilidad» ante la opinión pública en vísperas de las elecciones generales.
Libre decisión
Lejos de hacer autocrítica, el jefe del Ejecutivo de Vitoria se mostró convencido de que su intento «ha merecido la pena» porque ha servido para aprender de los «errores» y hacer calar en la sociedad la idea de que el final de la violencia no llegará a través de conversaciones «secretas» entre el Ejecutivo de turno y la banda terrorista, sino sólo a través de la «libre decisión» de los vascos «mediante mecanismos pacíficos y democráticos». «Hasta que hicimos pública nuestra propuesta todos los ojos estaban centrados en la especulación sobre futuras negociaciones entre ETA y el Gobierno español. En la actualidad, el debate ha vuelto a situarse en el Parlamento vasco, en el diálogo entre las fuerzas políticas y el respeto a la voluntad de la sociedad vasca».
Ésa es, a juicio de Ibarretxe, la situación que se vive hoy por hoy en Euskadi y la versión que relató detalladamente a su auditorio en Irlanda del Norte, su principal referente a la hora de buscar vías de solución. «Hace unos días un buen amigo me preguntaba si todo este esfuerzo había merecido la pena, después de tantas dificultades y de la reacción desproporcionada de las instituciones españolas. Le dije que sí, por supuesto. Estoy plenamente convencido de que nunca alcanzaremos la paz si seguimos cometiendo los mismos errores. Debemos aprender de Irlanda del Norte», insistió.
El lehendakari aprovechó su intervención - de cuyo contenido genérico estaba al tanto el PNV, que admite que supone una nota disonante en campaña al poner el foco sobre un asunto sumamente incómodo- para dibujar a Euskadi como na sociedad «próspera» y a la cabeza del desarrollo a la que sólo «le falta la paz». En su prolija introducción, en la que repasó todos los indicadores socioeconómicos vascos, tuvo tiempo también de denunciar la Ley de Partidos y las políticas penitenciarias que conllevan «aislamiento y maltrato».
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