Algunos puntos de Reino Unido sufrieron ayer la peor nevada de los últimos dieciocho años. Para muchos significó un día de vacaciones, pero para otros fue una auténtica pesadilla porque parte del transporte público de Londres quedó suspendido desde primera hora de la mañana: en la capital británica no circulaban autobuses, todas las líneas de metro funcionaban con dificultad y las centralitas de los servicios de taxis estaban saturadas. Muchos de sus conductores prefirieron no aventurarse y quienes lo hicieron cobraron el doble de lo habitual.
Ante este panorama, miles de londinenses no pudieron ir a trabajar, aunque muchos padres, de haber querido tampoco habrían podido, porque unos 3.000 colegios en todo el país decidieron no abrir sus puertas. El caos fue tal que obligó a cerrar también varios juzgados de la capital y los hospitales tuvieron que solicitar expresamente al personal que libraba que fuese a trabajar por el gran número de llamadas que recibieron los servicios de emergencia. Las ambulancias trabajaron bajo mucha presión y con grandes dificultades, mientras que las operaciones menos urgentes fueron aplazadas. Algunos teatros decidieron suspender sus funciones.
Respecto a los aeropuertos, Heathrow, el de más tráfico aéreo de Europa, y Luton, la base de operaciones de EasyJet, permanecieron cerrados casi toda la jornada, así como el de la City de Londres. Los que estuvieron abiertos se vieron obligados a cancelar cientos de vuelos, y los aviones que llegaron a despegar lo hicieron con mucho retraso. El incidente más significativo lo protagonizó un aparato de Cyprus Airlines, que se salió de la pista a causa del hielo, aunque sus ocupantes resultaron ilesos.
La nieve ya empezó a causar problemas a partir del domingo y aunque hacía días que la supuesta «gran nevada» se había convertido en el tema recurrente de toda conversación, el temporal cogió desprevenidos a muchos ciudadanos. Precisamente en la noche dominical dos montañeros fueron dados por desaparecidos en Gales. Sus cuerpos sin vida fueron hallados ayer.
En algunos puntos de Londres se acumularon más de 20 centímetros de nieve, mientras que en otros lugares llegó hasta los 50. Inglaterra, Gales y el este de Escocia continuaban anoche en alerta roja. Aunque está previsto que mejore la situación en la capital británica, para hoy se esperan más nevadas en el resto del país.
Muchos expresaron su enfado al no entender cómo una ciudad como Londres puede quedar paralizada por una nevada. Los encargados de la red de transportes reconocieron sentirse «sobrepasados», mientras que el alcalde, Boris Johnson, se defendió diciendo que las autoridades «habían actuado bastante bien dadas las circunstancias». Además, el regidor comentó abiertamente que no se ha planteado comprar máquinas quitanieves porque «no es una inversión que se vaya a amortizar», dado que el temporal que ha afectado el sudeste es «excepcional».
Colas de 230 kilómetros
Pero no sólo en Gran Bretaña la meteorología puso a autoridades y ciudadanos en dificultades. En Francia, la fuerte nevada colapsó todas las carreteras de acceso a París y los aeropuertos, lo que obligó al Gobierno a decretar la alerta naranja. En la región parisina la retenciones de tráfico llegaron a los 230 kilómetros a primeras horas de la mañana y la red metropolitana de autobuses apenas pudo prestar servicio.
Según fueron pasando las horas la nieve se transformó en lluvia, lo que permitió levantar la alerta en siete departamentos, aunque permanecía activa en otros veintisiete. Air France, que anuló el 30% de sus vuelos de corto y medio recorrido, volvió a operar a media tarde, aunque con grandes retrasos, al quedar expeditas las pistas de los aeropuertos Charles de Gaulle y Orly.
Italia tampoco se libró. Más de 800 kilómetros de autopistas sufrieron los embates de las fuertes nevadas, lo que obligó también a cancelar dieciocho vuelos en los aeropuertos milaneses de Linate y Malpensa y otros tantos en el de Roma-Fiumicino.
Las regiones más afectadas por el temporal fueron Lombardía, Piamonte y Liguria, aunque tampoco se libraron Emilia-Romagna y Friuli-Venezia Giulia, con grandes atascos en las autopistas que unen Turín y Milán con Génova. El puerto de esta última ciudad fue cerrado y las comunicaciones ferroviarias entre Milán y Bérgamo y entre Varese y Gallarate fueron interrumpidas. Sicilia quedó aislada.