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Cultura

03.02.09 -

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C uando se vuelve a ver 'El mercader de Venecia' la tentación es actualizar los hechos. Negocios en crisis, un despiadado banquero confesional con sed de venganza, jueces vacilantes, imposturas, pelotazos por vía matrimonial, choque de civilizaciones y xenofobia..., sin dejar de ser ante todo historia de las mentalidades en la Venecia cosmopolita de los Dux, y peripecias del amor. Shakespeare escribió su libro rastreando cuentos de época, e hizo una comedia en mosaico, con azares en los que dominan los lances románticos con final feliz, y el castigo del mal.
La versión es obediente al texto. 'El mercader.' suele exagerar la anécdota del usurero judío que se cobra cortando en filetes al deudor. Sierra respeta los pasajes, incluso los más imperfectos. El director Denis Rafter maneja un elenco irregular. Construye buenos tipos en los primeros papeles, quiz? con un rotundo Shylock/Fernando Conde menos sinuoso que lo que su papel?n pide. Logran un punto los personajes caracter?sticos, el padre, el Dux, el c?mico. El escenario corp?reo es vistoso y ?til. El tono medio de la producci?n no impide admirar la cantidad de teatro que cabe en un solo libro.
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