Los dueños de la discoteca bilbaína Mao Mao han denunciado la actitud del Ayuntamiento de Bilbao tras cerrarles durante cuatro meses el local por exceso de aforo y han advertido de que se verán «obligados» a ceder su explotación ante la imposibilidad de hacer frente a las obligaciones económicas que tienen contraídas por la falta de ingresos en «todo este tiempo». Los propietarios de la sala de Zorrozaurre se sienten las principales víctimas de lo que consideran «una cruzada» emprendida por la concejalía de Eduardo Maiz contra los locales nocturnos de ocio.
Los titulares de la sala de fiestas, que ha funcionado durante doce años de la mano de diferentes empresarios, han reprobado la intervención del área de Seguridad Ciudadana, al suspender la actividad del Mao Mao e imponerles una multa económica de 10.000 euros. Se trata, lamentó el propietario David Gallardo -un ex concursante del televisivo 'Gran Hermano'-, del «único establecimiento» de los cinco que el Ayuntamiento cerró a lo largo del pasado año que no se encuentra en el casco urbano. «Por lo tanto, no le afecta la limitación de zona saturada», remarcó Gallardo, que ligó la sanción municipal al «especial interés» del Gabinete de Azkuna por «cerrar las actividades que aún funcionan en Zorrozaure».
El empresario defendió la seguridad de sus instalaciones, de 840 metros cuadrados en una sola planta, al recordar que disponen de tres salidas de emergencia: dos en la fachada principal y otra en la trasera. «Las vías de evacuación son libres», resaltó. La familia propietaria reiteró que, pese a que el propio Ayuntamiento les concedió licencia para ampliar una de las salidas con el fin de adecuar el aforo «a la capacidad real» del establecimiento, les ha denegado la regularización solicitada, ya que nos mantiene con un aforo «muy por debajo». El Consistorio ordenó el cierre de esta sala al contabilizar en dos ocasiones -abril y noviembre de 2008- más de 700 personas en su interior pese a no poder rebasar los 463 clientes.
«Auténtica injusticia»
«Podemos haber incumplido el aforo, pero las salidas tienen capacidad para 962 personas», remarcan. Además, se escudan en el informe de un estudio de arquitectura para denunciar la «auténtica injusticia» que sufren por parte de la Corporación. «Los aforos efectuados contabilizaron en una ocasión 767 personas y en otra casi 800. No tendríamos que haber sido merecedores de una sanción de cierre y cese de actividad». A juicio de Gallardo, deberían haberlas catalogado de «leves».
Pese a haber recurrido la sanción a los juzgados de lo Contencioso Administrativo y pedido la suspensión de la medida cautelar, los responsables del Mao Mao consideran «irreparable» el daño. «Aunque sacáramos adelante el recurso, la sanción estará cumplida y ya nada de esto tendrá sentido. Los daños y perjuicios estarán ahí y ya no podremos hacer nada por remediarlo».
La dirección del club habla de «persecución» en toda regla. Sus responsables se aferran también a un informe elaborado en 1999 por la Unidad de Juegos y Espectáculos de la Ertzaintza que reconoce al establecimiento una capacidad de evacuación con las vías y salidas de emergencia de «764 personas sin riesgo» para ellas. «Es un informe cuya imparcialidad no se puede poner en duda».