Uno de los personajes de Barrio Sésamo se afanaba programa a programa en definir conceptos básicos para que los niños aprendieran a comparar tamaños, distancias, colores, conceptos. Coco, que así se llama, estuvo ayer entre bastidores en el Martín Carpena. Como si explicara el funcionamiento correcto de un intermitente -«ahora sí, ahora no»-, apuntó el espacio que separaba a Unicaja y al iurbentia en el desarrollo del encuentro. Lejos, al principio. Cerca, desde mediado el segundo cuarto. Cerca, pero a favor de los vizcaínos durante un arrebato vivido en el tercer acto. Y al final ni cerca ni lejos, pero a remolque en la conclusión del partido.
Una lástima. No siempre se descubren las carencias del Unicaja como ayer lo hizo el Bilbao Basket. Levantó la alfombra y vio que Aíto no siempre lo barre todo y echa el polvo al cubo de la basura. En ocasiones, lo práctico invita a eso, a darle una patadita a la colilla, el papel o el desperdicio para, simplemente, alejarlo del campo visual. Más allá de lo guarrillo que resulte tal proceder, existe. También en el baloncesto, un deporte en el que la teatralidad, la puesta en escena puede llegar a hacer mejor de lo que realmente es un texto. No es el caso ponerse a minimizar la calidad del plantillón cajista. Sería ridículo. Pero precisamente por esas ranuras abiertas por los hombres de negro bien pudo coger frío el anfitrión del Carpena.
Entre lo mucho destacable que tuvo el iurbentia, podría establecerse una lista con cinco marcas. La primera, coral, la que le define como un equipo que no se rinde. Con sólo 7 puntos anotados en el primer cuarto, en una cancha en la que no hay regalos, varió sus argumentos de tal modo que los que tiraron del carro y llegaron a voltear la situación en una efímera pero deliciosa serie de vaivenes, que no espasmos, no fueron los de siempre, valga la expresión. Por ejemplo, para poner orden y concierto en la pintura, Vidorreta encontró mejor eco en Guardia y Markota.
Markota
El valenciano, perreando en la pintura, se despojó de unos cuantos almanaques y guerreó con una dureza tal que sus tres primeras canastas llegaron tras sendos rebotes ofensivos. Hasta seis capturó. El croata -y sirva como párrafo inicial del punto dos dedicado a los destacados- se arrancó en el 'tablao' con una intercepción, más un tapón, más una limpia penetración hasta la cocina del infierno ¡Vaya! En su cartel de presentación, lo de la defensa aparecía en letra ininteligible, por pequeña, en una esquina perdida del cartón. Mantuvo el tipo secando ahora a Ndong, luego a Archibald y quitándole a Haislip las ganas de vivir colgado del aro. Siempre partícipe en las ayudas, a pesar de que pasó una noche de guerrillas por una gastroenteritis.
El tercer apunte es para Luke Recker. Estaba dolido el de Auburn por la derrota, pero no dejaba de reconocerse feliz por haber calmado su espíritu lo suficiente como para «no pensar», que es donde parecen radicar sus males. 17 puntos, con 4 de 5 en canastas de dos y 3 de 5 en triples. Quiere regresar y trabaja para ello. Como regalito incluyó un tapón a Archibald (2'12) sencillamente grandioso, aguantándole la mano camino del hierro. Brutal.
Sí, son detalles, fogonazos. Como las reacciones puntuales de Blums, los triples de Cabezas y Berni, algunas pérdidas absurdas... esos momentos fueron los que acercaron el veredicto favorable a favor del Unicaja. Es el punto cuatro. La fortuna, que también cuenta y que a veces parece reñida con la calidad. No son los mejores los que más suerte tienen. Posiblemente son los que más la buscan. Dos triples de Berni Rodríguez y Cabezas destaponaron al Unicaja cuando miró al luminoso y vio que se había comido un 0-12 con el que los de La Casilla se ponían por delante (40-43). Ese tino de los hombres de casa devolvió casi el parcial (48-43). Y de nuevo a remar. Lo mismo en el cuarto definitivo. Berni lanza, el balón da dos vueltas completas al ruedo de lo que parecía la 'Malagueta' y para adentro. Le da la réplica Recker completamente solo, el esférico bota y rebota para salirse de la trampa. El americano lo siguió intentando. Acumuló cinco puntos más e hizo salir del camerino a 'Coco', que ya se había cambiado pensando que la función ya no le requería. Se asomó, vio los números y dijo «muy cerca» (63-61). Comenzaba a escribirse el punto cinco, el del desenlace, en el que se iba a conocer quién comía perdices y quién digería un menú del día más apañado. El gran muñeco azul apenas pestañeó, redirigió su mirada a la cancha y sentenció: «Ahora muy lejos» (70-61). Y se marcharon para no volver. Él y el Unicaja.