Las autoridades, en su afán por hacer las ciudades más accesibles para los vecinos con discapacidades, también tienen algún que otro resbalón. En Bilbao, la colocación de tramos con baldosas podotáctiles -un pavimento de color rojizo con bultos que ayuda a los ciegos a orientarse- ha traído consigo numerosas quejas. Su mala acogida se debe a que cuando la lluvia y las cuestas se alían, una conjura que en Bilbao es muy frecuente, este tipo de firme se convierte en una auténtica pista de patinaje. Así lo demuestran las numerosas quejas ciudadanas que han llegado a las asociaciones vecinales y al Ayuntamiento -que admite haber recibido algunas, tanto en su registro como a través de los vigilantes de barrio- y también la existencia de reclamaciones por daños contra el Consistorio, según han revelado varios afectados a este periódico.
Sólo el año pasado, se habilitaron en Bilbao 165 superficies de losetas podotáctiles, con una extensión media de 30 metros cuadrados, que costaron a las arcas municipales cerca de un millón de euros, a razón de 200 euros por metro cuadrado. Y en los últimos años se han creado más de medio millar, la mayor parte de ellas con el modelo más resbaladizo, el de loseta con salientes semiesféricos, conocidos entre los profesionales como 'tetones'. En algunos puntos de la ciudad también se pueden ver otros tipos de adoquín con relieves troncocónicos y troncopiramidales, cuyo agarre es mayor, aunque su implantación ha sido mínima.
Según técnicos municipales, este tipo de losetas dejará de colocarse y cederá el testigo a un nuevo adoquín, que «empezará a verse en los suelos de Bilbao en dos semanas». Se trata de una baldosa con la tradicional roseta del pavimento bilbaíno, sólo que estará 'customizada' para los invidentes: tendrá color rojizo y «pequeños bultos» perceptibles con el bastón. «El pavimento ya colocado no se va a sustituir pero, a medida que se desgaste, se irá reponiendo con las nuevas baldosas», avanzaron los técnicos.
Mientras tanto, para evitar caídas, los tramos ya existentes serán tratados. De hecho, los operarios municipales llevan más de un año ensayando diferentes métodos para hacer el firme menos resbaladizo y ya los han aplicado en zonas con baldosas especialmente problemáticas, como Uribarri, algunas calles de Santutxu, Iturribide, Juan de Garay y puntos de Zorroza. En estos lugares han barnizado el suelo con pátinas antideslizantes y han realizado raspados y microperforaciones. «Buscamos los mejores tratamientos y éste último, después de muchas pruebas, porque a veces los fabricantes 'venden' una solución como la mejor y luego no vale, parece el más efectivo. Hace la baldosa más rugosa y no se quita con el paso del tiempo, como ocurre con los antideslizantes», informan fuentes municipales, que destacan que el Ayuntamiento no sólo ha actuado «en baldosas podotáctiles», también en lugares pavimentados con el tradicional 'adoquín de Bilbao'. «En este caso, aunque su diseño con la roseta central es el ideal para 'desaguar' la superficie y que no patine, ha habido algunas partidas nuevas, hechas con materiales distintos a los habituales, que resbalan más que las antiguas y también han sido perforadas», confirman.
Choque de necesidades
Todas estas medidas -tanto los tratamientos como el cambio del tipo de loseta- no afectan a la utilidad que las podotáctiles tienen para los invidentes, según aclara Claudio Congosto, jefe de Servicios Sociales de la ONCE en Euskadi, quien señala que a la sede de la organización en Bilbao no les ha llegado ninguna queja por caídas. «Las únicas referencias que tenemos son las de nuestros usuarios y ellos están satisfechos. Además, son reglamentarias... ¿que resbalan? Bueno, cuando llueve, todas patinan un poco». Eso sí, admite que él suele moverse «por el centro, donde no hay muchas cuestas».
Congosto no niega que pueda haber «inconvenientes», pero, sobre todo, destaca «sus beneficios». Explica que las zonas podotáctiles son una guía muy valiosa para que los invidentes caminen por la ciudad, ya que al ir tanteando el suelo con el bastón, las personas con esta discapacidad pueden saber, al percibir la vibración de los bultos de las losetas, por dónde caminan y cómo encontrar los pasos de cebra.
Congosto, invidente, asegura que si el ciego sigue estos 'caminos' sin despistarse -«el otro día me distraje y acabé en un jardín, menos mal que vino un señor y me corrigió», recuerda- gana «mucha seguridad y autonomía». Además, según destaca, su color rojizo también ayuda a las personas de la ONCE que tienen algo de visión, «un colectivo muy importante, porque de los 800 afiliados que hay en Bilbao, una gran mayoría no padece ceguera total». En estos casos, el firme especial destaca sobre el pavimento gris y les ayuda a moverse por la villa. «Son muy útiles y en cuanto a las críticas... lo cierto es que llegar a la accesibilidad total sin que a nadie le cause ninguna molestia es difícil. Por ejemplo, los bolardos para proteger zonas peatonales están muy bien, pero nosotros nos dejamos en ellos las espinillas», detalla Congosto.
Este choque entre las necesidades de diferentes colectivos es evidente. Las personas mayores y las que tienen la movilidad reducida no ven las zonas de forme podotáctil como 'suelo amigo', sino como una amenaza. En este sentido, Sabin Ipiña, presidente de la asociación de jubilados y pensionistas de Vizcaya, admite que el firme para invidentes ha sido objeto de quejas que han llegado al Ayuntamiento. «Nosotros mismos hemos puesto bastantes y hemos visto buena voluntad por su parte. Quienes tienen problemas de movilidad y arrastran los pies al caminar acaban llevándose las tachuelas del suelo. Estas losetas son necesarias -afirma-, pero hay que solucionar sus problemas técnicos».