El caserón que conforma el número 4 de la calle Oca de la localidad vizcaína de Getxo, en la zona de Arrigunaga, tiene unas bellas vistas, pero también sufre los temporales en primera fila. Vivir cerca de la costa tiene el coste adicional de estar a merced de las ventiscas. Bien lo saben sus vecinos.
La presidenta de la comunidad, Juani Bautista, no oculta su frustración por los destrozos que el ciclón que azotó el litoral el pasado fin de semana ha causado en el edificio que administra. Aunque los residentes están acostumbrados a aguantar los vendavales, «nunca había pasado algo así», admite Juani.
No en vano, se preocupan por mantener el edificio siempre en buenas condiciones. Sin ir más lejos, sólo hace un año que reformaron el exterior del edificio, desde la fachada hasta el tejado. Pero lo de la madrugada del pasado sábado no hay hormigón que lo soporte.
Estaban durmiendo, cuando el huracán levantó la mayor parte de las tejas, que salieron despedidas, y aún pueden verse desparramadas por el jardín de la vivienda. «¡Menos mal que no le dieron a nadie en la cabeza, porque si no. !»
Los desperfectos abrieron un boquete al agua, que cayó a raudales en una de las habitaciones de la tercera y última planta del edificio. Y con las intensas precipitaciones que se han registrado hasta el miércoles, se les hundió el techo, lleno de goteras, y la lluvia y la humedad han empapado los colchones, la madera del suelo y de los muebles, que ya han comenzado a hincharse. «Por suerte, en los trasteros no ha entrado», se reconforta.
Ahora, los vecinos se enfrentan a una nueva derrama imprevista, en plena crisis, por culpa del temporal. «La mayoría de los que viven en este edificio son jubilados y les va a salir por un riñón», se lamenta la administradora.
La reforma del tejado supera los 5.250 euros, aunque cada familia de las 9 que viven en el edificio pagará en función de la superficie de la viviendas. Las facturas oscilarán entre los 210 euros de uno de los bajos hasta los 737 que abonarán los del primer y segundo piso. El jueves, los residentes convocaron una junta extraordinaria para evaluar los destrozos y aprobar el presupuesto de las reformas, contratar a un administrador de la finca y un seguro para el edificio. «Cada familia tiene su propio seguro del hogar, pero a muchos no les cubre. Además, entre todos debemos cubrir los desperfectos de las dos viviendas de los últimos pisos, que no sabemos todavía a cuánto asciende. No teníamos seguro del edificio, y si esto vuelve a pasar...» previene Bautista.