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El País Vasco recibió del Consorcio de Compensación de Seguros más de 76 millones de euros en indemnizaciones, el 30% del total

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Un temporal ciclónico y unas inundaciones. En apenas cuatro días, la naturaleza ha puesto a prueba a Euskadi con dos alertas por máximo riesgo meteorológico. Si bien no ha salido indemne, la comunidad autónoma ha resistido a los embates de los elementos gracias a un eficaz protocolo preventivo puesto en marcha por las autoridades, aliñado con el sentido común de la mayor parte de la ciudadanía. Ni el vendaval -con rachas de 150 km/h- ni las posteriores riadas se han cobrado daños personales en Euskadi; por contra, los materiales serán cuantiosos en una comunidad especialmente castigada por estos fenómenos. Una primera estimación del Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), apunta a que ambos episodios extraordinarios obligarán a abonar unos 20 millones de euros en indemnizaciones.
El País Vasco fue el año pasado el territorio más afectado por desastres naturales en toda la geografía española, seguido de la Comunidad Valenciana. Así lo avalan los datos provisionales de esta entidad pública, que se encarga de compensar los daños producidos por hechos extraordinarios en bienes o personas que cuentan con un seguro. De hecho, Euskadi es junto con Valencia y Cataluña una de las comunidades que destacan por su «elevada concentración de siniestralidad», según este organismo. También es, por otra parte, una de las autonomías que más pólizas suscribe para hacer frente a los imprevistos de la naturaleza.
En 2008, los daños por desastres naturales fueron cuantificados en 253,6 millones de euros en toda España, de los cuales más de 76 millones correspondieron a episodios acaecidos en Euskadi. La CAV tuvo un año especialmente funesto en cuanto a desastres naturales se refiere. En junio, la comunidad vasca sufrió las peores inundaciones de los últimos 25 años, desde aquel fatídico agosto de 1983, cuando la riada se cobró 39 vidas y dejó daños materiales por valor de 143.000 millones de pesetas.
Una lluvia impenitente -más de 100 litros por metro cuadrado en apenas 24 horas- estuvo a punto de reeditar la tragedia: el Consorcio tuvo que hacer frente a casi 59 millones de euros en indemnizaciones. La mayor parte se destinó a paliar los estragos causados en carreteras, los trazados de Renfe, Euskotren y Metro Bilbao, los servicios de Telefónica e Iberdrola, además de viviendas, comercios, automóviles e industrias.
Apenas tres meses antes, en marzo, un temporal con olas de más de once metros barrió el litoral guipuzcoano. San Sebastián, Zarautz y Getaria sufrieron los mayores daños, que obligaron a desembolsar 17 millones de euros en indemnizaciones, según detalla el mismo balance provisional del CCS. Por ambos episodios catastróficos, esta entidad ha tenido que desembolsar 76 millones de euros en Euskadi, una cuantía que representa el 30% del volumen global de compensaciones abonadas a lo largo de 2008.
Inundaciones y embates del mar son, precisamente, los culpables del grueso de daños a los que tuvo que hacer frente el Consorcio. En concreto, las lluvias torrenciales generaron desperfectos por valor de 212,6 millones de euros (el 83,7% del total). A bastante distancia, se situaron los desperfectos generados por la mar embravecida (24,4 millones) y los «vientos huracanados o tempestades ciclónicas atípicas» (15,8 millones). En total, 253,6 millones de euros que convierten a 2008 en el segundo año más costoso de la última década, seguido de 2007 (288,22 millones). «Este año ha sido de una siniestralidad elevada, pero en ningún caso catastrófica. El consorcio va a hacer frente a estos pagos con los ingresos del propio ejercicio, sin tener que acudir a la reserva que tiene acumulada», apuntó el director general del CCS, Ignacio Machetti.
Las amenazas
Las inundaciones causadas por lluvias torrenciales constituyen el riesgo natural más grave al que está expuesta la comunidad autónoma vasca. No sólo se ven afectados los ríos de las cuencas cantábricas, sino también las orillas del Zadorra (cuenca del Ebro). La ocupación de zonas desbordables y la configuración de los ríos como eje del desarrollo urbano e industrial están en el origen de las endémicas riadas, que tienen su hito de desastres en las inundaciones de 1983, el episodio catastrófico más grave de las últimas cuatro décadas.
Fue causado por una gota fría, un fenómeno típico de zonas costeras del Mediterráneo pero que también forma parte de la idiosincrasia meteorológica vasca. Se desencadena cuando concurren tres elementos: mar caliente, atmósfera inestable en la superficie y aire frío en altura. Las lluvias torrenciales, los 'aguaduchos' del Nervión, se han presentado de forma cíclica a lo largo de la historia, acarreando enormes destrozos. La primera referencia, de hecho, se remonta al año 1403.
La importante pluviosidad y la fuerte intensidad de las precipitaciones se explica, según los expertos de Euskalmet, por el factor orográfico. Sólo en la cuenca norte se sitúan 300 zonas de riesgo, la mayoría en el País Vasco. Los 'puntos negros' son Bilbao, Rentería, San Sebastián y Gijón. En Euskadi existe desde 2000 un Plan Especial de Emergencia ante el riesgo de inundaciones, aprobado por el Gobierno vasco.
El viento es otro factor de riesgo en la costa cantábrica. El pasado 24 de enero, la ciclogénesis explosiva que activó toda las alertas en Euskadi dejó para los anales meteorológicos una efemérides absoluta: ráfahas de 193 km/hora, según la medición tomada a las 6.30 horas en el faro Matxitxako. Una veintena de localidades vascas superaron los 135 km/h y, por tanto, el Consorcio de Compensación de Seguros correrá con el coste de las indemnizaciones que, en una primera estimación, oscilarán entre los 5 y los 10 millones de euros.
Un episodio típico de vientos fuertes en Euskadi son las galernas, un fenómeno atmosférico que se produce en época de verano. Euskalmet las define como entradas súbitas de aire marino que aparecen repentina y brutalmente. Afectan a la costa cantábrica y al Golfo de Vizcaya y producen vientos racheados de hasta 180 km/h. La mar pasa a marejada o mar gruesa en muy poco tiempo. Suceden sobre todo entre mayo y octubre y pueden provocar naufragios. Uno de los más graves ocurrió en 1912 en Bermeo, con más de un centenar de pescadores muertos.
En la costa, la nieve puede considerarse un fenómeno raro. No así en el interior, donde pueden caer fuertes nevadas desde octubre hasta mayo. Este año está azotando con saña al territorio de Álava: desde finales del otoño los alaveses han sufrido 16 nevadas y ocho desde que empezó el año.
Otra amenaza prevista por las autoridades con el correspondiente Plan de Emergencia, aprobado en 1998, son los incendios forestales. Con una vulnerabilidad del 44%, el País Vasco está entre las comunidades con menor probabilidad de sufrir sucesos de esta naturaleza. En 2007 ardieron 96 hectáreas, uno de los registros más bajos de España. Eso sí, presenta una peculiaridad: mientras en la mayoría de la península el mayor riesgo se sitúa en el verano, en Euskadi la época más delicada es el otoño y el invierno, cuando el sotobosque se seca y arde con más facilidad. Guipúzcoa, el territorio con mayor superficie forestal, es el más proclive a quemarse; su punto débil, el monte Jaizkibel.
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