José Luis Rodríguez Zapatero está convencido de que el próximo lehendakari será Patxi López. No desvela cuál es su fórmula preferida de gobierno -si un pacto con el PNV o con el PP-, pero sí subraya que Euskadi necesita un Ejecutivo de «amplias mayorías» que no sea frentista. En un intento por rebatir las acusaciones de los nacionalistas, insiste en que será el candidato del PSE el que tome la decisión final. El presidente del Gobierno rechaza las advertencias lanzadas por la formación de Iñigo Urkullu en caso de que los socialistas le arrebaten Ajuria Enea y deja claro a la izquierda abertzale que la única posibilidad de estar en las urnas es desmarcándose de ETA.
-¿Detecta pulsión de cambio en Euskadi?
-Sí, es un cambio que viene gestándose desde hace cuatro años con un fuerte incremento del Partido Socialista y la consolidación de Patxi López como próximo lehendakari. Cada tiempo en política tiene su proyecto y su liderazgo. Y ahora es el tiempo del encuentro, sosiego y capacidad de hablar con todos y defender todas las posiciones liderado por Patxi López.
-Es decir, que está convencido de que el líder del PSE será el próximo lehendakari.
-Sí.
-¿Y tendrá el PSE total autonomía para tomar decisiones respecto a la dirección federal de Ferraz?
-Es fácil porque la identificación entre el PSE y el PSOE que represento es completa. La mejor prueba es que hay una coincidencia, no casual, entre el gran ascenso electoral del partido en Euskadi y del PSOE, que es la etapa en la que se produce el liderazgo de Patxi López en Euskadi y mi liderazgo en el PSOE. Es un camino común.
-¿Pero la decisión final sobre cómo pactar tras las elecciones estará en manos del PSE?
-Sin duda. Y contará con mi apoyo.
-¿Incluso en el caso de que el PNV obtenga más escaños que el PSE?
-La fase de especulación va a ser intensa hasta que se celebren las elecciones del 1 de marzo. No podemos aventurar decisiones sin conocer la voluntad de los electores. Pero el PSOE, que gobierna España, sí tiene claras dos cosas. La primera, que se necesita una nueva etapa en el País Vasco; dos, esa nueva etapa tiene que caracterizarse por una política de integración en donde puedan convivir en la conversación política y social, sin tener que ir a la confrontación, los que hablan en euskera, quienes sienten que el castellano debe tener un respeto, quienes prefieren un nivel altísimo de autogobierno o los que prefieren un mayor papel del Estado... Tiene que haber un lehendakari que apoye todo eso.
-En 1986, el PSE ganó en escaños, pero cedió la Lehendakaritza al PNV. ¿Puede volver a darse ese escenario?
-Son circunstancias muy diferentes. Ahora hay una determinación y un compromiso como nunca en el PSE por gobernar Euskadi.
-En todas las encuestas que se han dado a conocer hay un apoyo social mayoritario a una fórmula transversal de gobierno entre el PNV y el PSE. ¿Le gusta este modelo?
-Creo que deberíamos matizar lo que significan las encuestas. ¿Por qué digo esto? Porque lo que dice la ciudadanía es que en Euskadi, independientemente de la fórmula de gobierno, hay que practicar una política de amplio consenso. Por ejemplo, el Gobierno que presido ha procurado llegar a acuerdos con el de Euskadi en muchos campos, en los Presupuestos, en temas tan vitales como la Alta Velocidad o la Investigación y Desarrollo...
-Pero también ha habido importantes puntos de discrepancia.
-Cuando el PNV ha intentado llevar adelante su proyecto político para toda la sociedad sin tener la mayoría suficiente del electorado. Voy a trabajar de una manera especial para tener una buena relación con las instituciones vascas y apoyar los temas fundamentales de progreso. Y eso es lo que desea el ochenta por ciento de los vascos.
«Le he visto crecer»
-¿Y sería buena para Euskadi una coalición PSE-PNV?
-Tengo que ser coherente. Debe ser Patxi López el que lidere las decisiones y yo, como presidente del Gobierno, debo seguir la senda de colaboración con el Gobierno vasco, respetar la identidad de esta tierra; y como secretario general del Partido Socialista, dar respaldo a Patxi López. Y lo hago con gran convicción. Le he visto crecer durante estos cuatro años como pocos responsables políticos y agrandar su visión de las cosas.
-Cuando usted llegó a la dirección del PSOE, su relación con los actuales dirigentes del PSE era casi nula. Ahora parece que hay un alto grado de complicidad. ¿Fue el proceso de paz el catalizador?
-Siempre he tenido una buena relación con ellos. Recuerdo cómo la primera campaña electoral en la que me impliqué a fondo después de acceder a la secretaría general del PSOE fue la de las elecciones vascas de 2001. Pero es verdad que compartir el dolor y la esperanza une mucho a los responsables políticos, y yo he compartido en estos últimos años ambos sentimientos con Patxi López y los socialistas vascos.
-¿No teme que si Patxi López apuesta por llegar a Ajuria Enea, sobre todo si el PNV tiene más respaldo, los jeltzales le quiten a usted el respaldo en Madrid?
-La verdad es que, en fin, en campaña siempre se cometen errores. Tengo mucho respeto al PNV, al señor Urkullu y al señor Erkoreka, que es un buen parlamentario, y mi actitud va a ser la de mantener el diálogo. Cada partido es responsable de las cosas que hace y dice. Me da la impresión de que los ciudadanos de Euskadi quieren que el PNV dialogue en Madrid con el Gobierno de Zapatero.
-¿Pero teme que se produzca ese escenario? Usted quedaría en una evidente minoría en el Congreso.
-Es el PNV el que, después del 1 de marzo, tendrá que hacer una autocrítica. Si el PNV tiene un mal resultado, lo normal en democracia, como le ha ocurrido al Partido Socialista en más de una ocasión, es que empiece por la autocrítica, no por las advertencias. Eso es lo que espero de un buen político, y no me cabe duda de que los hay en el PNV.
-¿Qué le parece el escenario de un PSE que necesite del PP?
-Es un escenario que debe contemplar Patxi López y que debe evaluarse en función de las circunstancias. En todo caso, insisto en que Euskadi necesita un Gobierno de amplias mayorías.
-¿Sin frentes?
-Absolutamente. Sería un grave error.
-¿Sería erróneo reproducir el escenario de 2001?
-Es que 2009 no se parece nada a 2001.
-El PNV plantea, a través de Iñigo Urkullu, una fórmula de Concierto político ¿Hay mimbres para un futuro acuerdo estratégico con el nacionalismo histórico?
-Creo que llevan demasiado tiempo en busca de algo. Da la impresión de que el problema de una parte del nacionalismo, en concreto de una parte del PNV, es si busca la identidad de Euskadi o la suya como partido. Tiendo a pensar que más lo segundo. Esa nueva relación de la que hablan no puede ser un ente abstracto. Vamos a las cosas concretas, como la Alta Velocidad y mi apoyo al reconocimiento del euskera en Europa. Todos estamos un poco hartos de los discursos en los que el lehendakari es el máximo profesional de abstractos atemporales e ininteligibles.
Encrucijada
-El nacionalismo insiste en introducir la capacidad de decisión en una futura reforma del marco político. ¿Cabe alguna fórmula de integrarlo en un nuevo Estatuto?
-Es un concepto viejo. El esquema de decisión propia que tiene la autonomía vasca es amplio. Y como le pasa al Gobierno y al Estado, tenemos algunos campos en los que los márgenes de decisión están delimitados. Creo que es bueno para todos los niveles de poder que exista ese equilibrio, el que te obligue a acordar es muy conveniente. Parece que todo lo que ha ido reconstruyendo el lehendakari tiene los pies de barro, y por eso llega a estas elecciones sin nada que ofrecer, con muy poco discurso.
-Quizá sea un tema 'viejo' o 'abstracto', pero hay una parte importante de la población vasca que reclama su reconocimiento.
-Claro, pero es que ya está incorporado. Lo que no resulta entendible, salvo por intereses partidistas, es que, cada cuatro años, un partido que tiene capacidad de gobernar como el PNV ponga en cuestión las grandes reglas de juego. Ojo, sabiendo además que no está en sus manos cambiarlas. Lo mismo que no está en las mías modificar algunas reglas del funcionamiento del Estado. Estoy sometido a la Constitución y a las leyes.
-¿El problema es Ibarretxe?
-Yo he respetado a Ibarretxe como lehendakari. Cuando le he tenido que decir que 'no' lo he hecho democrática y educadamente, con respeto a quien han elegido los vascos. Pero opino que el PNV está en una encrucijada en la que no quiero interferir. Más allá del resultado electoral del 1 de marzo, que va a ser bueno para el PSE, creo que tiene que haber un diálogo fluido con el PNV.
-¿Estará la izquierda abertzale, D3M o Askatasuna, en las elecciones?
-No estará nadie que de una u otra manera, directa o indirectamente, tenga relación con Batasuna o todas sus distintas manifestaciones.
-¿No está utilizando la Ley de Partidos al servicio del PSE?
-Eso es una visión pequeña y estrecha. La Ley de Partidos juega un papel fundamental. Nadie puede estar en un sillón democrático votando con una mano y con la otra dando la mano a los violentos.
-¿No se está llevando hasta el extremo su doctrina?
-Se está llevando a su propio contenido. Es útil porque ha puesto ante los ojos de muchos ciudadanos la vinculación de una parte de la izquierda abertzale con ETA. Si yo fuera independentista, que se supone un amor hacia el País Vasco, sentiría repugnancia de aquellos que asesinan en nombre de mis ideales.