Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Mundo

MUNDO

Los primeros gestos del Ejecutivo demócrata anticipan una relación más cercana entre España y EE UU
01.02.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Bienvenido míster president
Biden y Clinton bromean durante un acto oficial.
No hubo 'feeling'. Resulta evidente que tras aquel 'Hola, ¿qué tal amigo?' farfullado en castellano por el anfitrión, no tuvo lugar un intercambio de cuitas ni contrastaron agendas para encontrar un fin de semana en el que disfrutar de asueto y barbacoa en el rancho tejano. Entre George W. Bush y José Luis Rodríguez Zapatero nunca existió afinidad, ni política ni personal, y su encuentro en la cumbre del G-20, celebrada en noviembre en Nueva York, supuso tan sólo la excepción protocolaria de un silencio prolongado desde 2004, cuando el presidente español retiró las tropas de Irak.
Ya era tarde para limar desavenencias. El dirigente estadounidense se había convertido en un 'pato cojo', un estadista limitado por la pérdida de la mayoría en el Congreso y la reciente derrota republicana. La larga sombra de su carismático sucesor se cernía sobre la Casa Blanca y era evidente que soplaban nuevos vientos, favorables, a corto plazo, para la afinidad entre ambas administraciones.
El efecto Obama se extendía a las relaciones bilaterales, tal vez con beneficios mutuos. «Los demócratas yanquis siempre han mantenido una sintonía con los socialdemócratas españoles, mientras que los republicanos se sienten más cercanos a los populares», explica Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid. «En cualquier caso, dada la malísima relación con Bush, por fuerza ha de mejorarla, lo que se añade al enorme deseo de Zapatero de mejorar sus contactos con EE UU y el de Barack de desempolvar banderas que su antecesor había guardado en el cajón y que precisan apoyos. Todo confluye para que la comunicación mejore sustancialmente».
Enfrentado a una recesión económica que había negado públicamente tan sólo unos meses antes, el dirigente español suma a la necesidad de restablecer una comunicación fluida con la primera potencia la posibilidad de favorecerse del crédito del recién elegido. «Obama es un encantador de serpientes», asegura Remiro. «La sociedad demanda héroes, sin perjuicio de que, más tarde, sea quemado en la pira del sacrificio por la frustración que inevitablemente producirá la intoxicación generada por el exceso de ilusión».
La contrapartida
La contrapartida al previsible apoyo hispano se ha manifestado en alusiones del nuevo líder a España, citándola como ejemplo por su cobertura sanitaria universal y el impulso conseguido en materia de energías renovables. En opinión de Noé Cornago, doctor en Ciencias Políticas y Sociología y profesor titular de Relaciones Internacionales en la Universidad del País Vasco, la primera referencia no tiene mayor trascendencia porque la estructura hispana sigue el modelo europeo. «El segundo comentario tiene mayor calado. Se trata de un asunto relevante dentro de su estrategia y las firmas locales, como Gamesa, se encuentran a la vanguardia en el asunto».
El impulso a la ley de igualdad del Partido Socialista también establece una proximidad con las primeras medidas del equipo demócrata y, posiblemente, concita la simpatía de Hillary Clinton. La llamada telefónica de la flamante secretaria de Estado a Miguel Ángel Moratinos, su colega español, augura también mayor concordancia en política exterior. «Aunque no creo que haya grandes cambios en lo que respecta a Oriente Próximo», apunta. «Quizás la política de Washington sea más racional y menos servil a Israel, habrá que esperar y ver, aunque lo cierto es que su jefe de gabinete es un judío de la línea dura y Clinton, senadora por Nueva York, también es sensible al lobby». La intermediación, tradicionalmente buscada por Madrid, puede quedar reforzada, aunque las críticas a la invasión de Gaza y, sobre todo, la investigación de la Audiencia Nacional por crímenes de guerra de un ex ministro hebreo de Defensa empañan los probables buenos oficios.
La próxima pesadilla
Lejos quedan los tiempos de la entente entre George Bush hijo y José María Aznar, firmes impulsores de la invasión de Irak. Hoy, tras la anunciada retirada del país, el turbulento escenario afgano parece llamado a convertirse en la próxima pesadilla americana, pero también en un ámbito que favorezca la alianza hispanoyanqui. «Pero las posiciones son muy diferentes», arguye Remiro. «La simpatía por Aznar se basaba en los riesgos sin precedentes que asumía, a su vez cimentados en una mayoría absoluta y el endiosamiento provocado por el poder, mientras que Zapatero no cuenta con ese control de la Cámara y entra en la segunda mitad de la legislatura».
En su opinión, resulta paradójico que el Gobierno socialista diera una lección con el cumplimiento inmediato de su programa electoral y retirara sus destacamentos de Bagdad, para luego seguir a rebufo una estrategia en Kabul que prima la fuerza sobre la reconstrucción y evidencia su fracaso. «La expansión de los talibanes arrastra a España al escenario puramente bélico, el que asumieron Estados Unidos y Gran Bretaña», advierte.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS