Unos años tanto y otros tan poco. Lo digo porque si el año pasado el comité de selección de Arco dio con la puerta en las narices a muchas galerías españolas, en este no parece que haya mantenido los altos criterios selectivos con los que justificó entonces la no admisión.
Claro que la culpa no es del cha-cha-chá, sino de una crisis económica global que resta solicitudes de admisión y afecta por igual a todos los agentes del mercado del arte. Así, de las 295 galerías que participaron el año pasado se ha pasado en este a cerca de 240, incluyendo los programas comisariados. Por supuesto que en la edición que se celebrará entre los días 11 y 16 de febrero no habrá quejas de galeristas no admitidos, ni tampoco vagas razones que justifiquen su ausencia. Dicho de otra manera, cuando disminuye la demanda se abre la mano y cuando llega la bonanza se cierra. Todo muy lógico, de no ser por la incoherencia derivada de unos criterios de selección que en unas ediciones se esgrimen y en otras se olvidan. Además, Arco también cambia de pabellones en el mismo recinto ferial de Madrid, con lo cual también se desdice de una mejora que el año pasado se argumentó como fundamental para la renovación del certamen.
En todo caso, el equipo dirigido por Lourdes Fernández vuelve a tener la virtud de apostar por una feria cada vez más dirigida a los coleccionistas y no tanto a la presencia institucional. Algo de agradecer, sobre todo cuando la crisis impone como tabla de salvación para el sector un decidido impulso al fomento del coleccionismo en nuestro país.
INTERNET
El debate que viene
Cada vez está más cerca en España el debate político y social sobre el final de la 'barra libre' en Internet. Y no sólo porque Francia, Italia e Inglaterra ya han abordado o están tratando la cuestión en sus legislaciones, sino también porque en ese paraíso del pirateo que es España se tiene que hacer algo al respecto. Máxime, cuando dentro de muy poco la generalización de la banda superancha y los accesos a 100 megas posibilitarán una extraordinaria calidad y rapidez en las descargas de archivos audiovisuales.
Por lo pronto, las entidades de gestión de derechos de autor están cada vez más cerca de alcanzar un acuerdo con Redtel, la patronal de las grandes operadoras de telecomunicaciones que controla el 90% de los 9 millones de líneas de banda ancha que existen en España. Ahora bien, por mucho acuerdo que se logre, no se podrá hacer nada si el tema no se incorpora a nuestro ordenamiento jurídico, con el respaldo de los partidos y el parlamento. Eso sí, lo que no parece es que se vaya a un modelo drástico de desconexión para los piratas reincidentes, tal y como se ha sugerido en algunos ámbitos. Todo lo más, se podría llegar a un sistema similar al de Francia, donde un consejo estatal primero advierte tres veces al usuario que intercambia masivamente archivos protegidos por copyright, para luego sancionarle en caso de que reincida. Otra posibilidad, quizás más amable, consistiría en una reducción de la velocidad de descarga para el pirata o, incluso, en un filtrado de los contenidos procedentes de las redes P2P.
Será un debate político y social difícil, ya lo digo, pero necesario e inaplazable.
CINE
La cuesta de enero
Se equivoca quien piense que los sectores económicos vinculados al ocio y la cultura resisten mejor que otros la crisis. Lo digo por la difícil cuesta de enero que está sufriendo el sector audiovisual en todo el mundo. Por ejemplo, en los Estados Unidos ya se habla abiertamente de una verdadera parálisis en la industria, con caídas del 11% en las ventas de DVD, reducciones en las producciones previstas, recortes presupuestarios y negociaciones a la baja en los contratos. Muy grave es, sin duda, la caída en las ventas de DVD, ya que este segmento del negocio ha compensado en los últimos años las perdidas de ingresos en taquilla de las películas. Ahora bien, tampoco se olvide que el mercado de los DVD es ya un negocio maduro, tal vez declinante y cada vez más amenazado por las descargas digitales y el cambio al nuevo formato Blu-ray.
En cuanto a las producciones, no es ningún secreto el recorte aplicado 'manu militari' por las 'majors' hollywoodenses, lo cual va a producir despidos en los estudios (100 trabajadores en la Warner), negociaciones a la baja en los contratos con muchas de las grandes estrellas y hasta una reducción de 500.000 a 300.000 dólares por guión completo más revisiones en las retribuciones de los más afamados guionistas.
Tal es así, que ahora los estudios se inclinan por el contrato de participación en el riesgo industrial, similar al firmado por Jim Carrey en su comedia 'Di que sí', mediante el cual los actores y actrices se convierten en inversores, vinculando su salario a los beneficios de cada película. Malos tiempos para la lírica.