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Rompe los acuerdos con el Sur y anuncia que están «al borde de la guerra»
31.01.09 -

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Corea del Norte dispara la tensión para hacerse notar ante Obama
Kim Jong-Il, en una visita a una unidad militar. / REUTERS
Como si fuera el niño travieso de la clase global, Corea del Norte ya se ha hecho notar ante el nuevo maestro. El régimen estalinista dirigido por Kim Jong-Il presentó ayer sus credenciales al flamante presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para que éste no se olvide de que sigue siendo uno de los problemas pendientes. Y lo hizo, además, de la manera más ruidosa posible: rompiendo todos sus acuerdos de paz y no agresión con Corea del Sur.
«La confrontación entre el Norte y el Sur en lo político y lo militar ha llegado a tales extremos que las relaciones intercoreanas están al borde de la guerra», advirtió, a través de un comunicado de la agencia oficial Korean Central News (KCNA), el Comité para la Reunificación Pacífica de Corea. Este órgano, que depende del Partido de los Trabajadores, que controla Corea del Norte, culpó de la ruptura al Gobierno conservador del Sur que preside Lee Myung-Bak.
De esta manera, el régimen de Pyongyang se desmarca del denominado Acuerdo Básico, un pacto de no agresión suscrito en 1991 y que 'anula' la frontera que separa a las dos Coreas en la costa occidental del mar Amarillo. No en vano, dicha demarcación, la Línea del Límite Norte, fue trazada unilateralmente por EE UU tras el final de la Guerra de Corea (1950-53) y no ha sido nunca reconocida por Pyongyang.
Polos opuestos
A pesar de su retórica belicista y sus amenazas a Seúl, el mensaje de Corea del Norte se dirige más bien a Washington, ya que supone un aviso para la nueva Administración Obama. El régimen pilotado por Kim Jong-Il pretende así que la Casa Blanca siga interesándose por la península coreana. Mientras el Sur es una de las economías capitalistas más prósperas del mundo, en el Norte resiste el último régimen plenamente comunista del planeta, aislado por una alienante dictadura militar que ha sumido a su pueblo en la miseria para dotarse de bombas nucleares que disuadan a EE UU de un cambio de régimen.
Por ese motivo, Pyongyang detonó en octubre de 2006 su primer artefacto atómico, lo que, paradójicamente, sirvió para desbloquear las negociaciones. Dichas conversaciones a seis bandas dieron lugar en febrero de 2007 a un acuerdo por el que el régimen de Pyongyang se comprometía a desmantelar su programa nuclear a cambio de reconocimiento diplomático, un millón de toneladas de petróleo y ayuda humanitaria.
Pero la aplicación de tal acuerdo permanece estancada, lo que ha llevado al régimen de Kim Jong-Il a volver a las amenazas para reclamar otra vez la atención de la nueva Administración estadounidense. ¿Bravuconada o diplomacia agresiva? Sólo el tiempo y la tensión lo dirán.
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