La Diputación ha recortado un 33,5% el importe de las subvenciones que tenía previsto conceder al sector forestal en 2009. En concreto, el Departamento de Agricultura ha anulado casi millón y medio de los más de cuatro millones de euros contemplados en el «plan de ayudas» a este colectivo, ideado con el objetivo de incentivar la conservación y desarrollo de los bosques, que en su conjunto ocupan casi el 60% del suelo del territorio. Esta reducción, que desde la institución foral se relaciona con un descenso en el número de peticiones recibidas, coincide con un momento económico que muchos forestalistas definen como de «auténtica debacle» en el sector, que genera unos 3.000 empleos indirectos en Vizcaya y 6.000 en Euskadi.
Lo cierto es que los problemas de este colectivo se remontan a más de una década. Durante este tiempo, la producción, las ventas y los precios de la madera han ido cayendo de forma «constante». Según el último estudio elaborado por las tres diputaciones y el Gobierno vasco, el valor económico de la producción final de esta actividad en Euskadi se ha devaluado en un 57%, hasta situarse en los 52 millones de euros anuales. Más datos: entre 1995 y 2005, el consumo de madera en el País Vasco ha caído en un 21%. Y en los tres últimos años, este descenso se ha agudizado hasta alcanzar unos niveles superiores al 30%. Todos estos indicadores, finalmente, han terminado golpeando al empleo. Las empresas de transformación de la madera, por ejemplo, han sufrido un recorte del 30% en el número de puestos de trabajo.
A groso modo, la pérdida de importancia de esta actividad se puede explicar por las «leyes del mercado», según apuntan distintos propietarios. Es decir, por los precios más competitivos de la madera que llega de puntos tan lejanos como Chile y Finlandia, entre otros lugares. Pero, además, a las dificultades que entraña la ley de la oferta y la demanda se han sumado dos nuevos contratiempos que siembran más dudas en torno al futuro del sector: la crisis económica y, de forma más reciente, el temporal de lluvia y viento de las últimas semanas. «Hay mucho desánimo entre la gente. Plantar árboles ya no es rentable. Y si seguimos así, nadie va a querer invertir en el bosque ni en las empresas de madera», confiesa uno de los cerca de 15.000 propietarios forestales que existen en Vizcaya.
Despidos en las empresas
De esta manera, la caída generalizada en la demanda de madera -acentuada en los ámbitos relacionados con la automoción y la construcción- ha dejado al borde de la quiebra a un importante número de compañías vinculadas a la explotación de los bosques. Hace sólo unas semanas, la situación que atraviesa este colectivo se escenificó en toda su crudeza en dos noticias puntuales: el expediente de regulación de empleo que afectará a los 124 trabajadores de Maderas de Llodio, que en 2004 recibió una partida económica de 1,4 millones de euros del Gobierno vasco para su ampliación, y el despido de 50 de los 130 operarios de la maderera Ebaki, que se encuentra participada en un 24% por la sociedad para la promoción y reconversión industrial (Spri) del Gobierno vasco.
La decisión de recortar las ayudas al sector ya fue adelantada por este periódico hace varios meses, después de que el diputado general, José Luis Bilbao, anunciase su intención de apostar por las grandes obras y relegar programas «menores» para tratar de paliar los efectos de la crisis en Vizcaya. En todo caso, fuentes del Departamento foral de Agricultura aseguran que el descenso en las ayudas se explica por el bajo número de solicitudes recibidas. Así, recalcan que en 2008 -un año en el que se registró un incremento «del 7%» en estas ayudas respecto al ejercicio anterior- se han atendido «el 100% de las peticiones».
Los recortes en las subvenciones -que han llevado al PP de Vizcaya a solicitar explicaciones en Juntas Generales- no se han producido de forma homogénea. El descenso más acusado -más de un millón de euros- se ha registrado en las partidas destinadas a subvencionar a los propietarios privados, que, según medios del sector, gestionan el 80% de la superficie forestal.
Entre muchos forestalistas -que prefieren guardar el anonimato-, esta decisión se interpreta como «un elemento más» en el «progresivo declive» de los forestalistas. Por eso, reclaman «iniciativas» a la Administración que permita frenar el deterioro de este colectivo. «El primer empleo del monte es deficitario. Pero por cada empleo que existe aquí se generan 18 en los sectores posteriores», argumentan. Del mismo modo, también se insiste en el «valor» medioambiental de esta actividad. «Los bosques no sólo producen madera. También sirven para mejorar la calidad de la atmósfera y reducir el efecto invernadero. Y eso es algo de lo que nos beneficiamos todos nosotros», concluye un propietario.
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