El reto era diseñar unas bases para la política lingüística del siglo XXI que suscitase un amplio consenso en la sociedad e impulsara el uso de la lengua vasca. Los miembros de la comisión del Consejo Asesor del Euskera que han elaborado la propuesta junto con el viceconsejero Patxi Baztarrika presentaron ayer el documento 'Euskara 21. Hacia un pacto renovado', con la convicción absoluta de haberlo logrado. Baztarrika adelantó que cualquiera que sea el color del futuro Gobierno vasco deberá apoyarse en este plan porque cuenta con el visto bueno de diferentes sensibilidades ideológicas y políticas. Las claves son la búsqueda de acuerdos -«a través de la persuasión, con firmeza democrática y sin maximalismos ni imposiciones»-, la adhesión de la ciudadanía y adecuar las políticas a la realidad sociolingüística de cada zona. «Esto es lo que exige la sociedad», destacó en referencia al texto, la apuesta en la que se ha volcado este área en manos del PNV.
La viceconsejería de Política Lingüística está tan segura del éxito de su propuesta por una razón simple: sentó en la mesa de debate a expertos de actitudes hacia al euskera muy distanciadas, y consiguió un texto consensuado. «Ha requerido un gran esfuerzo de integración de muchos puntos de vista. Hemos logrado llegar a acuerdos entre verdaderos 'militantes' del euskera y representantes del PP. No hemos negociado, nos hemos convencido», resumió Baztarrika, que hizo gala ayer de un gran entusiasmo por el grado de aceptación del documento. El texto, elaborado por una comisión del Consejo Asesor del Euskera liderada por Aurelia Arkotxa, Lore Erriondo, Alberto López Basaguren, Eneko Oregi, Pello Salaburu, Erramun Osa y Patxi Baztarrika, recoge aportaciones de expertos de diferentes ámbitos, ciudadanos, y agentes sociales y políticos, durante un proceso de reflexión que ha durado un año.
El debate no ha sido fácil, dejaron entrever los miembros de la comisión, en un contexto en el que la exigencia del euskera para ocupar plazas en la Administración y su impulso en la escuela ha suscitado el rechazo de diversos sectores. «Hemos logrado un lenguaje común entre el 'talibán' y el que habríamos denominado hasta ahora 'antivasco' por su postura alejada del euskera», comentó Eneko Oregi. «Se ha llegado a un acuerdo profundo después de largas horas de discusiones, un pacto para sentar las bases que permitirán a los gobiernos diseñar con éxito las futuras políticas lingüísticas. Los sectores que no se acojan a estos fundamentos de consenso será difícil que mantengan los discursos que sostenían hasta ahora... », añadió López Basaguren.
Pello Salaburu describió el punto de partida: «Esta es una sociedad muy compleja y se trata de un tema sensible, por lo que habrá que buscar siempre el consenso, acuerdo y respeto mutuo para lograr el pacto». El documento aboga, destacó, por adaptar los ritmos de implantación de cualquier medida a la realidad sociolingüística de cada zona.
Hay un ejemplo de que las reglas del juego se han marcado ya: la reforma de modelos lingüísticos que proponía la consejería de Educación en manos de EA. El propio PNV puso el veto a la propuesta de Tontxu Campos, porque el consejero dio la espalda al documento de Política Lingüística. A la iniciativa ya le han hecho guiños desde el PSE. Los socialistas vascos apuntaron que respaldarían un modelo educativo que se apoyara en las recomendaciones del Consejo Asesor del Euskera.
Adhesión ciudadana
El documento que presentó ayer la viceconsejería de Política Lingüística en San Sebastián responde a una pregunta: ¿Qué hay que hacer para que el euskera avance? «Hay que conseguir un consenso social y político mayor que el actual», resumió Baztarrika. «Una condición imprescindible porque en una sociedad plural como la nuestra las cuestiones lingüísticas inciden en la convivencia», advirtió. La propuesta de los expertos del Consejo Asesor destaca la necesidad de lograr la adhesión de los ciudadanos por medio de la persuasión, hacer atractivo el euskera, alejarlo de los «avatares y peleas políticas», y marcar unos ritmos adecuados y objetivos alcanzables.
El documento avala la necesidad de que exista «una política lingüística». «No hay más que comparar la situación en el País Vasco con Navarra e Iparralde», apuntó el viceconsejero. Una política flexible, dijo, pero que exigirá un esfuerzo a los ciudadanos. «No resultaría viable un compromiso que forzara la voluntad y la capacidad de la mayoría de la ciudadanía, pero tampoco sería aceptable no apostar por la lengua más débil. Todos deberemos movernos de nuestras posiciones, pero un poco más aquellos sectores sociopolíticos que hasta ahora se han mantenido alejados del euskera», concluyó.