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30.01.09 -

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E l documento 'Euskara 21', fruto de un periodo de reflexión que ha implicado a expertos multidisciplinares, agentes sociales y políticos, tiene la virtud de devolver el euskera al espacio obligado de toda política lingüística que persiga la integración: el consenso. Sin complicidad social y sin un respeto escrupuloso por los derechos individuales de los ciudadanos, cualquier estrategia estará condenada al fracaso y, lo que es peor, se convertirá en un elemento fraccionador. La gestión del trabajo presentado ayer en San Sebastián, un lento proceso de maduración hasta encontrar unas mínimas bases sólidas y mayoritariamente asumidas, debería alentar en los dirigentes políticos un espíritu de confluencia similar al que propiciaron, hace más de un cuarto de siglo, los acuerdos de normalización lingüística. En este tiempo se ha producido un espectacular avance del idioma en el sistema educativo, incluido el universitario, y en los servicios de la Administración y se ha desarrollado una red de medios de comunicación en euskera, así como una específica industria editorial y de ocio. Pero este creciente conocimiento de la lengua no se ha traducido en su 'socialización' y corre el riesgo de convertirse, fuera de sus ámbitos históricamente naturales, en un idioma académico y funcionarial, pero sin fibra ciudadana.
La eclosión del euskera como lengua coloquial es, desde hace años, el gran objetivo de las autoridades lingüísticas. Y más desde que el Consejo Asesor denunciara la incapacidad del sistema de modelos implantados en la enseñanza para lograr ciudadanos bilingües. Un diagnóstico que el Gobierno vasco, durante esta legislatura, ha interpretado como un mandato apresurado y puramente ejecutivo, sin importar que proyectos y decretos brotaran sin el deseable respaldo mayoritario y transversal. Este empecinamiento 'normativo' ha herido sensibilidades, abierto frentes y minusvalorado, a los ojos de muchos ciudadanos, e l castellano, uno de los dos idiomas cooficiales del país y conocido y hablado por toda su población. 'Euskara 21' puede ser un buen punto de partida para recuperar ese consenso social y político imprescindible. Siempre que se respete su esencia integradora y el afán incluyente y no discriminador del que, según sus firmantes, surgen sus recomendaciones e iniciativas, y que las metas temporales no se conviertan en una obsesión.
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