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Economía

protesta contra la crisis

Dos millones y medio de franceses salieron a la calle en protesta por la crisis en una jornada de huelga general que no consiguió paralizar el país

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Clamor sindical contra Sarkozy
Manifestantes disfrazados de Carla Bruni y Nicolas Sarkozy, durante la movilización de ayer en Marsella. / REUTERS
Más de dos millones y medio de personas, según los sindicatos, se manifestaron ayer por las principales ciudades de Francia contra la política del Gobierno de Sarkozy frente a la crisis económica. El cálculo policial rebaja a un millón la cifra de manifestantes. Los cerca de 200 desfiles sindicales organizados en todo el país fueron los más nutridos de los últimos veinte años, a juicio de las centrales convocantes de una jornada de huelga general que encontró menor eco en los centros de trabajo que en la calle.
El paro afectó sobre todo a la enseñanza pública, donde fue secundada por la mitad del profesorado, y a los transportes colectivos, aunque sin llegar al 'jueves negro' temido por los usuarios. En París circularon el 85% de autobuses y tranvías así como el 75% de los metros, mientras las dificultades se centraron en los trenes de cercanías y se cancelaron numerosos vuelos. En el sector privado, la mayor incidencia se focalizó en los sectores automovilístico, bancario, distribución y telecomunicaciones.
«La crisis son ellos, la solución somos nosotros». «Los trabajadores no tenemos que pagar por los banqueros». Las consignas de pancartas y gritos dan el tono de las multitudinarias marchas en las que proliferaron las máscaras y caricaturas de Sarkozy. «Lárgate, pobre gilipollas», la célebre frase del presidente a un agricultor hostil captada en un ferial por un micrófono indiscreto, fue asumida por muchos manifestantes dirigida, esta vez, a su autor. «Demasiada política-espectáculo; escasez de actos para los asalariados» se leía en un cartel exhibido en Lyon.
La convocatoria unitaria de las ocho principales fuerzas sindicales galas resultó un clamor en defensa de los salarios, del poder adquisitivo y de los servicios públicos. El primer desafío social desde el inicio de la recesión lanzó una advertencia a Sarkozy sobre la impopularidad de su política frente a la crisis económica y financiera.
26.000 millones de euros
Los sindicatos exigen medidas a favor de los salarios y el empleo ante la cerrazón del Gobierno a toda estrategia de reactivación basada en la demanda y el consumo. Sarkozy se ha decantado por favorecer la inversión con 26.000 millones de euros para proyectos de infraestructuras y adelantos de tesorería de las arcas públicas a las empresas.
«Es un acontecimiento social de gran importancia, no un ramalazo de ira pasajero, que tendrá continuidad», advirtió Bernard Thibault, secretario general de la CGT, que el lunes va a proponer en una reunión intersindical prolongar la movilización. Jean-Claude Mailly, su colega de Fuerza Obrera, recordó que a comienzos de febrero está convocada una entrevista con el presidente de la República acerca de la agenda social. «Hay que transformarla en una respuesta a las reivindicaciones pues sería irresponsable no hacerlo cuando hay semejante movilización», valoró.
Pero desde el poder se lanzaron mensajes de firmeza en la política reformista, tanto en los ritmos como en su contenido, sin caer en provocaciones contra el derecho de huelga o la legitimidad de la protesta. «El Gobierno no va a renunciar a reformar un país que lo necesita», dijo el ministro de Educación, Xavier Darcos. «Hay que guardar la sangre fría en este período de gran tempestad», insistió el titular del Presupuesto, Eric Woerth, parafraseando a Sarkozy quien, por primera vez en mucho tiempo, dejó en blanco su agenda atrincherado en una especie de paro técnico en el palacio del Elíseo, que únicamente rompió a última hora para emitir un comunicado oficial, en el que el presidente francés reconocía que «la inquietud que provoca la crisis es legítima» y prometía «escucha y diálogo» para acordar el programa de reformas a acometer este año.
Regreso del PS
En el plano político destacó el regreso del Partido Socialista a primera fila de las movilizaciones callejeras, de las que llevaba mucho tiempo oficialmente ausente. «El PS está en su sitio cuando sale a la calle porque Francia va mal y los franceses sufren», alegó Martine Aubry, su primera secretaria, en respuestas a las acusaciones de recuperación del malestar social proferidas por la derecha. «Se prepara una forma de caos porque el Gobierno se empeña en liberalizar y deshacer el modelo social cuando habría que reconstruir las protecciones», señaló Benoît Hamon, portavoz del principal partido de la oposición.
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