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Vizcaya

Psicosis de inundaciones

La crecida del martes vuelve dejar en evidencia la falta de seguridad en los municipios más expuestos a los temporales

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Cada vez que llueve se mojan los mismos. Vale que a todos nos salpican los charcos, pero es que algunos se encuentran cada dos por tres con el agua al cuello. Los cauces embravecidos por la lluvia del Nervión, el Ibaizabal, el Gobela, el Cadagua y otras cuencas vizcaínas menos caudalosas siguen representando una seria amenaza para los vecinos que se asoman a sus orillas. Están hartos de tener que sacar el coche del garaje a la carrera y de limpiar de barro lonjas, comercios e incluso sus casas cada vez que llueve más de la cuenta y el río se desborda.
Dicen en el Gobierno vasco que el sufrimiento de esta gente es real pero que no va ser para siempre, porque tiene planes en firme para ensanchar y limpiar de obstáculos el recorrido de estos ríos tan sensibles a las crecidas. No lo son más que otros cauces. La diferencia es que aquí no se han hecho aún las obras de encauzamiento que tan necesarias se demostraron cuando la violenta riada del 83 anegó la provincia y dejó en dramática evidencia que los vizcaínos que viven mirando al río no están ni mucho menos seguros.
La Agencia Vasca del Agua (URA), organismo dependiente del Ejecutivo autonómico y responsable de los trabajos de encauzamiento, anuncia que en algunos puntos la entrada de las máquinas es cuestión de «semanas o meses». Pero los vecinos que viven con el temor a las inundaciones y las sufren como las sufrieron el martes llevan oyendo «la misma cantinela» demasiado tiempo.
Advierten en URA de que se trata de proyectos complejos con procesos expropiatorios que se alargan hasta hacer perder la paciencia a cualquiera, pero insisten en que todos los planes de encauzamiento siguen adelante. Y recuerdan que desde 1983 no han estado de brazos cruzados y que ya han llevado a cabo importantes actuaciones en La Peña, en Bermeo, en Miraballes...
-Pero queda trabajo para rato.
-Sí. Vizcaya tiene una orografía complicada, con montes de mil y pico metros cerca de la costa por donde los ríos bajan con mucha pendiente y crean fuertes escorrentías. Además desde los años setenta hemos estado urbanizando los cauces y los ríos no tienen por donde respirar.
Y cuando el cauce se ahoga, sale por donde puede y no mira lo que se lleva por delante. El martes las intensas lluvias volvieron a desquiciar a mucha gente y especialmente a los vecinos de Getxo, Basauri, Bilbao y Alonsotegi, cuatro municipios expuestos a las imprevisibles y cada vez más frecuentes crecidas -se registró otra el pasado 1 de junio- que representan muy bien la problemática que sufren todos aquellos que viven asomados al río.
GOBELA
Getxo
«Esta situación es insostenible»
-La problemática de Getxo parece realmente grave.
-La mayor parte de la gente está a salvo, afirman en URA. En el año 95 se invirtieron 1.500 millones de pesetas en encauzar el río para minimizar el riesgo de crecida en Romo, Santa Ana y la zona baja de Las Arenas. Ahora vamos a entrar al casco urbano y eso exige una cirugía urbanística y el derribo de puentes y equipamientos. Presentamos un proyecto en junio y desde entonces estamos limándolo con el Ayuntamiento.
-En este tiempo la gente se ha visto con el agua por la cintura dos veces.
-Sí, pero Getxo no se inunda como se inundaba antes. Claro que con que a uno le entre agua en casa ya tiene un gran problema.
Pues ejemplos de éstos hay a patadas en Getxo. Ricardo González y Juan Pellón, dos vecinos de Salsidu, ponen voz al drama de muchas familias que se ven indefensas ante las crecidas, incapaces de poner a salvo el hogar en el que han invertido sus ahorros y sus ilusiones. «La situación es insostenible. Esto parece una cloaca, no podemos vivir así, en vela cada dos por tres». Estos dos vecinos y los demás exigen que «se limpie y desbroce el cauce urgentemente».
Es tarea de la Agencia Vasca de Agua, pero la pelota está ahora en el tejado del Ayuntamiento. «Estamos pendientes de que aprueben en pleno el proyecto. En cuanto lo hagan adjudicaremos los trabajos», prometen. En el Consistorio, mientras tanto, se limitan a señalar que «trabajan para aportar soluciones a los problemas» y que no es su «estilo entrar en polémicas que no aportan nada a la ciudadanía».
En todo caso, si el arranque de los trabajos depende de la aprobación plenaria, la espera no será larga, porque la Corporación municipal dará el visto bueno al plan de encauzamiento este mismo viernes. A partir de ahí, la tramitación que resta se alargará «hasta el verano». Entonces arrancarán «las obras más urgentes», que «estarán listas para 2010».
Eso no quiere decir que en un año los vecinos de Getxo dejen a un lado la preocupación de saberse en peligro cuando hay crecida. «Con estas obras urgentes se garantizará que en episodios como los del martes no ocurra lo que ocurrió, pero no se solventará todo el problema de inundabilidad», advierten responsables de URA, que se han fijado como prioridades los puentes de Jolaseta, Leioako Etorbidea y Salsidu. «En estas zonas se ensanchará el cauce y se sustituirán puentes o se recuperarán ojos ciegos», avanzan. A partir de ahí, decenas de actuaciones más que durarán varios años y costarán 20 millones de euros.
IBAIZABAL
Bilbao y los barrios
«Los montes ya no pueden tragar más»
Para obras faraónicas las que están pendientes de hacer en Bilbao: la apertura del canal de Deusto y la construcción de un enorme desagüe subterráneo de 4 kilómetros -con entrada en el barrio de La Peña y salida en Olabeaga- que actuaría como un cauce alternativo en caso de crecida. El primero es un proyecto con fechas: a finales de 2010 arrancarán las labores para dar continuidad a este brazo de ría con la construcción de 380 nuevos metros de cauce que aislarán Zorrozaurre, que dejará así de ser una península en 2012. Como isla será un terreno «más seguro» y también el resto de Bilbao, ya que cuando las aguas bajen embravecidas tendrán dos conductos por los que discurrir: el actual y el canal. El otro proyecto, el del colector, depende del Gobierno central y de momento no está más que enunciado. Hay intención, pero falta concretar plazos y dinero.
Claro que estas promesas a los vecinos de Rekalde no les sirven. El martes sufrieron de nuevo los efectos de las lluvias y en cinco minutos se vieron «con el agua por las rodillas». «Por tercera vez en menos de un año nuestras calles se han convertido en ríos con comerciantes achicando agua, negocios cerrados, gente asustada de un lado para otro, garajes inundados...», se quejan los residentes en El Peñascal, Uretamendi y la calle Gordoniz, que han convocado una concentración para el viernes a las 19.30 horas para denunciar que el Ayuntamiento les trata «como a vecinos de segunda».
Aunque el martes casi todos los ojos estaban puestos en la ría de Bilbao, a los vecinos de Rekalde y alrededores lo que les hizo daño fueron las escorrentías. «Rekalde es un cajon que se va estrechando hacia El Peñascal, le viene agua de la derecha y la izquierda y tiene situacion complicada», reconocía ayer el alcalde, Iñaki Azkuna, quien anunció pequeñas intervenciones para paliar la problemática de los barrios altos de la villa, a los que 'ahoga' el agua que baja por unos montes «ya empapados que no tragan más» y que el martes, «después de cincuenta días lloviendo y de catorce horas de chaparrón, escupían agua». La solución más práctica pasa por «abrir en El Peñascal grandes parrillas que canalicen el agua hacia el Elguera, de manera que no llegue a las calles».
«Se han abierto algunas arquetas y se abrirán más», adelantó el alcalde, quien se confiesa «preocupado» y «ojo avizor» con este asunto.
NERVIÓN
Basauri, Etxebarri y Galdakao
Las obras iban a comenzar en junio
El cauce del Nervión está «colonizado» por polígonos industriales, viviendas y bajos donde se abren negocios o se han habilitado aparcamientos que encorsetan y dificultan el discurrir del río. Por eso cuando llueve como lo hizo el martes, el cauce no da ya más de sí y se desborda.
Los vecinos de Basauri, Etxebarri y Galdakao saben que este río que tanta vida les da es también su peor enemigo, que cuando se enrabieta no hay nada que hacer. Bueno, sí se puede hacer algo, pero eso depende de la Administración, «que no hace más que prometer y prometer y no cumple absolutamente nada», se desespera Manuel Blanco, comerciante de Basauri. La lonja donde guarda el género que vende en la tienda se anega cada dos por tres y él hace el mismo caso a las promesas de los mandatarios que quien oye llover.
El Ayuntamiento de Basauri atribuye toda la responsabilidad al Gobierno vasco. «Llevamos años esperando las obras, especialmente en Ariz, un punto realmente conflictivo donde se unen el Nervión y el Ibaizabal. Tanto el Consistorio como los vecinos demandamos actuaciones inmediatas que no acaban de llegar», insisten. 'Inmediatas' iban a ser el pasado mes de junio, cuando URA anunció la entrada de las máquinas y los operarios en el cauce del río para dragar el fondo y eliminar esos puentes con ojos que «hacen el efecto de presa».
La razón de que, seis meses después de anunciarse unas obras «urgentes», los operarios sigan sin limpiar el lecho del río es que «ha sido difícil dar con un vertedero donde depositar la tierra excavada». Ya lo han encontrado, así que nada debiera obstaculizar el arranque de los trabajos.
La labor será compleja y la Administración la abordará por fases. La primera supondrá más de dos años de obras, costará 12 millones de euros y minimizará el riesgo de desbordamiento del Nervión entre Etxebarri y Basauri, un tramo de 1,6 kilómetros. Después, con mucho tiempo y algunos millones más, se encauzarán los ríos Nervión e Ibaizabal hasta Galdakao. Sólo entonces los 80.000 vecinos que habitan estos tres municipios dejarán de mirar el cielo con preocupación.
CADAGUA
Alonsotegi y la margen izquierda
«Es la historia de todos los días»
Como el Ave Fénix que renace de sus cenizas, los vecinos de la pequeña localidad de Alonsotegi se enfrentaban ayer 'el día después'. «Es la historia de todos los días. Cada vez que llueve con fuerza, el río se acaba saliendo», clama Santiago Luis Rojas, uno de tantos vecinos hartos de limpiar barro. Dice el alcalde, Aitor Santisteban, que la solución a las crecidas en el municipio «no resulta tan sencilla».
«El Cadagua nace en Burgos y para evitar los problemas que vivimos en la parte baja se tienen que producir actuaciones en todo su recorrido. Tengo reuniones todos los meses con la Agencia Vasca del Agua», reconoce el regidor. A lo largo de este año las negociaciones se traducirán, por fin, en actuaciones. O eso dicen, al menos. De hecho, las obras de canalización de uno de los afluentes «problemáticos», el Azordoiaga, comenzarán a finales de 2009.
Lo de este arroyo colea, pero dicen en URA que si no han actuado antes no ha sido por dejadez, sino porque «ha habido problemas de disponibilidad del suelo. Hay que ocupar parte de los terrenos de un ambulatorio». En cuanto este asunto esté solucionado, las máquinas se apostarán en el cauce del arroyo para borrar este 'punto negro' de la red hidrográfica vizcaína, donde también se vigila con preocupación otras zonas de la comarca como Güeñes y Sodupe, muy sensibles a las crecidas.
Pero el cauce de los ríos no es lo único que inquieta a los residentes en Alonsotegi. Además del agua que discurre por el arroyo, las últimas inundaciones les han puesto delante de los ojos otro enemigo: el agua que cae desde el monte. «Antes era más frecuente que sucediera esto, pero la Diputación ha estado plantando árboles y reforestando la zona en los últimos años», apunta Santisteban, quien atribuye los contratiempos a la impetuosidad de las precipitaciones. «Ha estado tanto tiempo cayendo agua que la tierra estaba húmeda y no ha podido absorber las lluvias».
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