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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

Vizcaya

DE CUANDO EN CUANDO

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A mí no se me ocurrió pensar que el ciclón XX -lo llamo así porque llegó sin bautizar- podía dejarme a oscuras. Me di cuenta a las siete de la mañana cuando me desperté y al encender la luz vi (o mejor dicho, no vi) que mi casa estaba sumida en la oscuridad completa. Que nos habíamos quedado sin luz, vaya.
Como estoy preparado para estas contingencias (cuento con un equipo de linterna, velas, palmatoria y cerillas), me procuré rápidamente luz de emergencia, busqué en mi agenda el número de Iberdrola donde suelen dar información sobre las averías eléctricas y allí comenzó el calvario.
Antes, cuando llamaba al teléfono de averías, me atendía una amable voz humana que me daba, sobre todo, el único dato que en estos casos interesa al usuario. ¿Cuánto va a durar la avería? Admito que esto resulte a menudo difícil de cuantificar, pero al menos era un diálogo entre dos seres humanos y se podía obtener algún dato aproximado.
Ahora no. Ahora todo el mundo ha recurrido al dichoso contestador automático y cuando marqué el numero de Iberdrola, me respondió un sonsonete diciéndome que para asegurar la calidad del servicio mi conversación iba a ser grabada. (Yo me pregunto qué tiene que ver la grabación telefónica con la calidad de un servicio, pero sigamos).
A continuación tuve que ir respondiendo a las preguntas del contestador, pronunciando vocablos como un autómata tontorro: «Electricidad», «Averías» y «Bilbao». Y una vez pronunciadas estas tres palabras, otro sonsonete me anunció que en mi barrio había una avería y que se iba a arreglar en el menor tiempo posible.
Lo que a mí me interesaba -sobre todo por lo que se refería al frigorífico- era saber cuanto tiempo (aproximadamente por supuesto) podía durar el apagón. Pero lo único que me dijo el sonsonete fue que se trataba de una avería -eso ya lo sabía yo- y que se iba a solucionar en el menor tiempo posible -que también lo sabía yo-. Total, que me quedé en ayunas y tuve que esperar en mi bendita ignorancia hasta que a las doce y media volvió la energía eléctrica a mi pobre frigorífico.
Delicias de la automatización telefónica.
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