Otra vez. Alonsotegi volvió a ser ayer uno de los municipios vizcaínos más castigados por las inundaciones. La localidad encartada padeció las fuertes lluvias y registró problemas por el desbordamiento del Cadagua desde las siete de la mañana. La crecida anegó el puente viejo que conecta el centro con el barrio de Pertxeta. En este enclave, tres personas fueron evacuadas porque el río volvió a colarse en sus casas. Ya les había pasado en junio.
«Ha sido un caos», aseguraron los miembros de Protección Civil de Alonsotegi, que mantuvieron la vigilancia durante toda la noche. «Esta vez se ha inundado hasta la zona de Ularki. Y eso no es habitual», reconocieron. Aunque no hubo que lamentar heridos, el desbordamiento del Cadagua se llevó varios animales en su recorrido, entre ellos, «cinco burros que le han desaparecido a un ganadero», reveló un agente del servicio de emergencias.
Como medida de prevención tanto el colegio de Azordoiaga como el centro de salud fueron desalojados. «No ha llegado a entrar el agua, pero los accesos han quedado cortados, y nos parecía prudente sacar a la gente», señaló el alcalde de Alonsotegi, Aitor Santisteban. Para el regidor, el momento crítico tuvo lugar a media mañana, cuando se abrió la presa de Artibai. Entonces, el caudal del río subió. «Pero lo peor han sido las torrenteras que vienen del monte», explicó.
Otra complicación añadida fueron los desprendimientos, que cortaron los accesos al pueblo. «Un corrimiento de tierras a la altura de la gasolinera ha impedido que la ayuda de la Diputación llegara hasta las once y media de la mañana», se lamentó Santisteban.
Aunque el Cadagua no se desbordó ni en Balmaseda ni en Zalla, sí lo hizo en Güeñes, donde se registraron dificultades en los núcleos de Sodupe y La Quadra. Allí se retiraron los vehículos de un aparcamiento y el agua se coló en algunos caseríos y bajos. Tampoco se salvó la antigua Nacional-636, cortada en varios puntos a causa de las grandes balsas que se formaron en las inmediaciones de las fábricas de Papelera y Virtisú. Y el acceso por tren tampoco fue sencillo. Las fuertes lluvias originaron averías eléctricas que impidieron a Feve realizar el habitual servicio de cercanías entre Sodupe y Zorroza. La compañía ofreció una lanzadera por carretera para las paradas afectadas.
Campamento provisional
Trapagaran tampoco se libró de los efectos del agua. Desde primera hora, el acceso al municipio por carretera se convirtió en misión imposible. Así, la vía entre los barrios de Zaballa y Ugarte se convirtió en una piscina, igual que el paso desde Elguero, donde se desbordó el Galindo. «Nos hemos quedado aislados. Sólo se podía entrar desde Ortuella y con problemas, porque la A-8 ha estado cortada en dirección a Santander», apuntó la portavoz del equipo de gobierno, Pilar Souto.
Aguas abajo, las consecuencias de las fuertes precipitaciones se dejaron sentir también en Barakaldo. Sobre todo en el barrio de Arteagabeitia, que pagó una vez más su emplazamiento sobre una antigua vega. La escuela infantil tuvo que ser desalojada, al igual que la Casa de Cultura; el agua alcanzó allí medio metro de altura. Se evacuaron también los dos colegios públicos de la zona y se advirtió a los propietarios de algunos garajes para que sacaran a la calle sus coches.
Las riadas formadas en varios arroyos del monte Argalario anegaron la carretera de acceso a El Regato, por lo que el barrio quedó incomunicado. El río Cadagua se desbordó en varios puntos de Zubileta y el Castaños a la altura de Bengolea, donde también se registró un importante corrimiento de tierra.
Entre otros equipamientos, las intensas lluvias obligaron a cerrar el polideportivo de Gorostiza. No así el de Lasesarre, donde el Ayuntamiento de Barakaldo habilitó un campamento provisional, con mantas y alimentos, para un posible realojo de vecinos que al final no llegó.