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El desbordamiento de una presa en Etxebarri inundó la N-634 y obligó a evacuar un polideportivo a la carrera

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Atrapados en el 'tapón' de Basauri
Vecinos de Basauri observan el empuje del río a la entrada de la localidad. / LUIS ANGEL GÓMEZ
El Nervión volvió a convertirse ayer en una trampa para los vecinos que habitan sus orillas. Cien mil personas acostumbradas al tedioso ritual de los días de fuertes lluvias: sacar a la carrera el coche del garaje, sortear las balsas de agua en la carretera, limpiar de barro la lonja... Pero lo de ayer fue mucho peor, especialmente en Basauri y Etxebarri, los dos municipios más sensibles a las crecidas y donde las afecciones son siempre mayores.
Más graves fueron a raíz del desbordamiento de la presa de agua en Etxebarri, que vació un torrente sobre la N-634 a la entrada de Basauri. A las once de la mañana se saturó el colector del pequeño embalse que recoge el agua de la lluvia en la zona de San Antonio, el barrio alto de Etxebarri, y el caudal que no pudo absorber -acababa de romperse también otro colector cercano- cayó ladera abajo a la carretera que comunica Bilbao con esta comarca. Una enorme balsa complicó la entrada a Basauri por el puente de La Basconia, atrapando a numerosos conductores en un tramo que soporta cada día el paso de 40.000 vehículos. Con los semáforos inutilizados, agentes de policía tuvieron que regular la entrada y salida de coches hasta las cuatro y media de la tarde. El «caos» estaba servido.
En los momentos más críticos la Policía tuvo que desviar el tráfico por Bolueta para desatascar el 'tapón' de La Basconia. Para más inri, horas antes se habían cerrado otros dos accesos: los puentes de Urbi y Artunduaga. En Etxebarri tampoco se pudo usar el puente de Sabino Arana, lo que obligó a improvisar un recorrido alternativo para la lanzadera que une Basauri con la estación del metro y provocó un «atasco brutal», según un conductor de la línea. Mientras, en Arrigorriaga cortaron la Bi-625 hacia Bilbao por riesgo de desprendimiento.
Hubo problemas en la carretera y fuera, en las orillas del río, donde se tuvieron que desalojar colegios, alguna vivienda muy asomada al cauce, Mercabilbao y hasta un par de residencias de ancianos de Galdakao. La crecida del Ibaizabal asustó a los mayores de Zuazo, que fueron trasladados a mediodía a otro centro. «Menos mal que estábamos preparados, no como en junio, que hubo que sacarles en pijama y en camillas», respiraba aliviada Anuska Peñalba, directora de la residencia. Un poco más a la carrera evacuaron a los usuarios del polideportivo de San Antonio de Etxebarri, situado bajo la presa que se desbordó. «Estábamos achicando agua y de repente entró un auténtico río. La brigada municipal tuvo que sacar a algunos usuarios», relataba un empleado.
Sumado a todo esto, los problemas de siempre. Decenas de bajos y garajes inundados en Etxebarri, Basauri y Galdakao y «serios destrozos» en Arrankudiaga, avanzaba el alcalde. Y eso que en los puntos más inundables la Policía daba el aviso a primera hora para que se sacaran los coches. Pero ni por ésas. «Tengo medio metro de agua, pero he salvado el género porque lo guardo a altura. Estoy escarmentado», comentaba Manuel Blanco, un comerciante de Basauri que, superado el temido momento de la pleamar, evaluaba los destrozos. Él mira al río y se desespera. «Prometen que arreglarán esto, pero nadie hace nada». Dice la Administración que lo hará pronto. En «unas semanas», aseguran, aunque ya prometieron algo parecido tras la riada de junio.
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