Hay un cambio de talante, de eso no cabe duda. Barack Obama dispone de los votos para sacar adelante su plan de estímulo económico, pero aún así ayer abandonó su feudo de la Casa Blanca y se dirigió al Capitolio para intentar subir a bordo a los republicanos. George W. Bush no hizo eso ni cuando el capitalismo en sí mismo pendía del rescate bancario aprobado en octubre. Entonces se limitó a convocarlos brevemente en la Casa Blanca.
Obama les dedicó ayer la mañana. Una hora para los diputados republicanos y otra para los senadores. Públicamente todos agradecieron su espíritu bipartidista, pero en privado se lamentaron de que era una cuestión de apariencias que no se traducía en sustancia. De hecho, dos testigos contaron al periódico 'Político' que el nuevo presidente se negó tajantemente a ceder en lo que más importa a los republicanos, aumentar la bajada de impuestos, que a su juicio es insuficiente. «Sentiros libres de darme una colleja en la nuca», contaron que dijo Obama, «porque probablemente no voy a adoptar un compromiso en eso».
Para los republicanos, el plan de estímulo económico por valor de 825.000 millones de dólares (625.000 millones de euros) con el que Obama pretende reactivar la economía se reduce a dos críticas: demasiado gasto público y poca reducción de impuestos. Un «círculo vicioso» en el que el líder republicano Eric Cantor identificaba los problemas tradicionales de los programas demócratas, que a su juicio crean «más gobierno y más deuda».
Por el contrario, los economistas más progresistas consideran que el 40% destinado a reducir los impuestos es un desperdicio que no servirá para reactivar la economía. Su propuesta es que ese dinero se destine a programas de inversión a largo plazo. Una postura imposible de reconciliar con la filosofía conservadora de reducir el papel del Gobierno como estado del bienestar.
Planificación familiar
Ciertamente, el plan incluye además de infraestructura pública la construcción de parques y museos, así como partidas para impulsar la banda ancha de Internet en zonas rurales o extender la planificación familiar. La portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, aceptó retirar esta última propuesta a petición de Obama. Con todo, nadie espera que la visita del presidente haya convertido los corazones republicanos. Sus líderes han advertido que no votarán hoy en favor del plan con que EE UU y el mundo esperan enfrentar una crisis de dimensiones colosales.