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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Bilbao Basket

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El iurbentia sigue invicto en Europa tras ganar al Artland en un partido en el que su autoridad y el cansancio erradicaron la brillantez

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Comenzar el 'Last 16' con una victoria era el mínimo exigible al iurbentia. Misión cumplida y nada que reprochar. Otros que pensaban distinto ya no estaban ayer en la parrilla de salida camino de la meta de Turín. Pero siempre se quiere más. Es ley de vida. Cuando enfrente está un rival netamente inferior, al que se le supera en todas las facetas del juego, bien por diferencia de calidad o porque no tiene su día, hay que buscar un golpe sonado. Puede ser necesario en caso de tener que recurrir a 'averages' al final de esta historia de seis entregas. También sirve como aditamento individual, para que cada cual alimente su ego de cara a la competición doméstica. Sacarse partido es una virtud. Y todo ello se resume en el efecto mediático que conllevan los partidos redondos. El de ayer, en ese aspecto, se quedó simplemente en ovalado.
El atenuante va incluido en el lote. Primero, e indiscutible, el cansancio. Mientras los hombres de negro cerraban su tercer partido en seis días, el Artland Dragons sólo jugó el sábado tras haber gozado de asueto la semana anterior por la disputa del partido de las estrellas en la Bundesliga. Además, la desigualdad de potencial acabó por volverse en contra hasta convertir la receta en un engrudo de difícil digestión. En situaciones similares, la mente deja de escudriñar lo que aparece reflejado gráficamente en el libro de estilo. Más, cuando el rival se mueve por espasmos, difíciles de detectar o predecir. Y si a eso se le añade que el disco duro puede estar ocupado por archivos ajenos al juego, el marco barroco queda convertido en una mera lámina de protección de metacrilato. Rácano ejercicio de autoridad, en suma, aunque se salvara el listón al primer intento, que efectivamente es lo que cuenta.
Partidos como el de ayer son los que hacen bueno el apellido de trampa. Posiblemente, al Fortitudo Bolonia le pasó algo de ello en la primera fase, cuando se embriagó de lógica hasta llegar a despreciarla. Qué más querían los dragones que ocultar su fuego sin por ello evadirse del partido. El 10-2 de salida casi monopolizado en ataque por Pasalic -el día que sea más duro cerca del aro alcanzará el estatus de gran jugador- y la renta máxima de 17 puntos (32-15) tras un par de zarpazos de Savovic y Paco Vázquez en el segundo cuarto, engendraron el mal en el equipo local. Se creyeron los hombres de negro lo que son, pero no lo demostraron más que a base de salpicaduras. Un complejo de superioridad de manual de psicología.
Aceptados todos los condicionantes habidos, el desenlace debió alejarse de una cierta apretura en la recta final del choque. Tanto que las onomatopeyas sonaron a coro en La Casilla cuando a base de un espíritu kamikaze y de las facilidades dadas por el peso de las piernas y ciertos lapsos mentales de los de casa, el Artlanda se colocaba a dos puntos con posesión de balón a falta de casi siete minutos para el final.
Sólo entonces surgieron dos nuevos bofetones, de Recker y Salgado desde la línea de tres para volver a poner las cosas en su sitio. Fue como si ambos se lanzaran a por la cazuela cuando la leche estaba superando el borde por su exceso de ebullición. Aunque las distancias no contaron ya con más elasticidad, sí se mantuvieron más o menos constantes evitando con ello un accidente más serio que una simple faena de chapa y pintura.
Aliento ahumado
Cansado física y mentalmente, el iurbentia recibió el premio de la tómbola, pero así, a pelo, en una bolsa de plástico prevista como embalaje. Con un poco más de intensidad, concentración, decisión y serenidad, el envoltorio habría realzado el presente. Los números hay que tomarlos con cierta precaución. Como la actuación de Pasalic, por ejemplo. El pívot croata acabó con buenos porcentajes y dobles figuras (16 puntos y 11 rebotes), pero se dejó en el granero mucha leña sin cortar. No estuvieron los hombres de negro tocados en esta ocasión por una dirección con criterio y holgura de sus bases, pero ambos desatascaron el ataque con dos importantes triples, mérito exiguo no obstante. Markota aportó trabajo interior interesante rapiñando rebotes que se colaban y colgándose del aro, pero no evitó, junto a sus compañeros interiores, que las necesidades tácticas de determinados momentos fueran paliadas con la presencia de Lewis como 'cuatro'.
Siete de siete. Intachable la trayectoria europea del iurbentia. Es, sin duda, con lo que hay que quedarse a la espera de que lleguen tiempos si no mejores sí al menos con mayor fluidez en el juego. Sin olvidar que no hay enemigo pequeño. Los dragones de Artland parecían lagartos a las ocho de la tarde y acabaron ofreciendo un aliento ahumado una hora después. Precaución.
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