Un rocambolesco suceso despertó ayer a la localidad cántabra de Castro Urdiales. Ocurrió a las seis menos cuarto de la mañana, pero no se conoció hasta casi dos horas después, cuando dos escoltas denunciaron ante la Guardia Civil del municipio que habían sido tiroteados por una tercera persona al salir en coche de un garaje, ubicado en la calle Ocharan Mazas, en segunda línea de la playa de Brazomar, en el centro del pueblo. En un primer momento, se especuló con que podía tratarse de un atentado terrorista, pero esta hipótesis quedó descartada.
Los dos guardaespaldas son amigos, ambos están contratados por la empresa de seguridad privada Sabico y protegen a un concejal socialista de la localidad vizcaína de Sestao y a otro de Trapagaran, respectivamente. Según coincidieron en explicar ambos ante los investigadores, se montaron en el 'Toyota Auris' de uno de ellos y cuando iban a abandonar el subterráneo, un individuo que, según algunas fuentes podía ir encapuchado, les apuntó desde una distancia de ocho metros y apretó el gatillo, indicaron ayer desde la Delegación del Gobierno en Cantabria.
De los dos profesionales, sólo uno iba armado y estaba de servicio en ese momento. Probablemente, se dirigía a recoger a su protegido. El escolta sacó su pistola reglamentaria y respondió a la agresión también a tiros, siempre según su declaración ante la Guardia Civil. Pese a la gran cantidad de disparos efectuados, ninguno de los dos acompañantes ni el supuesto pistolero resultaron heridos.
Impactos dispersos
La zona donde se produjo el tiroteo, que concentra varios locales de hostelería, quedó acordonada. Cuando los bares ubicados en los alrededores empezaron a subir sus persianas y los vecinos salieron de sus casas para ir a trabajar, se encontraron con que el paso estaba cortado.
En interior del garaje, agentes del Departamento de Criminalística del instituto armado recogían en el suelo y en el capó del vehículo un total de siete casquillos, todos ellos de munición nueve milímetros parabelum. Tres de los cartuchos pertenecían a la pistola del escolta y el resto, cuatro, a un arma distinta, todavía no identificada.
El coche en el que viajaban los dos guardaespaldas presentaba cuatro impactos de bala en puntos «dispersos» de la carrocería, indicaron desde la Delegación del Gobierno. Una vecina de la zona asegura que escuchó al menos tres ruidos que le parecieron disparos, y al cabo de «unos diez minutos», otros tres.
A raíz del misterioso incidente, la Guardia Civil ha abierto una investigación, que baraja como primera hipótesis que los dos jóvenes fueran atacados por una tercera persona. Los investigadores esperan poder esclarecer la extraña secuencia de hechos en los próximos días.