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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

elecciones vascas

Asegura que la labor de los socialistas vascos en la tregua será recordada como «una página de amor a Euskadi»

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Zapatero dice que López será quien decida las alianzas del PSE tras las elecciones
Zapatero y López saludan a los militantes socialistas en un abarrotado Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Los socialistas vascos se entregaron a José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente del Gobierno hizo lo propio con Patxi López. Pocas veces el candidato a lehendakari del PSE ha recibido en público una retahíla de elogios similar a la que se llevó ayer del Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. El jefe del Ejecutivo acudió a la capital guipuzcoana para hablar de la crisis económica y para mandar sutiles mensajes envenenados al Partido Popular. Pero, sobre todo, para alabar la «entrega titánica» de López y respaldar el «cambio sensato» que, vaticinó, se producirá tras las elecciones del próximo 1 de marzo.
Zapatero y el líder del PSE compartieron escenario a poco más de un mes de la cita con las urnas. No será la última vez. Salvo sorpresas de última hora, es más que probable que el presidente del Gobierno visite Euskadi en otras dos ocasiones antes del 1-M con un objetivo claro: aprovechar su 'tirón' para reforzar la candidatura de López en los comicios más ajustados de los últimos años.
Y a eso se dedicó ayer. Los guiños de Zapatero a López fueron constantes. Ambos buscaron que se visualizase su sintonía personal, su 'química' y complicidad, una fórmula para intentar desbaratar uno de los principales argumentos de sus adversarios: el de que el PSE no tendrá autonomía para pactar tras las elecciones porque la decisión final la adoptará la dirección federal del PSOE, que no permitirá a López llegar a Ajuria Enea si ve que peligra el apoyo del PNV en Madrid. Para disipar todas las dudas, Zapatero fue tajante. «Patxi López va a decidir, lo hará bien y tendrá mi apoyo incondicional», afirmó el jefe del Ejecutivo ante los aplausos de los presentes y la atenta mirada de la cúpula del PSE.
Lo explícito de esta declaración contrastó con la extrema cautela con la que trató las posibles alianzas postelectorales. En realidad, ni las mencionó. Evitó el terreno embarrado y no quiso pronunciarse sobre hipotéticos acuerdos con el PNV o con el PP. Sólo afirmó que el simple hecho de que se le pregunte por este tipo de cuestiones demuestra que todo el mundo es consciente de que será el candidato del PSE el que acabe ganando las elecciones. Un argumento que redondeó con una frase rotunda: «Patxi López va a ser lehendakari».
Sin apelaciones al PNV o a Juan José Ibarretxe y arrancando su discurso -al igual que López- con un recuerdo a los niños fallecidos en Sant Boi al desplomarse el polideportivo en el que se habían refugiado del temporal, Zapatero se centró en destacar la figura del líder del PSE que, en su opinión, quiere «un cambio sensato» y considera «a todos los vascos por igual». A partir de ahí, una sucesión de piropos. «Me gusta el estilo de Patxi López, sencillo, que no echa broncas a nadie ni se considera el más listo ni el mejor vasco», alabó.
Simbolismo
La ristra de elogios no terminó ahí. «Respaldo su forma de trabajar; sabe mucho del compromiso con los trabajadores», ensalzó un Zapatero que miró fijamente a López para seguir dándole ánimos. «Lo vas a conseguir. Es lógico que te critiquen. Saben que la gente te quiere y que cada día lo hace un poquito más». Para rematar la faena y subrayar su complicidad, el presidente del Gobierno aseguró que «nos entendemos muy bien, pensamos igual».
Pero todavía guardaba una carta. Quizá la más simbólica. A escasos metros del propio López y de Rodolfo Ares -los dos se sentaron hace días en el banquillo de los acusados por reunirse con Arnaldo Otegi-, así como de Jesús Eguiguren, Zapatero recordó lo sucedido durante el fallido proceso de paz, el «esfuerzo de entrega titánico, a veces incomprendido, a veces injustamente criticado» del PSE para lograr el fin del terrorismo. En un tono emotivo, resaltó que ese afan «pasará a la historia» como «una de las mejores páginas» del socialismo y de «amor a Euskadi y a la libertad».
Sin mencionar directamente a D3M y Askatasuna, Zapatero arremetió contra «los cobardes» que sostienen que no se pueden defender todas las ideas en Euskadi. «Representar ideas es incompatible con callar o con secundar la violencia», afirmó el líder del PSOE, que quiso trasladar un mensaje de confianza a los empresarios que impulsan el Tren de Alta Velocidad en el País Vasco mientras en la puerta del teatro la izquierda abertzale convocaba una pequeña protesta que transcurrió sin incidentes. «El Gobierno no va a dar ni un paso atrás», auguró Zapatero.
Y, como no podía ser de otra manera, también habló de la crisis, Se mostró convencido de que España saldrá de ella «con fuerza» e hizo una encendida defensa del optimismo como medicina para superar las dificultades. Asimismo, pidió al PP que abandone el fatalismo y «arrime el hombro» si «tiene tiempo», en alusión a los problemas internos de los populares.
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