Hija de padres daneses, ha heredado esa belleza nórdica y sofisticada -tiene un cierto parecido a Nicole Kidman sin botox- que le hace parecer distante. Es amable, educada, culta... acumula la experiencia de una multifacética carrera musical que comenzó en la adolescencia y a sus 44 años conserva un enviadable aspecto de eterna juventud y las ganas para ir de concierto en concierto (actúa el 6 de febrero en Bilbao). Tiene un aire de dama medieval, delicada y frágil. ¿Inaccesible? No, tímida.
-La relación con la Movida madrileña, ¿un poco Lolita, no?
-La Movida madrileña la vivieron mis hermanas mayores. A mí me pilló de refilón. Tuve un grupo muy jovencita a los 15 años y actué en algunos locales... Todavía iba al colegio, así que no viví lo que cuenta la gente.
-En 1988 participó en el Festival de la OTI con el dúo Alex y Christina. Tenía entonces una imagen de princesita traviesa y dulce...
-Ja, ja... En el 87 formamos el dúo Alex de la Nuez y yo. Salió el primer disco. Fue muy oído... La mayoría de las canciones me siguen gustando, aunque la producción es muy ochentera.
-Luego apareció con 'look' de roquera e incluso hizo de mujer fatal en un videoclip en el que conducía un descapotable mientras cantaba «dile a papá que me voy de la ciudad».
- Y fue un éxito. Durante la época de Alex y Christina escribía y tocaba algo la guitarra, pero yo era muy tímida y muy insegura y me costaba enseñar mis canciones. Hubo un momento en que la historia del dúo se acabó, porque nos llevábamos muy mal. Entonces me hice la fuerte y me puse al frente.
-Y dejó de vender...
-El éxito comercial estuvo muy bien. Pero, cuanto más avanzaba como músico, menos discos vendía. Ya era una chica menos ingenua, menos feliz. Mis letras tenían claroscuros.
-Entonces, se lanzó a la aventura, a Nueva York.
-En principio era una aventura que iba a durar seis meses. Y se transformó en casi cinco años. Tenía una banda, hacía giras por clubes y sacaba discos...
-Hasta Lou Reed fue a verla.
-Sí. Eso es una leyenda...
Se oyen protestas infantiles: «Me ha cogido mi boli y lo ha tirado al suelo»... «Es que acaba de llegar el pequeño» (se disculpa). Tiene dos hijos, Kay de 4 años y Willem, de 9 años, de su matrimonio con el escritor Ray Loriga.
-¿Cómo lleva esto de la maternidad y la música?
-Como cualquier mujer trabajadora, sacando horas de donde no las hay. Haciendo combinaciones imposibles, pero se puede. Estoy com mis hijos cuando llegan del colegio, un lujo que muchas madres no pueden permitirse.
Más lloros. Atiende al pequeño. «Mira, te voy a poner Pocoyo», le dice. «Vuelven del colegio como fierecillas», se vuelve a disculpar.
-Tranquila, ya me acuerdo de los míos... Hablábamos de Lou Reed.
-Lou Reed... Me dijo que le había gustado mucho. Estuvo muy, muy amable. Sin embargo, años después me lo encontré en otro local y fui a saludarle y ya no se acordaba de mí, ni de haberme visto, ni nada de nada... (risas).
-¿Se ha sentido alguna vez como un icono sexual?
-Ja, ja... Vivo en una dualidad. En mi vida normal, cuando voy en bicicleta con los niños, te aseguro que no soy muy distinta de cualquier madre que pasea por el parque. En el momento que te subes a un escenario encarnas otro tipo de personaje. Pero tengo muy claro dónde acabo yo y dónde empieza el espectáculo.
-¿Por qué regresó a Madrid?
-Nueva York es una ciudad muy dura. Una se ha acomodado a la vida burguesa europea, que está tan bien armada. Vivir fuera de esto, la sanidad, la educación... Es mucho más complicado, sobre todo con niños pequeños.
-En Estados Unidos vivió la era Bush y el 11-S.
-Estaba allí cuando Bush ganó las elecciones. Fue un pucherazo moderno. El 11-S sucedió en el barrio donde trabajaba... Desde el principio una parte importante de la población y la clase intelectual se llevó las manos a la cabeza.
-¿Le ilusiona Obama?
-Los americanos tienen esa cualidad. Son muy ingenuos. Entonces, con esa ingenuidad son capaces de hacer cosas que con cierta perspectiva histórica parecen imposibles. Por otro lado, eso mismo, a veces, les lleva de cabeza al desastre. En este momento puede jugar a favor. Soy optimista con Obama.
-¿Qué música le pondría?
-No sé... tradicionalmente la música pop es de izquierdas. La música 'underground' siempre es de izquierdas.