«Un candidato idóneo debe reunir tres requisitos: ser un hombre de fútbol, conocer la estructura federativa y, sobre todo, que represente el consenso». Ésta es la carta de presentación de Santiago Aróstegui, que el próximo 28 de enero tomará el relevo de Iñaki Dobaran como presidente de la Federación Vasca de Fútbol, convencido de que reúne «las tres». En sus tiempos mozos fue «delantero centro de trece goles por temporada», asesor jurídico federativo durante los doce años de mandato de Laurentzi Gana y su plancha representa a los tres territorios -siete vizcaínos, cuatro alaveses y tres guipuzcoanos-. Y sobre su mesa, la 'patata caliente' de la denominación de la selección.
-Entra justo después de la tormenta por el nombre de la selección. Ahí van a estar los focos.
-No debería, pero tiene un gran impacto mediático. Es una cuestión que a nosotros nos preocupa porque realmente es un serio contratiempo para la economía de la Federación y un retroceso importante en el camino recorrido.
-La pregunta del millón: ¿Euskadi o Euskal Herria?
-La polémica en sí me parece bastante estéril. Cada uno puede reflejar sus sentimientos respecto a la selección de Euskadi como le plazca, independientemente del nombre, pero desde que se fundó la Vasca jamás se planteó una cuestión de este tipo.
-¿Cómo lo vivió desde fuera?
-Como observador imparcial y ajeno, lo que uno ve es que en un año se han producido dos decisiones al respecto de signo contrario. La segunda de ellas rectificando la primera. Quizás la que necesite alguna explicación sea la primera porque rompe con la denominación tradicional de la selección de Euskadi, que coincide con el nombre oficial de la Comunidad.
-¿Demasiada política en el fútbol?
-Las cuestiones de índole política tienen sus cauces de expresión y las de índole deportiva el suyo. Nosotros nos vamos a preocupar exclusivamente de las últimas.
-¿Se atreve a decir si habrá este año partido amistoso?
-Lo que no vamos a hacer, desde luego, es regatear ningún esfuerzo por recuperar la tranquilidad que había hasta ahora. Siempre se había celebrado, se había empezado a utilizar una fecha FIFA, había expectativas de introducir alguna más... Esto puede suponer un retroceso porque quizás ahora buscar adversarios para Euskadi sea una dificultad añadida.
-¿Es la oficialidad un objetivo de la Federación?
-Hay que admitir que, desde el punto de vista exclusivamente deportivo, hay limitaciones. En este sentido es prácticamente imposible, hay que ser realistas. Ya hay iniciativas parlamentarias para ayudar por la vía política, pero nosotros pertenecemos a una estructura, que es la Federación Española, queramos o no, y lógicamente tenemos que respetar sus normas. Ahí tenemos que ser leales y honestos.
«Dar voz a la asamblea»
-¿Seguirá San Mamés como sede?
-Lo deseable sería rotar entre los tres territorios, pero cuando se planteó llegamos a la conclusión de que San Mamés tiene un atractivo especial por dos aspectos. Uno, el calor que recibe el futbolista de un público numeroso. Por otra parte, si el objetivo fundamental es repartir la recaudación del partido entre el fútbol base, reúne los requisitos para que venga gente y se pueda cubrir el coste y dejar un remanente para los clubes. Ese es el primer impacto de no jugar.
-¿Qué más deberes tiene en el inicio de su mandato?
-Hay dos cuestiones que intentaremos cuidar especialmente. Una es proteger a la institución de contaminaciones ajenas al fútbol y la otra, recuperar el carácter colegiado de las decisiones. Dar voz a la asamblea general del fútbol vasco, que es el verdadero órgano de gobierno de la Federación, y evitar decisiones no consensuadas.
-¿Y metas más palpables?
-Podría decir muchas. Potenciar la participación de los estamentos de árbitros y entrenadores en decisiones que les afecten, mejorar las escuelas de formación de técnicos, la promoción del fútbol femenino, la unificación definitiva del fútbol sala, las relaciones institucionales, homogeneizar criterios en el deporte escolar...