Se anunció a bombo y platillo. «Vamos a hacer otro Guggenheim en Urdaibai, con todo lo que eso significa», difundió por sorpresa el diputado general de Vizcaya el pasado 24 de junio. José Luis Bilbao daba entonces un golpe de efecto al presentarse como el promotor de la flamante iniciativa y acaparar la atención mediática mientras las novedades sobre el proyecto empezaban a sucederse. Pronto se eligió la ubicación -las colonias de la BBK en Sukarrieta-, la inversión foral -100 millones de euros- y los pasos que debían darse para construir el complejo. Incluso se habló de un concurso entre arquitectos de prestigio internacional «tras el verano». Todo parecía atado, hasta el punto de que el propio Bilbao se atrevió a pronosticar la inauguración del recinto «en cuatro o cinco años», si bien a medida que transcurren los meses el ambicioso plan comienza a rodearse de incógnitas. Los trámites siguen adelante, de eso no hay duda, pero ahora la idea se enfrenta a un radical cambio de escenario.
¿Qué ha ocurrido? En esencia, que varios factores externos han coincidido en el tiempo; el terremoto financiero global sacude ya con fuerza a la economía vasca y los ecos de los escándalos de la matriz bilbaína no terminan de apagarse. Todo, en mitad de la precampaña electoral autonómica más reñida de los últimos tiempos, en la que las encuestas prevén un apretado mano a mano entre el PNV -hasta la fecha único garante del proyecto- y los socialistas.
La última vez que un alto cargo se manifestó en público sobre el asunto fue el 24 de noviembre. Durante una comparecencia en las Juntas Generales de Vizcaya, la diputada de Cultura, Josune Ariztondo, desveló que «se está hablando con colectivos de artistas para implicarles en el proyecto» y advirtió de que la convocatoria pública de arquitectos, paso decisivo para ejecutar la operación, aún deberá esperar. ¿El motivo? Antes tendrá que redactarse un plan museístico actualmente inexistente. Mientras esa 'hoja de ruta' de las pinacotecas vizcaínas toma forma, la institución foral ha de adquirir los terrenos de la Reserva de la Biosfera donde se prevé levantar el segundo Guggenheim. Ya existe un compromiso con la BBK, propietaria del suelo, para intercambiar el solar de Sukarrieta por la finca Otei de Ea. Ese acuerdo está supeditado a que la caja pueda llevar a cabo «las mismas actividades» desarrolladas en las colonias en su nueva ubicación y, según confirman fuentes de la entidad financiera, el estudio que determinará si las tierras son válidas todavía no ha concluido.
Que el nuevo museo no llegue ni siquiera a figurar en el plan económico de la Estrategia Urdaibai 2009-2015, presentado hace unos días por el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, ha vuelvo además a sacar a la luz la brecha abierta en el Ejecutivo autónomo entre el PNV y EA -encargada de los asuntos medioambientales- por la gestión de los jeltzales en materia de equipamientos culturales. El propio líder de Eusko Alkartasuna, Unai Ziarreta, ha criticado en varias ocasiones el emplazamiento elegido para el 'Guggenheim 2' y considera que los peneuvistas buscan «favorecer a sus municipios» en lugar de decantarse por el lugar ideal. Ziarreta ha llegado incluso a citar a Pasajes y Gernika como mejores ubicaciones del futuro recinto.
EA no es una excepción. En realidad, ningún partido de la oposición ha apoyado todavía el plan en las Juntas Generales -donde el PNV no tiene mayoría absoluta- y a tenor de los últimos acontecimientos resulta complicado que a corto plazo el plan aglutine nuevos avales. Todos dudan de que el proceso pueda completarse en cuatro o cinco años. Y el PSE es el único que deja la puerta abierta a un sí pese a «la sensación de descoordinación» que detecta en el ente foral. El portavoz suplente de los socialistas, Iñaki Egaña, se muestra preocupado porque el proyecto «está torciéndose» en las últimas semanas. «Tal y cómo se está gestionando, el asunto no tiene buena pinta. Hasta ahora sólo nos han dado unas pinceladas del plan y habrá que valorarlo cuando esté realmente listo», defiende.
Más crítico se muestra el PP. Arturo Aldecoa, apoderado popular en las Juntas, denuncia el «sainete político» protagonizado por PNV y EA con peleas internas incluidas dentro de la formación jeltzale. «Mientras los nacionalistas se pegan entre ellos, los ciudadanos como siempre pagan esos dislates con sus impuestos», censura. A su juicio, más que un museo Guggenheim se está gestando «el camarote de los hermanos Marx».
«Todo es humo»
Al igual que Eusko Alkartasuna, Ezker Batua y Aralar se muestran en desacuerdo con el lugar donde se prevén levantar las instalaciones. El portavoz de EB, José Ferrera, enumera a ojo otros lugares más adecuados: «Mundaka, Bermeo, Gernika...». «Plantear un mamotreto así en una reserva natural es una barbaridad», declara después de alertar de los efectos nocivos de la crisis en las arcas forales. Aralar va más allá. Su representante Iosu Murgia cuestiona que se vaya a cumplir la Ley de Costas y, además, no ve transparencia ni apoyo social. «Todo es humo», opina.
No sólo hay disputas políticas. Para colmo de males, el Guggenheim de Urdaibai debe lidiar con la repercusión que para el prestigio de la marca han tenido el desfalco del ex director financiero del museo en Bilbao, Roberto Cearsolo, y la ruinosa operación de compra de dólares con dinero público.