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Cultura

CULTURA

La consejera de Cultura insiste en que no hubo falta de control en el desfalco de Cearsolo en el Guggenheim
25.01.09 -

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«Los errores hay que reconocerlos y corregirlos», asume Miren Azkarate
Azkarate no habla de su futuro político y ve en el horizonte la docencia. / J. USOZ
«De momento, no se ha dado ningún paso». La consejera de Cultura, Miren Azkarate, admite en una entrevista que hoy publica 'El Diario Vasco' que aún no está decidido si habrá alguna modificación en el modelo de gestión de las sociedades salpicadas por los escándalos en los museos Guggenheim y Balenciaga para blindarse a futuras irregularidades. Ha transcurrido más de un mes desde que sendos dictámenes aprobados por el Parlamento vasco presentaran a la portavoz del Ejecutivo, nombrada por el PNV, como la responsable política del descontrol y las anomalías en los dos museos citados. Unos veredictos en los que se proponían variaciones en las estructuras societarias de las entidades. ¿El objetivo? Que las empresas públicas en las que ninguna institución pública participara con más de un 50% sean sometidas «al mismo control» que si dependieran de una administración en exclusiva.
Pero antes de llevar a cabo cualquier cambio, Azkarate considera que la cuestión «debe abordarse conjuntamente» con el resto de organismos representados en las citadas sociedades. «Es un tema que está encima de la mesa y en el que no sólo interviene el Gobierno. De esas sociedades forman parte también parte las diputaciones forales y, en algún caso -en referencia a la entidad Berroeta Aldamar, encargada de la construcción del museo Balenciaga-, el Ayuntamiento correspondiente -Getaria-», recuerda la dirigente, que reconoce haberse equivocado. «Cuando se han cometido errores, hay que reconocerlos y corregirlos», insiste.
Miren Azkarate habla asimismo largo y tendido de su futuro político en el tramo final de su segundo mandato al frente de la cartera de Cultura, aunque evita pronunciarse respecto a su posible continuidad en el cargo en caso de que el veredicto de las las urnas hicieran posible un nuevo mandato al frente del Departamento. No adelanta acontecimientos: «La vida te enseña lo suficiente como para conocer que es muy difícil saber de antemano qué vas a hacer y qué no vas a hacer. En todo caso, esa suele ser una conversación privada que se da entre dos personas...». A renglón seguido, reconoce su interés en regresar a la docencia. De hecho, no se ha desligado nunca del todo del mundo universitario porque tiene claro que «ése es el mundo al que quiero volver».
Sobre los dos escándalos que han oscurecido notablemente sus últimos meses de gestión, Azkarate les quita hierro al mostrarse convencida de que ambos casos se han visto magnificados por «el ruido mediático», por lo que su valoración personal está «a gran distancia» de la visión que se ha trasladado de esas cuestiones.
Intereses electorales
Sus reproches, dirigidos a EA y los principales partidos de la oposición, no se quedan ahí e incluyen una censura implícita a la actitud de «primar» los intereses electorales a pocos meses vista de los comicios autonómicos.
La consejera no se considera en ningún momento responsable de los errores cometidos en la Sociedad Tenedora del museo Guggenheim. Es más, no detecta «falta de control» por parte de los responsables de las instalaciones bilbaínas en el desfalco protagonizado por su ex director financiero, Roberto Cearsolo. «Quienes están en ese mundo saben que con los cargos de confianza pueden ocurrir cosas así, porque ellos conocen el funcionamiento y saben cuáles son los instrumentos que pueden utilizar para ocultar datos, falsificar documentos o cometer desfalcos», reflexiona.
En cambio, la consejera admite que en el caso del museo Balenciaga «la historia ha sido un poco más desastrosa». Sobre su coste final, la dirigente cree que rondará los 20 millones de euros.
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