La que se nos viene encima. Eso pensaron ayer los comerciantes, vecinos y hosteleros de las zonas costeras, pescadores, patrones de barco y capitanes de los puertos de todo el País Vasco ante la alerta de rachas de viento de más de 150 kilómetros por hora y olas de hasta catorce metros de altura. Un temporal de las características de una ciclogénesis explosiva puede arruinar negocios y viviendas en pocos minutos. Por eso, quien más y quien menos, se preparaba ayer para recibir el temido vendaval. Unai Intxaustegi, marinero del Puerto Deportivo de Getxo, no ocultaba su temor ante una posible catástrofe. «Si el viento alcanza la velocidad anunciada se lo llevará todo por delante. Desde farolas hasta árboles y barcos», aseguraba.
Ante semejantes predicciones, la Capitanía del Puerto de Bilbao trabajó a destajo durante todo el día. Los operarios revisaron amarres, pusieron apoyos a los barcos que se encontraban fuera del agua, retiraron objetos que pudiesen salir volando y alertaron a los propietarios de cerca de 600 embarcaciones de la que se avecinaba.
A la hora de resguardar sus locales y viviendas, los ciudadanos echaron mano de todo lo que pudieron. La discoteca Bataplán y el centro de Talasoterapia La Perla de San Sebastián, ambos ubicados en primera línea de playa, aseguraron las cristaleras con maderas para protegerlos del vendaval. El balneario abrió sus puertas el 29 de octubre después de que el temporal registrado el pasado mes de marzo destrozara las instalaciones. Fueron meses de trabajos de reconstrucción que ahora podrían quedar reducidos a escombros. Los trabajadores confían en poder capear el temporal de la mejor manera posible. «Esperamos que no sea gorda», confesaban ayer mientras parapetaban el local «contra viento y marea».
Lo mismo hicieron en el Spa Gym Malecón de Zarautz. Jerónimo, el propietario, y su amigo Eleuterio colocaron un sistema de tableros de varios centímetros de grosor para proteger el local, inaugurado hace diez meses. «Fuimos el único establecimiento al que las olas no le rompieron los cristales. Hasta los responsables de La Perla vinieron a visitarnos para ver cómo habíamos protegido el local», explicaba el dueño. Aún así, Jerónimo se llevó consigo el ordenador y otros objetos de valor «por si las moscas».
Sin descanso
El miedo también cundió ayer entre los hombres de mar. Joseba, patrón del pesquero 'Mariñelak' de Getaria, no quiso que le sucediera lo mismo que en marzo, cuando la embarcación rompió amarras como consecuencia del temporal y estuvo a merced de las olas. «Salimos de casa y cuando llegamos al puerto, el barco ya no estaba en su sitio». «Aquel día hubo muchos gritos...», recuerda José Manuel Mateo, otro marinero con cuarenta años de experiencia en el mar.
En el puerto deportivo de Getaria la actividad no cesaba. Mientras los propietarios de las embarcaciones redoblaban los amarres, monitores y socios de la escuela de vela Kosta Vela trabajaban sin cesar para llevar tierra adentro una quincena de embarcaciones. A escasos metros, el dueño del 'Manuelak', la única embarcación que se dedica al marisqueo en Getaria, intentaba hacer encaje de bolillos para salvar su barco del temporal.
Mientras tanto, en la localidad vizcaína de Getxo, el Ayuntamiento también tomó precauciones para «minimizar los más que probables daños». Los responsables municipales cerraron los accesos a la playa de Ereaga, Puerto Viejo y el Puerto Deportivo a las siete de la tarde y ordenaron clausurar y desalojar todos los comercios, cafeterías y restaurantes de la zona, frecuentada por cientos de personas las noches de los fines de semana. El pasado mes de marzo, las olas treparon por el muro rompeolas y rompieron la cristalera del comercio Getxo Nautic, además de los destrozos ocasionados en el acuario municipal, situado a escasos metros del comercio. «El cristal está reforzado, pero tal vez no sea suficiente», aventuraban ayer los dueños del establecimiento. Para evitar sorpresas y proteger el escaparate, colocaron un tablón de madera de setenta centímetros de altura.
Horas antes, los trabajadores de los restaurantes y locales de hostelería de la zona se afanaban en recoger las terrazas. Los hoteles funcionaron con normalidad, aunque se vieron obligados a alertar a sus inquilinos sobre la posibilidad de una evacuación. En el Tamarises e Igeretxe también se tomaron medidas: cerraron las ventanas «a cal y canto» y desmontaron las terrazas. En Guipúzcoa, el Ayuntamiento de San Sebastián cerró todos los paseos litorales de la ciudad al tráfico y a los peatones, mientras que el de Hondarribia contactó con los responsables de las principales obras de construcción para que reforzasen las vallas de las obras y las grúas. «Que el temporal sea flojo, por favor...», era la frase más repetida.