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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

22.01.09 -

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C ontinúa el entretenido serial de la noche bilbaína. Como recordarán, en capítulos anteriores la autoridad endureció las normas de ruidos, estrechó los horarios y cerró locales, algunos muy conocidos, por exceso de aforo.Mientras los garitos caían, los vecinos fiscalizaban las nuevas aperturas (falta poco para que alguna asociación impida la apertura de un salón de té por considerar que sirven líquidos demasiado estimulantes) y los hosteleros denunciaban la persecución municipal. El tema, ya lo ven, está animado. Lo que no parece estarlo tanto son las noches de la ciudad, capaces, según algunos, de aburrir a una convención de pastores amish reumáticos.
Sobre el papel, los cierres son irreprochables: los locales clausurados sobrepasaban su aforo. Sin embargo, los empresarios se quejan de que esos aforos son ridículos y están muy por debajo de lo que la seguridad y el sentido común exigen. La solución, dicen, estriba en revisar las ordenanzas, algo que no termina de seducir al concejal de Seguridad Ciudadana. Su intención es seguir vigilando para que los aforos no sean superados.
Nada hay de malo en que el Ayuntamiento se esfuerce por garantizar la seguridad de los locales de la ciudad. Eso nos beneficia a todos. El problema es que se empeñen en aplicar una normativa innecesariamente draconiana y que lo hagan centrándose exclusivamente en el mundo de la noche, señalándolo como un generador de problemas y molestias.
El nuevo Bilbao ya está aquí. Crece a nuestro alrededor, con sus torres futuristas y sus hoteles de lujo. Ahora sólo falta insuflar algo de vida en la maqueta. Eso se hace programando buenas exposiciones y fomentando el comercio, pero también animando el ocio nocturno, que además de estruendo y altercados otorga a la ciudad un extra imprescindible: energía. Las ciudades verdaderamente vivas, aquellas en las que siempre están pasando cosas, requieren su porción de desvarío, sus noches eternas, su fauna noctívaga, sus conciertos ruidosos, sus copas temerarias. Es cuestión de elegir qué queremos para Bilbao. O seductora metrópoli o apacible capital de provincias. Marquen la casilla que prefieran.
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