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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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21.01.09 -

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E n la ciudad hay cosas difíciles de conseguir. Plazas de aparcamiento, por ejemplo. También entradas para la ópera, taxis en las madrugadas lluviosas, mesas en los restaurantes de moda. A veces, también es complicado dar con una cama de hospital. Sucede cada cierto tiempo, cuando llegan las epidemias y los centros se saturan. Es entonces cuando los pasillos hospitalarios adoptan un aspecto bélico, con todas esas camillas en doble fila y esos pacientes que sostienen sus propios goteros con cara de aburrimiento.
Algo de eso está ocurriendo en Cruces. La gripe ha provocado que el área de Urgencias bordee el colapso y el hospital anda escaso de recursos. Hasta el punto de que dieciséis de las ochenta operaciones quirúrgicas programadas para hoy han tenido que posponerse por falta de camas. Se trata, como es lógico, de operaciones que no revisten una urgencia especialmente dramática. Si todo marcha bien, en una o dos semanas los pacientes afectados por el retraso podrán retomar su cita con el cirujano.
En estos casos Osakidetza suele decirnos que hacemos un uso inadecuado de las Urgencias. Sin duda, llevan razón. No parece lógico que acudamos a los grandes centros hospitalarios en cuanto sentimos un dolor en el lóbulo de la oreja izquierda. Con tales síntomas, la carrera hasta Cruces con el pañuelo asomado por la ventanilla del coche está de sobra. También los nervios y el abrazarnos al primer celador que vemos para preguntarle cuánto nos queda de vida. Esos, en fin, somos nosotros: gente automedicada enfrentándose a tiempos hipocondriacos.
Sin embargo, quizá no todo sea culpa nuestra. Tal vez los hospitales debieran prever cómo nos las gastamos y reforzar sus recursos en épocas favorables a las epidemias, como los primeros meses del año. El retraso de las operaciones en Cruces indica cierta falta de medios humanos y materiales. O quizá se trate tan sólo de falta de reflejos. En el sanatorio de Gorliz hay una planta con treinta camas que permanece cerrada. Tal vez eso sea un lujo en estos días repletos de fiebre y estornudos.
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