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EDITORIAL

19.01.09 -

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L a disposición a un inminente alto el fuego mostrada en las últimas horas tanto por el Gobierno israelí como por Hamás está siendo administrada tácticamente, dado que ambas partes intentan preservar sus intereses en torno a tres objetivos: evitar que un eventual acuerdo de suspensión de hostilidades pudiera interpretarse como síntoma de debilidad e incluso de derrota frente al enemigo, responder al equilibrio que se produce en cada comunidad entre los proclives a la tregua y los partidarios de continuar con tan desigual confrontación, y presentarse ante la opinión internacional en posiciones más dialogantes que el adversario. La tregua unilateral anunciada por Olmert tras la fiesta del Sabath tuvo una vigencia de seis horas, dado que sus fuerzas armadas respondieron al lanzamiento de cohetes desde Gaza, demostrando así cuáles eran los términos de su alto el fuego. El anuncio ayer de su propio alto el fuego por parte de Hamás, condicionado a la retirada israelí de Gaza en el plazo de una semana, constituye un movimiento táctico comparable con el operado desde Tel Aviv, con la dificultad que para el movimiento islamista entrañará sumar a esta iniciativa a todos los grupos palestinos con capacidad de lanzar sus artefactos más allá de los límites de la franja.
El conflicto israelo-palestino continúa estando muy lejos de esa «paz duradera» que la conferencia internacional presidida por Sarkozy y Mubarak estableció ayer como meta en Egipto. De hecho la toma de posesión de Barack Obama como nuevo presidente de EE UU, que se consideraba un factor propicio para la distensión, podría convertirse en trasfondo propicio para que Israel y el movimiento islamista Hamás mantengan durante las próximas horas un pulso de escaramuzas violentas con la intención de hacer valer sus respectivas posiciones ante la nueva Administración estadounidense. El calificativo de «frágil» que Olmert dio a la situación responde probablemente a las intenciones que alberga el todavía primer ministro israelí. Pero está claro que la resultante del cruce de dos treguas unilaterales, establecidas ambas con condiciones, no merece una consideración más esperanzadora. La mediación internacional, pergeñada entre París y El Cairo, se encuentra a demasiada distancia del núcleo del problema como para que pueda resultar eficaz en lo inmediato.
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