El Logroñés ha muerto. Al menos deportivamente hablando. Como club, por su condición de Sociedad Anónima Deportiva, no lo hará hasta que un juez lo determine, pero como equipo, lo hizo ayer. Con 68 años de historia a sus espaldas, con nueve temporadas en Primera División como mejor bagaje deportivo y con gravísimos problemas económicos en los últimos años que lo han llevado a la ruina económica y deportiva.
La mayor de todas sus crisis empezó el pasado 31 de julio, cuando se consumó su tercer descenso administrativo. Javier Sánchez, un empresario navarro, aparecía para 'salvar' al Logroñés. El 27 de agosto desembolsó 200.000 euros en la Federación Riojana para recuperar los derechos federativos del club. Pero después, todo han sido promesas incumplidas.
Tan incumplidas que la paciencia y la buena voluntad de la plantilla blanquirroja se agotaron ayer. Los ocho jugadores que aún permanencían en el club estudiaron todas las posibilidades, conscientes de que no jugar en Navarrete frente al Tedeón supondría el descenso automático del equipo a Preferente y su prática desaparición, ya que su primera incomparecencia se había producido el 14 de diciembre frente al Calasancio.
Los jugadores no fueron capaces de encontrar un final feliz a media temporada en la que, además de con continuas promesas incumplidas, se han encontrado con propuestas rocambolescas. La última, el sábado por la noche, cuando Sánchez les ofreció dos coches de lujo y un cuadro (al parecer valorado en más de 300.000 euros) para que los vendieran y saldar así las deudas.
Antes, como relataron Iker Fernández, David Antúnez y César Rodríguez, recibieron cheques sin fondos, pagarés sin conformar, e incluso «un camión blindado en la puerta de un 'puticlub' para que se lo diéramos al dueño del bar a cambio de un dinero».
Los jugadores han demostrado con hechos desde que arrancó la temporada que ellos querían que el club siguiera. A mediados de noviembre, la plantilla no había cobrado absolutamente nada y hacía su primera queja pública. Sánchez se apresuraba a responder que les pagaría «mañana». Fue el primer «mañana» de una serie que ayer tuvo su punto final.
Plante, encierro y huelga
Viendo que cobrar no iba a ser fácil, jugadores y técnicos se plantan por primera vez el lunes 24 de noviembre y deciden dejar de entrenar. Al domingo siguiente, reciben al Fundación con una 'sentada-protesta'. El 1 de diciembre inician un encierro en Las Gaunas que finaliza cuando el propietario les entrega a todos la carta de libertad que podrían tramitar si no cobraban antes del día 12.
Entretanto, Sánchez encontró otra disculpa, debía elevar a pública la escritura de compra de las acciones blanquirrojas. Y mientras él alargaba los plazos, los jugadores le daban votos de confianza, aunque se declaraban en huelga de cara al partido contra el Calasancio. Pese a no jugar, nada cambiaba en cuanto a la situación económica, con lo que la plantilla volvía a convocar huelga para el domingo siguiente contra el Berceo. En el último instante, Sánchez les abonó una nómina y el 29% de otra. La plantilla desveló ayer que «él no puso el dinero. Nos dijo que iba a Estella a casa de su hermana a por él y tardó diez minutos en ir y volver. Sabíamos que había conseguido 40.000 euros y sólo trajo 33.000, le tuvimos que pedir el resto».
En medio, la sucesión de excusas del navarro había aumentado. Con las vacaciones de Navidad y tiempo para pensar, hubo quien ya no le creyó y comenzaron a producirse las bajas hasta que el 4 de enero, sólo nueve futbolistas acudieron a Arnedo. Jugaron a cambio de unos pagarés que deberían haberse hecho efectivos el pasado viernes, pero que no tenían fondos. Prometió entonces dinero en metálico. Reforzado por juveniles y cadetes del Balsamaiso, su filial, se enfrentó el pasado domingo con el Náxara. Fue su último partido en Las Gaunas, un campo para 15.000 espectadores que nunca vio al Logroñés en Primera.
Los escasos aficionados que ayer se acercaron hasta él y que se 'colaron' en la rueda de prensa aprovecharon para llevarse algún cuadro de recuerdo. Lo único que les quedará del Logroñés. Un recuerdo.