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Bilbao Basket

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El francés trabajó con el preparador físico y recibió el cariño y la comprensión de la fiel afición vizcaína
19.01.09 -

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El primer partido sin Fred Weis
Weis, durante la presentación del equipo.
«Me encantaría que Fred Weis se ponga en forma lo antes posible. Me quedo con el cariño que le ha dado el público para que se anime y se de cuenta de que le queremos mucho», dijo Vidorreta en la rueda de Prensa. La afición respondió y alentó al francés, que tuvo sus segundos de protagonismo en el descanso. Los jugadores del iurbentia y del Estudiantes se retiraban con el favorable 46-31 para los locales. Weis cruzó la cancha el último, vestido de calle. Cuando rozaba con su cabeza el túnel de vestuarios, la afición bilbaína le regaló una fuerte ovación de apoyo. El jugador, apartado la pasada semana, la agradeció aplaudiendo con los brazos en alto.
Para Fred Weis, el de ayer, fue un día especial y extraño. Se vistió de corto, sí, pero para realizar unos ejercicios, una hora antes del choque frente a Estudiantes, con el preparador físico Álvaro Rubiera. Luego, ya no apareció vestido de negro al calentamiento pertinente. No, allí no estaba el pívot francés. Se le vio de nuevo quince minutos antes del encuentro vestido con una camiseta blanca de manga larga, sus enormes vaqueros y unas playeras blancas. En el trayecto hasta el banquillo escuchó tímidos y cariñosos aplausos de la afición más madrugadora, que le seguía con la mirada hasta el lugar donde presenció la contienda. Junto al banquillo, al lado de Tomas Hampl. Una pancarta detrás de una canasta también le animaba: "Fred Weis, beti gurekin. BB-2.18- FW". La había colocado allí su peña, que ayer no conectó el televisor ni hizo ondear la bandera en el bar de Romo donde se ubica su sede.
Fred Weis, gesto triste en su rostro, aparentó seguir siendo uno más. Acepta el pulso que le ha planteado el club y hace todo lo posible por continuar integrado. De esta manera, participó en la rueda de presentación de sus compañeros. Y durante el encuentro, el francés comentaba las jugadas con Hampl y aplaudía los aciertos de sus compañeros. También estuvo cerca en el baile tras la victoria. La ovación, entonces, era para todos. La suya particular, una especie de «cárgate las pilas», la escuchó al descanso.
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