A lo grande, como una de esas recetas que luce en sus apellidos el Mobel de 'a la bilbaína'. Así, con la voluptuosidad propia de estas latitudes, el iurbentia abrió el melón de la segunda vuelta liguera. Fue clavarle el acero y percibir su dulzor, el estado óptimo de sus azúcares, un manjar. Uno siempre aguarda un momento, dos horas de purito entretenimiento como el paladeado ayer en La Casilla. Por eso mismo, por ser tan escaso, sienta mejor. Cerrar una racha de cinco derrotas consecutivas con una bacanal, a golpe de récords... inmejorable.
Y eso que el día, o el fin de semana para ampliar el radio, llegaba con una neblina que impedía un enfoque perfecto. La situación de Fred Weis sin ficha en la ACB, una institución en la plantilla, la llegada de Damir Markota, tras un paso por Menorca difícil de vender y, ante todo, la necesidad vital de ganar para erguir el esqueleto cuando aún se está a tiempo de evitar la aparición de una joroba, dibujaban un panorama que amenazaba con tormenta eléctrica a poco mal que salgan las cosas. No fue el caso.
El partido duró medio cuarto. Nada más. Saltaron los dos equipos dispuestos a partirse la cara y basando sus ideas ofensivas en el juego interior. Con el aún tempranero 10-9, la barrera cerró el paso al Estudiantes. Pasalic se merendó a Rancik; Savovic, titular y por enésima vez ensalzado desde las gradas, metió su séptima marcha; Lewis incrementó también su tensión; y Blums y Banic arrancaron como especialistas, haciendo lo suyo y calentando motores para ofrecer un plus posterior. Seguro que, aunque fuera en el subconsciente, el caso Weis obró su efecto en el resto de los hombres de negro.
Sin errar un solo tiro de dos, el Bilbao Basket culminó un primer cuarto de manual. La efectividad que se le resistía en otras citas se concentró ayer en torno a dos aros que se abrían como cacerolas ante los envíos de los locales. Si a ello se le suma una intensidad defensiva como las de antes, es decir, con el marchamo de la pasada campaña, y que los del Maeztu evidenciaron tener una mandíbula de cristal, el resultado sólo conducía a un escenario. Eso sí. Ni los más osados en materias oníricas habrían atinado con las sedas y gasas que los de La Casilla vistieron para la ocasión.
Apisonadora
Una defensa zonal de Luis Casimiro frenó tímidamente las aspiraciones vizcaínas. Condujo el choque a un señuelo que no prosperó. La goma acercó al Estudiantes hasta los cuatro puntos (34-30) antes de perder definitivamente de vista a un Bilbao Basket de la cuarta dimensión. ¿Cómo se produjo el despegue? Con la finura de Paco Vázquez desde la línea mágica, el tino de Recker, inactivo hasta el minuto 16 (se sorprendió él mismo cuando vio que el aro tragaba su primer triple intentando) y defensa, mucha defensa. Tanta que no tuvo incidencia alguna la superioridad visitante en el rebote (38 en total, la mitad en ataque). Según se hacían con las capturas los del Magariños eran de inmediato interceptados. Y Seibutis, sin jugar aún.
Por si quedaban dudas, Janis Blums se encargó de disiparlas. El alud que se le vino encima a los madrileños fue épico. Tres triples consecutivos del letón -uno desde el logo de la ACB a nueve metros del aro- y el cuarto firmado, faltaría más, por Savovic, ampliaron el escarnio. 12-0 más al zurrón. Y comenzó a sonar la sintonía de los récords. En ese acto, el de triples en un cuarto (7), porque también se apuntó al festín Recker (2) y Markota, que por algo es otro especialista. Sublime parcial provocado con el mando a distancia. Sólo incluyeron los de Vidorreta en el lote una canasta de dos y tres tiros libres, todo ello de Banic.
El partido estaba ya sentenciado, con ventajas superiores a los treinta puntos. No por ello bajó la guardia defensiva el iurbentia. Sólo en los primeros tres o cuatro minutos en plena recta de llegada se detuvo puntualmente en un puesto de avituallamiento. Fue como llevar la apisonadora a la ITV. Apta para seguir rodando y fin de sarao con asistencias barrocas y hasta un mate de Seibutis, tan contento con sus siete minutos como Pasalic con los 29 que disfrutó, nunca mejor dicho, en pista.
Y siguió sonando la campana para celebrar más plusmarcas: la de victoria por mayor diferencia de puntos (34), de asistencias (23), quizá de recuperaciones (19), acaso también de efectividad en canastas de dos (79 por ciento) y en valoración conjunta ACB (121). Una barbaridad.