Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Sociedad

La guerra entre el avión y el tren de alta velocidad

El caos del último mes y medio en Barajas ha sacado de quicio a muchos vascos que ya sueñan con el AVE, aunque los hay que no cambian los vuelos por nada
18.01.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
En Barajas, son ya más de un millón los afectados por la huelga de pilotos de Iberia, la misteriosa enfermedad de un tercio de los 23 controladores aéreos y el mal tiempo. Algunos han pasado tres días en el aeropuerto, repantingados en un asiento, con la misma ropa y ganas de salir corriendo. Pero, ay, su destino quedaba demasiado lejos. En eso consiste la ventaja de volar: te lleva rápidamente a donde quieras. Siempre que despegue el avión, claro. Los retrasos -mucho más frecuentes que en los viajes en tren- y las cancelaciones son la bestia negra de los que aguardan en tierra. Y los controles de seguridad, el martirio de quienes llevan tacones, un alfiler en el bolso, una lata de conservas en la mochila, el tubo de pasta dentífrica en el maletín, un 'piercing' en cierto lugar recóndito...
Todo eso pita que es un primor. Por no hablar del cacheo que algunos soportan bajo la atenta mirada de los demás pasajeros. Los tiempos en que volar sólo era un mal trago a la hora de comer -¿por qué sabía a plástico el jamón?- han pasado a la historia. Baste saber que los aeropuertos españoles recibieron el año pasado 203,8 millones de pasajeros, un 3,2% menos que el ejercicio anterior. Según AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), estas cifras responden el descenso del tráfico doméstico. Las causas que alega para justificar esa caída son tres: la puesta en marcha del AVE «en corredores con un volumen de pasajeros muy significativo», la actual coyuntura económica y la reestructuración de la oferta implantada por las aerolíneas en 2008.
Al puente aéreo Bilbao-Madrid no le afecta el tren de alta velocidad. Habrá que ver lo que ocurre cuando circule. EL CORREO ha hablado con cinco viajeros habituales y las opiniones son variadas, aunque la balanza se inclina a favor del ferrocarril.
CARLOS MARÍA ROMEO CASABONA
Catedrático de Derecho
«Llegamos a las cuatro de la madrugada»
Es una autoridad a nivel internacional en Derecho y Genoma Humano. Bien sea en Madrid o Bruselas, los ministros españoles y comisarios europeos le escuchan sin pestañear. Ahora bien, cuando se trata de hablar con las compañías aéreas, se topa con un muro de hormigón armado. «¡Como todos los ciudadanos! Es increíble el grado de desprotección que sufrimos los consumidores ante las grandes empresas», se queja el catedrático de la UPV Carlos María Romeo Casabona. Merece la pena recordar su calvario de la pasada noche de Reyes. No tiene desperdicio. Estaba previsto que el vuelo saliera de Madrid a las diez y veinte de la noche, pero hasta la una de la madrugada estuvieron varados en la T4 de Barajas.
Para hacerles más llevadera la espera, las azafatas de Iberia no cesaban de repetirles: «Ahora embarcamos, ahora embarcamos». Una letanía que duró hasta que «nos quedamos solos, absolutamente solos». No había nadie para atenderles. Cuando hacía un frío que pelaba y los ánimos se encendían, se les informó que iban a volar a Vitoria y de ahí se les llevaría en autobús a Bilbao. «Me negué. Sabía que estaba cayendo agua nieve en Álava y no quería correr riesgos. Exigí un hotel, al que tenía derecho, pero ¡nadie me hizo caso! No tenía más alternativa que quedarme tirado allí o buscarme un hotel a la una de la madrugada, sin saber qué vuelo tomar al día siguiente». Esa noche, los Reyes Magos pasaron de largo por Barajas...
«Vaya panorama, vaya panorama. Fui el último en entrar en el avión y, bueno, decidieron llevarnos a Loiu. Yo pedí una hoja de reclamaciones que, por cierto, no me quisieron dar». Aterrizaron a las cuatro de la madrugada. No había taxis, tuvieron que llamar por teléfono. Y lo consiguieron: llegaron a casa. «Intento olvidarme de todo eso, porque si no, no vives. Ahora bien, apenas tengamos el tren de alta velocidad, prescindiré del avión para ir a Madrid. Y, ojo, no por esto último que me ha pasado... Lo tengo decidido desde que supe del proyecto del AVE. Yo siempre tengo reuniones a horas muy concretas y entre los retrasos, las colas y controles no hay forma de organizar bien tu tiempo». No se puede permitir perderlo. Ni siquiera regalarlo en la noche de Reyes.
JORGE FERNÁNDEZ
Presentador de televisión
«Soy 'socio honorífico' de los aeropuertos»
«¡Las azafatas me suelen decir que soy 'socio honorífico' de Barajas y de 'La Paloma'!», confiesa entre risas Jorge Fernández. Ser presentador en 'La ruleta de la suerte' y 'Esta casa era una ruina', de Antena 3, le exige volar constantemente a Madrid y así se siente la mayor parte del tiempo en una nube. Sabe sacarle todo el jugo a las ventajas del avión... Para empezar, como viaja en clase 'Business' gracias a una cláusula de su contrato, «entro el último y salgo el primero, de esa manera me evito el contacto con la gente». Nada de palmaditas en la espaldas, fotos con el móvil y abrazos de oso. No se sale del guión que más le conviene: «Llego con media hora de antelación, embarco, me siento y, pum, me quedo dormido».
Suele llegar a Madrid a las nueve y media de la noche -«para estar el máximo tiempo posible con mi hijo en Bilbao»- y se aloja a quince minutos de Barajas. Miel sobre hojuelas. A la mañana del día siguiente le toca grabar en el plató, y para entonces está fresco como una lechuga. Sin problemas de lumbalgia o dolores de espalda. Medir 1,90 no le estorba en 'Business'. Se encuentra a sus anchas. Cómo será que, incluso cuando cancelan los vuelos, se le ve tan campante. «Es otra de mis ventajas: puedo cambiar de compañía cuando pasan esas cosas. Me conozco muy bien todas las triquiñuelas y sé perfectamente a qué ventanilla debo ir. ¡A no ser que haya un follón horrible como el del último mes!». Entonces ni siquiera él se libra.
«Pero tampoco me quejo. Son situaciones puntuales. ¡No toda la culpa la tienen los pilotos! El otro día, dos de ellos me reconocieron y me invitaron a pasar a la cabina. Me explicaron su postura y, la verdad, algo de razón tienen. Total, que yo seguiré viajando en avión todas las veces que haga falta. ¡Me encanta!».
PEDRO LEE
Empresario
«Prefiero organizar yo solito mis horarios»
Es de piñón fijo, constante y positivo. El mundo de la hostelería no tiene compasión. O aguantas o echas la persiana. Y Pedro Lee sonríe. Sonríe y trabaja a destajo. Tiene varios restaurantes en Madrid, además del famoso Mr. Lee de Bilbao, y se desplaza a la capital todas las semanas. «Voy tres veces en coche y una en avión». Cuando va al volante, tarda tres horas y quince minutos. «Lo llevo bien. No es una paliza como ir a Barcelona». Eso sí, cada vez que pisa el acelerador, se acuerda del bolsillo. «Me sale más caro. Comprando los billetes con antelación, me ahorraría un dinero. (Ahora podría conseguir uno de ida y vuelta para dentro de un mes por 83,88 euros). Pero, nada, prefiero organizar yo solito mis horarios. Es lo mejor».
Aunque también aprecia la comodidad del avión. «La cabezadita de 50 minutos está muy bien. Pero sólo una vez al mes. ¡Más no compensa! Si sumas el tiempo total, o sea, entre que llegas y esperas para embarcar, los retrasos habituales, el tráfico hasta llegar al centro de Madrid..., pues, de verdad, tardas casi lo mismo que en coche». Todo lo sopesa concienzudamente. Igual que el maletín. «Nunca llevo una maleta grande, para ahorrar tiempo y evitar que me la pierdan. Cuando voy a China, ¡me he quedado sin ella un montón de veces en París! Es terrible, terrible».
Aunque no es budista, le sobra templanza. «Qué le vamos a hacer. Es lo que hay». Hace unos días, eso mismo le dijo a su hija, «y es que la pobre estuvo tirada seis horas en Barajas». No dice una palabra más alta que la otra. Se ríe suavemente. Con ironía. «¡Qué ridículas pueden ser las cosas! A ver, ¿por qué no nos dejan entrar en el avión con un botellín de agua? ¿Qué daño podemos hacer con eso?» La pregunta se queda en el aire. Una de tantas. No importa. Él se aferra a una ilusión: «¡Estoy deseando que pongan el tren de alta velocidad! Seguro que no incordia tanto».
ROBERTO VIUDEZ
Jefe de proyectos en Telvent
«El AVE me hará una pequeña faena»
Roberto Viudez coge todo al vuelo. Habla y viaja sin perder un segundo; recorre medio mundo y nunca se queda sin aliento. No para de lunes a viernes, y el fin de semana se va al monte, a la piscina, a correr... Lleva la velocidad en la sangre. Es jefe de proyectos a nivel internacional de la compañía de tecnologías de la información Telvent, así que lo mismo se va una semana a Pekín que otra a Milán o Dublín. «Y, por supuesto, también me toca ir muchísimo a las oficinas de Madrid. Suelo salir de Loiu los lunes muy pronto, a las siete o bien a las ocho y media, y me quedo los días que haga falta», explica mientras vuelve del trabajo en metro, desde Bilbao a Las Arenas. Lo tiene todo cronometrado, por eso le gusta tanto viajar en avión.
«Las huelgas son una excepción. Yo sólo sufro retrasos a la vuelta, en las tardes que son vísperas de festivos. Pero tampoco hay que dramatizar. Simplemente te haces a la idea de que, en lugar de llegar a las ocho, vas a estar en casa a las diez de la noche». Pelillos a la mar. La ida es mucho más importante. «Viajar unos 50 minutos no cansa nada. Para mí, eso es lo fundamental. ¡No aguantaría pasarme dos horas sentado! Nada, nada, que el futuro tren de alta velocidad no me entusiasma». Sólo si el billete de ida y vuelta fuera mucho más barato, se lo pensaría.
«Ahora pago unos 400 euros con el avión, porque siempre compramos los billetes a última hora. ¡Lo que influye la demanda en los precios! Fíjate que el vuelo Bilbao-Madrid-Dublín cuesta alrededor de 300... En fin, que si con el tren me sale 150 euros viajar a Madrid, dejaría de volar». Dicho lo cual, reconoce que en este último caso echaría de menos «un gran lujo»: sus oficinas de Madrid están a 10 minutos de la T4 de Barajas. Igual que muchas empresas, Telvent se ubica en las afueras. «Lástima. A la gente como yo, que tiene su lugar de trabajo al norte de la ciudad, el AVE nos hará una pequeña faena al dejarnos en el centro».
IÑAKI ANASAGASTI
Senador
«Volar se ha vuelto muy desagradable»
Es un veterano del puente aéreo Bilbao-Madrid. Hace la maleta con los ojos cerrados y no se le arruga ni el pijama. «En 1986, cuando me nombraron diputado, me dijeron que eso era mucho más importante que memorizar los reglamentos del Congreso», recuerda Iñaki Anasagasti. Al cabo de 23 años, es el único entretenimiento que le queda cuando viaja a Madrid. Se conoce de memoria las explicaciones de la azafata, no prueba el desayuno que le ofrecen en la clase 'Business' -«como mucho, pido un zumo de naranja»- y no le gustan nada las librerías que hay en la T4. «En la terminal antigua, había una muy grande que me encantaba. Te podías pasar un rato largo porque había muchísima variedad. Pero ahora, ¡ni eso!».
Por si no bastara, la sala de autoridades es «un horror»: no disponen de un acceso directo, sino que tienen que dar un rodeo por razones de seguridad y «si te toca recoger la maleta, igual esperas dos horas». Lógico que sus señorías prefieran apañárselas como todo hijo de vecino y olvidarse del 'catering' o las duchas con hidromasaje. «Si viajas con Iberia es lo que hay. ¡Siempre llegas a la dichosa T4! Yo preferiría otra terminal pero, claro, para eso tendría que volar con Spanair... Antes lo hacía. Pero, hombre, después del accidente del verano, no me inspira confianza». Se le nota resignado aunque, todo hay que decirlo, sólo hasta cierto punto.
«Ojalá tuviéramos ya el AVE. Fuimos los primeros en pedirlo y vamos a ser los últimos en tenerlo. Una pena. ¡Será un auténtico chollazo! Va a tardar unas dos horas. Y podrás pasear, utilizar el móvil y el portátil, entrar en Internet...». A estas alturas está más que harto del avión, «con tanta huelga, retrasos y controles se ha vuelto muy desagradable». Necesita un cambio. La rutina se le hace cuesta arriba -«la vida de hotel cansa muchísimo»-, y los atascos de una hora entre Barajas y el centro de Madrid le sacan de quicio. O casi. Anasagasti es un hombre tranquilo. Incluso después de las sesiones más tensas en el Senado, no varía sus costumbres al llegar a Bilbao: «Me pongo las zapatillas, abro la nevera, saco algo, enciendo el televisor, me echo en el sillón y... tiro millas». Hogar, dulce hogar.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS