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Economía

UNAI SORDO. SECRETARIO GENERAL DE CC OO DE EUSKADI

18.01.09 -

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El nuevo secretario general de Comisiones Obreras de Euskadi, Unai Sordo, defiende una mayor influencia de los sindicatos en la actuación pública, que debe plasmarse a través del diálogo social. Una fórmula, critica, en la que el Gobierno vasco «ha perdido cuatro años». Por ello, el sucesor de Josu Onaindi al frente de la segunda central vasca reclama al futuro Ejecutivo ser tenido en cuenta en las políticas económicas, fiscales y laborales, y que articule una nueva Euskadi alejada del frentismo de los últimos años, desde el «pacto entre diferentes».
-¿Cómo asume que, por primera vez, el relevo en CC OO de Euskadi haya sido por consenso?
-La sucesión con acuerdo era para nosotros de importancia vital y nos ha permitido centrarnos en los debates de carácter sindical. Es un signo de madurez de la organización, que tiene sus prioridades muy claras y sabe dónde se tiene que batir el cobre.
-¿Por qué en centrales como la suya hay lucha por el poder y en otras, como las nacionalistas, no?
-Cuando aseguramos que reflejamos un espectro muy plural de la sociedad vasca no lo decimos gratuitamente. En la central hay gente con visiones distintas de las cosas, la diversidad es un signo de identidad que nosotros buscamos y ello puede generar conflictos. Además, nuestra estructura es muy asamblearia y no coarta la participación a ningún afiliado. Pero tampoco tenemos ningún interés en que la conflictividad interna sea una de nuestras señas de identidad.
-¿Cuáles son los objetivos y las prioridades de su mandato?
-No nos podemos abstraer de la realidad actual, económicamente complicada. Por lo tanto, el primero, que esperamos sea coyuntural y que no dure cuatro años, es luchar contra los efectos indeseados de la crisis, en especial la pérdida de empleo, y contra los intentos que pueda haber de cuestionar derechos laborales. Por otro lado, apostamos por mantener el modelo de negociación colectiva articulada entre sectores y empresas; y por incidir en las políticas públicas -fiscales, sociales, económicas y laborales- a través del diálogo social. Y, en tercer lugar, queremos consolidar la posición del sindicato en la sociedad y las empresas vascas, donde tenemos un amplio margen de crecimiento.
Lealtad confederal
-Usted y su predecesor han pedido a Comisiones de España que deje un amplio margen de actuación a la central vasca. ¿A qué se refieren? ¿Han tenido problemas?
-Cuando pedimos esa tolerancia lo hacemos desde la lealtad al proyecto confederal y desde el convencimiento de que la acción sindical efectiva hay que hacerla en marcos estatales y de nivel superior. Pero, por la realidad social y política vasca, necesitamos esa capacidad. Por ejemplo, un ámbito propio vasco de negociación colectiva, articulado con el estatal. Lo mismo puede decirse del diálogo social.
-Dirigentes del sindicato han hablado en los últimos días de 'Estado federal' o 'cuasi federal'. ¿Es esa la idea que su central tiene de España?
-El Estado autonómico tiene muchas similitudes con el sistema federal. Defendemos nuestro sistema de autogobierno, donde muchas cosas se deciden en el ámbito vasco, y entendemos que eso es bueno en función de las políticas que se apliquen. Ello no es óbice para que haya espacios de integración política en el ámbito estatal y que los propios territorios puedan incidir en decisiones de carácter general. Y esto no responde a un punto de vista identitario, sino al convencimiento de que así se defienden mejor los intereses de los trabajadores, en una economía global. El mundo sindical debe adaptarse a esa realidad, y si quiere hacer contrapoder ha de estar en todos los ámbitos en que se definen las estrategias de los poderes económicos.
Falta de crédito
-¿Cuál es la receta de su central para salir de la crisis y cuándo puede ésta tocar suelo?
-Creo que vamos tener que aguantar todavía situaciones complicadas; las instituciones financieras siguen teniendo una gran desconfianza para otorgar créditos, que tienen una incidencia muy alta en la economía real. Nosotros, en la parte laboral, proponemos el refuerzo de los derechos sociales, en especial las prestaciones de los desempleados, que no deben pagar esta crisis. Apostamos también por el incremento de las redes de protección social, no sólo por justicia sino porque van a tener un efecto positivo en la salida de la crisis, junto con las ganancias del poder adquisitivo de los trabajadores, que defendemos en la negociación colectiva. Esta crisis no es de pérdida de competitividad ni tiene que ver con los costes laborales, y por ello sostener el consumo es una buena opción, bien a través de los convenios, bien por medio de las políticas sociales.
-Usted ha criticado que no se cuenta con los sindicatos para salir de la situación ¿Qué pueden aportar?
-El hecho de que no haya habido en Euskadi diálogo social ha tenido como consecuencia que las propuestas sindicales no se hayan tenido en cuenta. Una central tiene una capacidad muy grande para detectar cuándo comienza a haber problemas en las empresas, con mucha antelación sobre las estadísticas. Si conocemos el problema antes, tenemos mucho que aportar para buscar soluciones.
Fondo de Solidaridad
-¿Para cuando la caja de resistencia que le permita competir en igualdad de condiciones con organizaciones como ELA?
-El Fondo de Solidaridad, que es el nombre que recibe, está ya aprobado, regulado y dotado económicamente. Pero no lo planteamos como herramienta para competir o pelear con otros sindicatos, sino para sustentar movilizaciones de determinados colectivos de trabajadores que lo necesitan. Nosotros no vamos diseñar una estrategia de atomizar la negociación colectiva para que ese fondo nos dé una ventaja comparativa con otras centrales, que es lo que se ha hecho con la caja de resistencia de ELA.
-¿Cómo enjuicia la labor del Gobierno vasco durante la legislatura que está terminando?
-Ha perdido cuatro años a la hora de articular espacios de debate con los agentes sociales, porque ha sido rehén de una estrategia que los negaba. Es verdad que el Ejecutivo autonómico no tiene la culpa de que determinados agentes no quieran el diálogo social, pero podía haberlo liderado de otra manera. También criticamos la actuación fiscal. Las instituciones han perdido el periodo de expansión económica al no aplicar políticas fiscales progresivas y anticíclicas, lo que les ha restado suficiencia para afrontar esta crisis.
-¿Y qué le pediría al Ejecutivo que va a salir de las urnas?
-Que de verdad haga una apuesta de articular espacios de intervención sindical a la hora de elaborar las políticas sociales, económicas, laborales y fiscales; y, entre otras cosas, que la redefinición del país se haga desde la voluntad de llegar a pactos como guía de actuación frente a los niveles de confrontación de los últimos años.
-¿Los sindicatos se consideran convidados de piedra en la política industrial vasca?
-Sí. No nos han hecho ni puñetero caso. Ignoran nuestras aportaciones y ni siquiera nos facilitan los estudios que elaboran los clusters sectoriales. Es un despropósito que luego se nos pida responsabilidad cuando llega una situación como la actual.
-¿Le gustaría que hubiera un cambio de Gobierno?
-La política la deciden los ciudadanos y no aspiramos a condicionar su cotidianidad. Lo que sí decimos es que tenemos dos líneas rojas que marcan nuestra posición. Una es la política fiscal y económica, y la otra es cómo se articula el modelo de país. Nosotros siempre vamos de defender que Euskadi se defina a través del pacto entre diferentes, de forma transversal, y no sobre la base de acumulación de fuerzas o frentismos de unos contra otros.
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