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ETA fracasó de nuevo ayer en su enésimo intento de provocar una masacre de ertzainas. Colocó dos bombas trampa para asesinar a los agentes que se habían desplazado hasta un repetidor que la organización había volado minutos antes en un monte de Hernani y a los compañeros que, posteriormente, acudirían en su auxilio. Finalmente, ninguno resultó herido. El comando pretendía que los policías se tropezasen con los sedales que habían cruzado en mitad de una pista forestal y que activaban los explosivos. Según el Departamento de Interior, los tres artefactos contenían 26 kilos de amonitol reforzados con metralla.
La obsesión de la organización por la Ertzaintza no es nueva. En los últimos meses, su campaña de acoso se ha intensificado con múltiples amenazas en sus comunicados. Además, las últimas operaciones antiterroristas han desvelado abundante documentación sobre la Policía autónoma en manos de ETA, que el pasado 21 de septiembre ya intentó otra matanza similar al volar la comisaría de Ondarroa. Asimismo, para algunos analistas, esta presión sería una forma indirecta de atacar al PNV sin tener que romper el por ahora 'tabú' de atentar contra un dirigente jeltzale. Una estrategia en la que también estarían enmarcados el asesinato de Inaxio Uría y el atentado contra EITB.
El plan diseñado en Hernani era muy similar a los ejecutados en febrero y abril del año pasado en sendos repetidores de Bilbao y Lapoblación (Navarra), pero mucho más sofisticado. En esta ocasión, el cebo fue un atentado contra un conjunto de antenas de comunicación instalado en el monte Santa Bárbara de la localidad guipuzcoana, donde la banda ya asesinó en 2001 en una emboscada a otro agente autónomo, Iñaki Totorika.
Alrededor de la una de la madrugada, un artefacto compuesto por ocho kilos de amonitol reventó la instalación y dejó la zona sin cobertura de televisión. La explosión se pudo oír en todo el municipio, aunque no hubo daños personales al estar situada en un paraje aislado.
Lo que parecía un atentado sin víctimas resultó ser un simple cebo para asesinar a ertzainas. La primera patrulla se aproximó hasta la cima del monte Santa Bárbara nada más producirse la deflagración. Su cautela les salvó la vida. El convencimiento de que ETA busca una masacre entre los agentes hizo que los mandos optasen por esperar hasta que amaneciese para inspeccionar la zona, que quedó acordonada.
A una distancia prudencial, los policías descubrieron un cártel en el que podía leerse 'Kontuz bomba, ETA' ('Cuidado bomba, ETA'). Un texto similar apareció en el atentado de Lapoblación de abril del año pasado. Al igual que ayer, los etarras habían preparado una celada, en este caso contra la Guardia Civil. Y al igual que ayer, fracasaron.
Emboscada
La luz del día confirmó las peores sospechas. Los agentes de la Unidad Especial de Desactivación de Explosivos rastrearon el escenario con extrema prudencia. A sesenta metros de las antenas, descubrieron un sedal que atravesaba la pista forestal que conduce hasta el repetidor. Oculto entre la hierba, el cordel estaba conectado a una bomba colocada dentro de una olla, que a su vez estaba metida en una mochila abandonada en la cuneta. Si alguno de los ertzainas hubiese tropezado con él, habría hecho explotar el artefacto y «sin duda les habría alcanzado», según señaló Interior. La bomba, compuesta por diez kilos de amonitol y dos de metralla, fue neutralizada.
Los etarras dieron por supuesto que la primera patrulla que acudiese hasta el repetidor no entraría en sus instalaciones al suponer la existencia de una trampa. Por eso la colocaron fuera. A sesenta metros. Con lo que no contaban es que los agentes establecerían el cordón de seguridad todavía más lejos. Sin embargo, esa sólo era la primera parte del plan. El comando dio por hecho que, tras la primera emboscada, otros agentes acudirían a auxiliar a sus compañeros heridos o muertos. Para ellos, ETA tenía guardada otra macabra sorpresa: escondió una segunda mochila con otra bomba compuesta de ocho kilos de explosivo, posiblemente, también amonitol.
El sistema de detonación era todavía más complejo que el anterior. En realidad, se trataba de un doble mecanismo destinado a no fallar. Por un lado, los terroristas habían colocado junto a la bomba otro sedal que al moverlo hubiese provocado el estallido. Pero, además, le habían incorporado un temporizador programado para explotar a las 3.30 de la madrugada en el caso de que los agentes hubiesen detectado el cable. Pero por causas que se desconocen, falló. El artefacto fue localizado por los ertzainas metido en una mochila a escasa distancia de donde estaba la primera de las bombas. Para evitar riesgos, procedieron a una voladura controlada.
Infraestructura
La extrema cautela con la que se movieron los policías se entiende por los antecedentes. Aparte del atentado de Ondarroa -donde sus autores atrajeron a los agentes al exterior de la comisaría con el lanzamiento de varios 'cócteles molotov'-, el pasado 26 de diciembre EL CORREO desveló que el 'comando Urruti', desarticulado días antes por la Guardia Civil en Guipúzcoa, había planeado ocultar una bomba en una bicicleta y aparcarla frente a la sede de la Ertzaintza en el barrio donostiarra de Ondarreta.
Estos hechos confirman de nuevo que la Policía autónoma se ha convertido en uno de los principales objetivos de ETA. Antes del último alto el fuego, la banda ya realizó una emboscada a una patrulla en el alto alavés de Herrera en 2003, acción que se saldó con la muerte del etarra Arkaitz Otazua. Los dos ertzainas atacados, destinados en la comisaría de Laguardia, sobrevivieron pero quedaron incapacitados para el regreso al trabajo. El vehículo policial presentaba once orificios de bala y el chaleco de uno de los agentes, siete.
El atentado en Hernani hace sospechar a las fuerzas de seguridad que la banda puede contar con cierta infraestructura en Guipúzcoa, donde en menos de un año ha asesinado a Isaías Carrasco e Inaxio Uría, además de atacar los juzgados de Tolosa.
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